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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

A la Cuba Castrista se le perdona todo

“El lenguaje de los políticos suele servir para ocultar y no para expresar pensamientos. Pero a algunos políticos no intentaría yo convencerlos de que fueran sinceros: podría darse el caso de que no hubiese nada que ocultar.” Wislawa Szymborska
Miguel Massanet
sábado, 12 de marzo de 2016, 11:24 h (CET)
Cuando una revolución se prolonga durante demasiados años, sin que el país sea capaz de volver a la normalidad, recobrar sus prácticas democráticas y los ciudadanos puedan expresar libremente sus opiniones y elegir la clase de dirección que quieren, mediante la creación de instituciones de gobierno representativas de las mayorías nacionales sin presiones ni amenazas; es que algo no ha funcionado como era debido, que aquellos que impulsaron la revolución para librar al pueblo de un régimen opresivo, posiblemente no hayan sido capaces de entender que, el mantener a la ciudadanía bajo un régimen férreo de control, de limitación de sus actividades, de adoctrinamiento constante, de régimen carcelario, para los que no comulgan con el sistema y de enclaustramiento nacional, convirtiendo al país en una especie de cárcel para sus habitantes, aislado de sus vecinos, manteniendo al pueblo en la ignorancia, ocultándole las noticias que el Gobierno autocrático estima que no deben saber, para evitar que puedan comparar las distintas formas de gobierno y, en especial, la calidad de vida de los habitantes de las naciones donde impera la democracia respecto a aquellas, que como en Cuba, siguen en manos de regímenes totalitarios.

El caso de la república cubana, en manos de la familia Castro, es un ejemplo de cómo unos dictadores han sido capaces de mantenerse en el machito durante más años de los que muchos cubanos, no revolucionarios, quisieran tener recordar. El marxista Fidel Castro comenzó su actividad guerrillera con el asalto a los cuarteles de Moncada en julio de 1953 y, prácticamente, desde entonces ha estado al frente de los destinos de la antigua colonia española, hasta que los achaques de la vejez le hicieron traspasar los poderes a su hermano Raúl, actualmente al frente del gobierno cubano. Ha tenido que ser el “demócrata” señor Obama quien haya roto el aislamiento al que los países democráticos de Occidente habían sometido al régimen dictatorial cubano. El señor Obama ha conseguido que su país, los EE.UU. de América, se haya apeado de su función como defensor de las libertades, haya actuado en muchos conflictos con notable falta de coherencia y haya demostrado una notable falta de aquel espíritu americano de no dejarse achantar por las amenazas extremas, manteniendo a su país al margen de los importante conflictos que han ido surgiendo en el mundo, como siguen siendo el de Siria, Libia, Irak y otros muchos, permitiendo que los rusos hayan alcanzado posiciones de fuerza y les disputen el protagonismo en la lucha contra el EI, como se ha demostrado con sus intervenciones, evidente más efectivas que las de la coalición de países occidentales, con lo que los rusos han logrado afianzar su posición en Siria al acercarse a las posiciones del presidente Basar el Asad.

El señor Obama ha incurrido en demasiados errores durante su presidencia. De sus dos objetivos primordiales que constituyeron sus más importante promesas electorales, el primero, el cierre de la cárcel de Guantánamo, no lo ha podido llevar a cabo y, el segundo, la reforma sanitaria, todavía está en fase de desarrollo pero, evidentemente, descafeinada respecto a aquel ambicioso proyecto que quiso llevar a efecto. Recibió inmerecidamente un premio Nóbel, muy criticado; ha demostrado su falta de preparación en temas internacionales; Un hombre que, en su día, fue capaz de ilusionar a su país, ha fallado cuando abandonó a Irak a su suerte; ha demostrado ser más un idealista que un hombre práctico y se le han advertido resabios de tercermundismo que le han llevado a un distanciamiento con Israel, un error táctico, como tantos otros, que le han llevado a fracasos en política interna. Cuestiones graves como la matanza de Benghazi; el espionaje a grupos conservadores dirigido por la Agencia Tributaria; los pinchazos telefónicos a periodistas dispuestos “a poner en riesgo la seguridad nacional” y el enorme despropósito, el traspié bochornoso de que saliera a la luz el espionaje masivo a mandatarios aliados y a importantes personajes ubicados en naciones especialmente bien relacionadas con los EE.UU., como fueron los casos detectados en Alemania y Francia. Una muestra de la infantilidad de Obama se ofreció cuando en un acto público, el que presumía de adalid en la defensa de las mujeres, de los derechos civiles y de las minorías, refiriéndose a la fiscal de California, Kamala Harris, se expresó con las siguientes palabras: “Ella es brillante y entregada, es una chica dura.

Además resulta que es, de lejos, la fiscal general más atractiva del país”. ¡Para enmarcar! Cuando se criticaba a Bush hijo por sus equivocaciones y falta de conocimientos, se le consideraba un mal presidente; no sabemos lo que se pensará ahora de este reformador de la sociedad americana que, si algo ha conseguido, ha sido bajar el ranking de su país de tal manera que han tenido que sufrir la humillación de que, según la prestigiosa revista Forbes, se designara como el hombre más poderoso del mundo al señor Putín, relegándole a él a un segundo lugar algo que, para cualquier otro mandatario, sería un honroso puesto, pero no para el presidente de la nación que se considera la más poderosa del mundo.

Cuando decidió reanudar las relaciones con Cuba, después de unas largas conversaciones, se supuso que les había exigido a los hermanos Castro que rectificasen en sus políticas represivas, que se implantara la democracia en la nación cubana; se liberara a los presos políticos y se les retornaran las libertades a los ciudadanos cubanos después de los largos años de dictadura, que los mantuvo sujetos a un estado policial en el que la más mínima protesta política motivaba el ser detenido e ingresado en la cárcel. Ahora, cuando parece que poco o nada se ha movido en la isla del Caribe, se anuncia la visita de Barack Obama a Cuba; una visita que se puede entender como el espaldarazo de EE.UU. a la república socialista cubana.

No obstante, vean la contradicción, se ha sabido que la policía cubana detuvo el día 8 a un grupo de Damas de Blanco y miembros de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) en La Habana, por intentar asistir al juicio contra la activista Jaqueline Heredia Morales, acusada de "desacato". No sabemos lo que pensará el señor Obama de que, en Cuba, se siga deteniendo a la gente por expresar sus opiniones políticas y si se sentirá satisfecho de haber cedido, prácticamente sin contraprestaciones, a dar aire a un régimen político totalitario y dictatorial, a cambio de nada. Muchos años de mantener a los comunistas cubanos sometidos a aislamiento para, por mero interés personal y electoralista, se haya tirado todo el trabajo realizado por la borda, sin haber logrado la más mínima apertura a la democracia por parte de los Castro. Las carcajadas de Raúl y Fidel se deben escuchar a kilómetros de la residencia del sanguinario dictador cubano.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, se comprueba como el señor Obama ha conseguido dejar el listón del prestigio de la nación más potente del mundo a la altura de su propia persona, lo que es lo mismo que decir a la de un hábil orador, que se valió del color oscuro de su piel, para prometer erradicar la pobreza en los EE.UU. y elevar el nivel de vida de las minorías americanas.

Está terminando su mandato sin que, aparte de una cierta mejora económica, haya sido capaz de llevar adelante las promesas que les hizo a sus votantes. Desde luego no será recordado como el mejor presidente de la gran nación americana. Luego se extrañan de que el señor Trump tenga éxito entre un pueblo desengañado y avergonzado de la debilidad de sus últimos gobernantes.
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