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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

No quisimos nucleares y ahora nos quedamos solos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 1 de marzo de 2009, 09:09 h (CET)


La de vueltas que da el Mundo sobre su eje, y la de vueltas que da la tierra alrededor del Sol, siempre siguiendo una órbita que, fatalmente, le obliga a pasar innumerables veces por cada unto de su órbita en cada uno de los 365 días que le lleva cubrir su periplo alrededor del astro Rey. Es por eso que, si nos referimos a la Historia, deberemos admitir que hay muchos sucesos que se repiten en similares circunstancias y otras situaciones que nos recuerdan momentos anteriores que tuvieron lugar en parecidos escenarios o contextos. Y es una pena que algunos se olviden de aquellas cosas que propusieron o, contra las que se manifestaron, en función, no de una argumentación científica, fiable y bien intencionada ni, tan siquiera, basándose en motivos morales o éticos, sino que buscando, como único objetivo, el destruir las propuestas del adversario político sin utilizar, para ello, una contra argumentación válida, documentada y constructiva, en la que se dieran soluciones alternativas posibles y de equivalentes resultados y costes, que pudieran mejorar el proyecto que se pretende refutar. Es por todo esto que hoy les debemos resacar, a aquellos que con tanta frivolidad, con tan demagógicos argumentos y valiéndose, en todo momento, de prejuicios izquierdistas en contra de cualquier tipo de innovación o desarrollo que pudiera implicar progreso o una conquista, de la técnica o de la ciencia, para mejorar las condiciones de vida de la humanidad; el que, aprovechándose de la oportunidad que les brindó el 11-M, que les permitió hacerse con el poder, emplearse a fondo en desmontar todo lo que de bueno había hecho el anterior gobierno del señor Aznar.

Así, de un plumazo, sin alternativa ninguna y guiados, únicamente, por el afán de satisfacer a quienes les habían apoyado en su camino a la Moncloa y, al propio tiempo, por el sentimiento de revancha contra una derecha que les había arrebatado el poder –a causa de la corrupción y las prevaricaciones que se produjeron durante la etapa del señor González –; decidieron hacer tábula rasa de todos los proyectos elaborados durante el gobierno del PP, empezando por el Plan Hidrológico Nacional ( decisión que tanto hemos tenido que lamentar en el Este de España debido a la sequía que padecimos) para iniciar una oposición frontal y sistemática contra cualquier plan de construcción de centrales nucleares, que culminó con la proposición del desmantelamiento de las existentes. Este ha sido, sin duda, uno de los errores garrafales del PSOE, junto con la repentina regularización de inmigrantes y su pretendida negociación, a escondidas de los españoles y del partido de la oposición, con los terroristas de ETA. Esta “conquista” de los ecologistas “progres”, que tanto jugo le supieron sacar al desastre de Chernovill, ha sido la causante de que España, tradicionalmente deficitaria en combustibles y energía eléctrica, dependiente del Argelia en cuanto al gas natural; de los países exportadores del petróleo en dicho carburante y de Francia en cuanto a energía eléctrica; resulte que no dispone de ninguna reserva energética de la que pueda hacer uso en caso de una crisis internacional que le obligara a prescindir de alguna de dichas fuentes de suministro.

Ahora, sin embargo, en Europa se han empezado a dar cuenta de que la dependencia de Rusia, de Irán, de Irak y del resto de países árabes, en cuanto al petróleo y el gas natural, es una espada de Damocles permanentemente pendiente sobre las economías de los países que forman la UE y ya se están planteando rectificar (entre otras, aquellas naciones que, por referéndum, prohibieron las centrales nucleares, como Suecia e Italia) la política energética, cuando se han dado cuenta de que las políticas de energías alternativas salen carísimas, alteran el paisaje y requieren un mantenimiento muy costoso, aparte de resultar poco rentables al comprobarse que, la energía producida por ellas, es mucho más cara que las otras, especialmente, que la atómica que, además de más barata, resulta mucho menos contaminante y más limpia. Así hemos podido ver como los señores Sarkozy y Berlusconi han llegado a un acuerdo de colaboración para el reforzamiento de la energía nuclear en ambos países (de hecho en Francia ya hace tiempo que la usan y la exportan, parte de ella a España).

Lo chocante es que, en España, mientras los otros países se aprestan a no quedar descolgados en la construcción de nucleares, nosotros seguimos empeñados en someternos a los vudús progresistas y su manía endémica de estar en contra de las centrales nucleares; lo que no obsta para que, la empresa Enel, haya adquirido la totalidad de Endesa y, al propio tiempo sea la beneficiaria de las cuatro centrales atómicas que parece se quieren construir en Italia, al ser una empresa semipública. Con ello nos hemos quedado sin la principal empresa eléctrica española, que ha pasado a manos italianas; con lo cual el Gobierno, que tan celoso se mostró cuando E’On se quiso hacer con Endesa y que tan patriota se mostró en aquella ocasión; ahora, por el contrario, ha incurrido en la posición inversa bendiciendo el “pelotazo” de Acciona, que ha vendido sus acciones de Endesa al doble del precio fijado en la Bolsa por ellas. En definitiva que, como en tantas otras ocasiones ha ocurrido, la falta de visión de un Gobierno encerrado en su afán por conservar el poder; marcarse faroles que le beneficien electoralmente y olvidándose de ocuparse de lo que, en realidad, le conviene a España; ha vuelto a hacerle caer en la misma equivocación que le sitúa de nuevo fuera de las políticas energéticas del resto de Europa. Es obvio que el resto de naciones europeas han decidido no hacerle ascos a una cuarta generación de centrales nucleares que les permitan independizarse de las servidumbres energéticas actuales. Y, lo más curioso del caso, es que Francia tiene centrales atómicas cerca de la frontera, con lo cual si, Dios no lo quiera, sufrieran algún avería importante, es muy probable que media España padeciera las consecuencias. Vamos, que, bien mirado, más tontos no podemos ser por el hecho cierto de que le estamos comprando a nuestros vecinos energía atómica a un precio superior a la que nos cuestan nuestras centrales hidroeléctricas y térmicas cuando, si hubiésemos hecho nuestros deberes, hoy no precisaríamos mendigar a nuestros vecinos. ¡Un buen negocio, sin duda,… para los franceses!

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