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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

¿Tiene algo que decir el señor Aznar en un PP desnortado?

¿Cuántas cosas que ayer teníamos por artículos de fe, hoy no son más que fábulas? M.E. de Montaigne
Miguel Massanet
domingo, 13 de marzo de 2016, 11:35 h (CET)
Cuando uno no ve salida a un problema y no encuentra apoyo, ayuda o consejo en quienes ha venido confiando, es evidente que no tiene otro recurso que acudir a aquellos que, aunque no sean exactamente sus más directos colaboradores, ni sus ideas se adapten precisamente a las de la persona que precisa ayuda, sin embargo, goza de prestigio, preparación, experiencia y conocimientos constatados y suficientes para que se pueda confiar en él; el aprovecharse de su sabiduría; intentando sobreponerse al propio ego, para, con humildad, sentido de gobierno y patriotismo, aceptar los consejos que le pudiera proporcionar y sacar los mejores rendimientos de ellos, es una muestra de lealtad a los votantes y de amor por la patria. Mucho nos tememos, a la vista de cómo se encuentra la situación actual de la política de nuestro país, que cada día que pasa se van cerrando más puertas, se angostan los caminos hacia un acuerdo de gobernanza y, por si no bastaran la cuitas que nos afectan a los ciudadanos, observamos como las posibilidades de que, un gobierno de centro o derechas, se van esfumando a medida que, el señor Sánchez y el propio Albert Rivera, se van escorando hacia soluciones de izquierda que, para cualquiera que tenga un mínimo de sentido común, no son precisamente las más adecuadas y convenientes para que pueden llevar a España hacia un futuro halagüeño, de estabilidad y paz. Es evidente que, el señor Rajoy, se encuentra en serias dificultades, no sólo para conseguir negociar sus propuestas de acuerdo con el resto de partidos políticos que han conseguido resultados peores que el PP pero que, sin duda, van sumando apoyos mientras el PP sigue, si no en peor situación que antes de las elecciones del 20D, al menos tenemos la sensación de que, actualmente, goza de escasos apoyos, si es que le queda alguno. Es cierto que el PP fue el partido más votado y también lo es que la costumbre democrática siempre ha avalado que sea el partido vencedor, aunque sea en minoría, quien pueda gobernar la nación. Es evidente, no obstante, que una investidura no garantiza que el gobierno en minoría consiga solventar todas las dificultades de gobernar con una minoría en el Congreso que le impida poner en práctica, sin el apoyo del resto (y menos cuando los restantes partidos son de izquierdas) de partidos representados en ambas cámaras. El PP tiene una única baza y es de disponer de mayoría absoluta en el Senado, lo que le proporciona un arma realmente eficaz para cortar cualquier intento de modificar la actual Constitución española.

El hecho de que, finalmente, el PP haya conseguido distanciarse de su único valedor, Ciudadanos, no es una buena noticia; ya que deja en plena soledad a Rajoy y su equipo de gobierno. El peligro no está en que se llegue a unas nuevas elecciones sin que se haya conseguido acuerdo para formar un gobierno estable; el verdadero quid de la cuestión es que, lo que pudiera surgir de una consulta en el mes de Junio, no fuera todavía más inquietante, enrevesado y laberíntico, de modo que situara al país en una situación difícilmente compatible con la creación de un gobierno, lo suficientemente estable y sólido, para enfrentarse con las debidas garantías a una situación que, al parecer y según las noticias que van apareciendo estos días, pudiera tener que dar la cara una nueva crisis económica europea de parecidas dimensiones a la surgida de las sub-prime americanas.

Se habla de que el señor Mariano Rajoy de un paso atrás para dejar su puesto a otro dirigente de los del los PP. Pero inmediatamente surge la pregunta ¿quién está, dentro del grupo de posibles aspirante, en condiciones de hacerse cargo del puesto con unas mínimas garantías de salir adelante en el intento? Desde el punto de vista del votante de a pie, si tenemos que ser sinceros, no vemos a ninguno que creamos que esté en condiciones de asumir tal desafío, precisamente en unos momentos en los que muchos de los que en el pasado votaron al PP, en la actualidad están desmoralizados, disgustados por el incumplimiento de sus ofertas electorales y heridos en lo más íntimo por la enorme sangría que la corrupción de muchos los políticos de la formación popular ha inflingido a la credibilidad del partido; demostrando que sólo estaban en política para aprovecharse de ello en beneficio propio. Y es que, todo el Ejecutivo del gobierno de Rajoy, ha quedado desacreditado, no sólo por no haber sabido acabar con la corrupción, sino por la forma con la que han afrontado el problema catalán, de modo que, sea por cobardía o por indecisión, han permitido que lo que fue un ascua se haya convertido en un gran incendio, cada vez más difícil de extinguir.

Hay una persona que, en todo momento, ha hablado con claridad. El señor José Mª Aznar, que ya pronosticó todo lo que está sucediendo en España, que consiguió levantar a España cuando los socialistas la dejaron hecha un guiñapo y que la llevó a las cotas más altas, tanto en cuanto a su resurgir económico como en cuanto a situarla al nivel de las naciones más influyentes en Europa y de la política internacional. ¿Qué cometió errores? ¡Pues miren ustedes a su alrededor y díganme lo que ven! El panorama es desolador y con el peligro de que, todo lo que hemos avanzado en el aspecto económico durante la legislatura del señor Rajoy; un nuevo gobierno de izquierdas, incluso con la presencia de Ciudadanos, sea capaz de destruirlo, solamente en unos pocos meses. Basta fijarse en los programas de Podemos o del mismo PSOE, en los que se pone como primeros objetivos el deshacer la reforma laboral que Europa nos pidió; negociar el pago del déficit público sobrepasando los límites que nos han marcado desde Bruselas; subvencionar a los desempleados en lugar de preocuparse en crear puestos de trabajo, algo difícil de conseguir si, como ya vienen anunciando van a tener que subir los impuestos a las empresas. Un programa inspirado en los ya fracasados en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador o como le sucedió a la misma Argentina de la señor Fernández, hasta que ha llegado el señor Macri para intentar poner coto a semejantes barbaridades.

Muchos creemos que el señor Aznar no tiene derecho a privarnos de sus servicios en momentos cruciales para nuestra nación. Es evidente que la situación catalana no hubiera llegado al estado de degradación en la que se encuentra si el señor Aznar hubiera estado al frente de la política española; también estamos convencidos de que hubiera puesto coto a la expansión de este comunismo importado del bolivarismo más rancio, atacando de raíz el problema, por los medios legales y democráticos evidentemente, pero al mismo tiempo evitando que estos individuos se apoderaran de las calles, infringieran las leyes y se constituyeran en carceleros de la ciudadanía; como ha sucedido con los del 15M y los demás que dejaron en ridículo a nuestra policía que todavía tuvo que pedir disculpar por los palos que les dio, (pocos y más que merecidos)

España está en un momento de su historia en el que la amenaza de una involución hacia situaciones semejantes a las que se produjeron con la llegada de la II República y que alcanzaron su cenit a partir de las elecciones de febrero de 1936, con el advenimiento del Frente Popular; es obvio que el peligro de una regresión económica no sólo está en una nueva crisis europea, sino que lo tenemos en nuestro propio país, si es que, como pudiera suceder, se afianzan estos partidos que nos hablan de “castas”, de apoyar a los okupas, de suprimir los desahucios, de limitar las libertades de los ciudadanos, de adoctrinamientos libertarios, de ataques a las religiones, de aumentarnos los impuestos y de crear nuevos para poder hacer frente a sus dislocados proyectos sociales, de todo punto insostenibles, para los que no tenemos recursos suficientes. Políticas que nos conducirían a un aumento del déficit público y el subsiguiente incremente de nuestra deuda pública; una deuda, respecto a la cual ya nos han advertido desde Europa que tiene que disminuir en 25.000 millones de euros, cuando las propuestas de estos inconscientes significarían aumentarla en más de un 50%.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, pensamos que un activo como es el señor Aznar, no debiera quedar relegado a una vida de enseñanza o de ir dando conferencias a través del mundo, porque lo que es evidente es que, donde estaría en mejor condiciones para prestar un servicio inapreciable a la patria, sería al frente del PP. O, al menos, es lo que pensamos muchos que creemos que debiera renunciar a su exilio voluntario, para regresar a la política activa.
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