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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Algo en lo que pensar. La moneda y el patrón oro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 28 de febrero de 2009, 06:32 h (CET)
Que el oro se ha convertido en un metal “refugio” queda evidenciado por el hecho de que las continuas subidas que, en los últimos tiempos, ha ido experimentando su cotización, lo han venido atestiguando. El metal amarillo, el antiguo patrón oro que respaldaba cualquier emisión de moneda en otro metal o en el propio papel moneda, ha dejado atrás a muchas de las monedas a las que respaldaba cuando, como le ha ocurrido a la Reserva Federal de los EE.UU (una de las pocas naciones en que los bancos que la componen pueden emitir moneda), por circunstancias de conveniencia de su política monetaria, han puesto en funcionamiento la maquinita de fabricar billetes, sin preocuparse de que, sus reservas del precioso metal, fueran suficientes para preservar su cambio inicial. Y es que, señores, esto de los billetes que nosotros conocemos como “billetes de banco” no es más que un montaje financiero para que, aquellos a los que se nos retribuyen nuestros servicios con ellos, nos creamos que percibimos algo valioso, algo respaldado por una contraprestación representada por un valor intrínseco, sólido invariable y perdurable en el tiempo, que tenga la cualidad de ser considerado como el elemento tipo en el que se basen, en todo el orbe monetario, las valoraciones de las distintas monedas nacionales que existen. Tradicionalmente, este valor ha estado representado por metales como el oro y la plata, aunque, el más usado hasta hace poco tiempo y el de más prestigio, ha sido el primero, al que se lo designó para representar lo que se denominó como: “patrón oro”; con respecto al cual se han venido fijando las valoraciones de las diversas monedas o divisas en los distintos países que forman el universo económico de la Tierra.

La sustitución del “dinero fiduciario”, aquel que venía representado por certificados expedidos por los bancos centrales de los países o por la FED en los EE.UU; que tenían la particularidad de que, aunque estuvieran materializados en papel moneda, tenían el carácter pagarés o, lo que es lo mismo, de un documento oficial por el que se prometía la entrega de su contravalor en oro o plata, a su presentación ante la entidad emisora. Ello no obstante, este procedimiento ya no existe en la actualidad y, aquella modalidad de dinero impreso en papel, ha sido sustituido por otra, menos fiable, sujeta a los vaivenes de la economía y más propicia a devaluarse o supervalorizarse según sea la voluntad del poder que gobierna. Este tipo de moneda o dinero imaginario ha sido denominado como “fiat” (“echo”, en latín) y no tiene respaldo alguno, porque no promete la entrega de algo concreto a cambio. Es, ni más ni menos, un ejemplo del poder coercitivo del Gobierno de la nación, que fue el que impuso la sustitución del dinero fiduciario por este sucedáneo que, sin embargo, es el que se usa en todas las transacciones comerciales así como de moneda de curso corriente entre los ciudadanos de todo el Mundo.

No obstante, esta crisis en la que estamos inmersos nos está demostrando la fragilidad de este tipo de moneda que, en realidad, no garantiza nada a quien la posee ya que no puede reclamar nada a cambio de ella. En realidad, todas las cuentas bancarias no representan más que unidades imaginarias, dígitos, cifras de algo intangible que, si no fuera por el acuerdo implícito de todos los ciudadanos, no tendrían valor alguno; ya que, lo único que se les puede pedir a los bancos es que nos entreguen su equivalente en papel moneda que, en definitiva, no tiene más valor que el del material del que está fabricado. Así pues, es evidente que el valor que les atribuimos a esta moneda “fiat”, al no venir respaldado por un equivalente en oro o plata, va fluctuando en función de lo que uno puede conseguir obtener por medio de él. Si ahora usted puede comprar una col por dos euros significará que su poder adquisitivo ha disminuido respecto al momento en el que la podría tener por un euro; lo que le indica que usted se ha empobrecido ganando el mismo número de euros que cuando la compró más barata.

Parece ser que, en EE.UU (según un artículo muy interesante publicado en Libertad Digital), ya hay algunos economistas que están reclamando la vuelta al antiguo “patrón oro”, como un medio de evitar la inflación y de garantizar el poder adquisitivo de los ciudadanos. El economista Judy Shelton dice: “el dinero fiat pierde su valor cuando el Ejecutivo crea más de lo que puede absorber la economía real” y añade: “demasiado dinero fiat genera inflación, que aparece primero en diversos sectores, como la vivienda o los activos financieros pero que, en última instancia, sube el nivel general de los precios ( IPC)” Es obvio que la inflación perjudica el ahorro y obliga al pago de más impuestos, debido a que las familia alcanzan mayores tramos impositivos sin que, sin embargo, aumenten sus posibilidades reales de consumo. Es preciso, según el mencionado economista, restablecer la confianza de las familias en la moneda para que sepa que ésta está respaldada por un valor inmutable y seguro que le garantice que, cuando la utiliza, conserva el mismo equivalente de la prestación que pagó por ella.

De hecho, no hace tantos años que se abandonó el patrón oro, porque fue Richard Nixón quien, en 1970, declaró “nula” la posibilidad de convertir el dólar en oro. Esta crisis actual nos ha venido a demostrar que las teorías de Keynes, en las que afirmaba que “el Gobierno es el que mejor sabe hacer las cosas” estaban equivocadas. En España hemos tenido la prueba mas fehaciente de la inexactitud de tales asertos cuando, precisamente, ha sido el gobierno socialista del señor Zapatero quien, primero con su retraso en reconocer la existencia de la crisis y luego con su política de las subvenciones indiscriminadas, el aumento del gasto público, el endeudamiento incontrolado y la falta de una planificación adecuada de apoyo a las Pymes y de reducción de las cargas impositivas; ha conseguido que España se haya convertido en el ejemplo, como dijo el señor Sarkozy, de “una crisis mal gestionada” en la que se ha conseguido que España sea la que está a la cabeza de Europa en materia de desempleo con 3.500.000 parados y con el anuncio de que para el próximo mes de junio llegaremos a sobrepasar los cuatro millones oficialmente, lo que supone que, sin duda, nos encontremos en los cuatro millones quinientos mil desempleados.

No estaría de más que, los que nos gobiernan, en lugar de estar dando palos de ciego, de utilizar su tiempo para buscarles las cosquillas a los de la oposición y en cerciorarse de no perder la poltrona en la que están instalados, se dedicaran a instruirse en lo que precisa España para salir del aprieto en el que nos encontramos; se dejasen de prácticas doctrinarias y de gestos hacia la galería; buscasen el apoyo del resto de la oposición, constituyendo un gobierno de salvación nacional, si fuera preciso, y aplicasen las medidas adecuadas para que los ciudadanos recuperáramos la confianza y aceptáramos los sacrificios necesarios para lograr remontar la recesión. Eso sí, siempre que el ejemplo nos lo dieran aquellos que tiene la obligación de ser los primeros en sacrificarse por España y por su pueblo.

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