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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El gozo del arquero

Antonio García-Palao
Redacción
viernes, 27 de febrero de 2009, 14:44 h (CET)
El placer intrínseco a la reproducción sexual puede ser uno de los hechos que paradójicamente ha causado mayor sufrimiento al género humano a lo largo de su historia, debido al equivocado concepto que de él se ha tenido y al mal uso y abuso que de él se ha efectuado.

Las enfermedades venéreas como la sífilis, la gonorrea o el SIDA, la prostitución femenina y masculina, la pederastia, la violación de mujeres, hombres, niñas y niños, el rapto y la esclavitud sexual, los embarazos no deseados, el aborto, la represión y la violencia de género, el acoso en el ámbito laboral, el estupro, los crímenes cometidos por celos, venganzas e intrigas, el adulterio, el abandono del hogar y otros acontecimientos de no menor importancia como fueron el "derecho de pernada", la persecución a muerte de homosexuales, o el bestialismo son algunos de los hechos que lo certifican.

En el aspecto psicológico citaremos sólo algún ejemplo, como el complejo de inferioridad por defecto físico, la depresión por impotencia o frustración personal, conductas adictivas como la ninfomanía o destructivas como el sadomasoquismo y otros diversos traumas por experiencias negativas del pasado.

La excitación sexual es comparable a la tensión de la cuerda que el arquero ejerce antes de liberar la flecha. Dicha excitación causa, entre otras cosas, aceleración del pulso cardíaco, inquietud y ansiedad de la que uno se descarga naturalmente en el acto liberador, quedando impreso en la memoria el placer de corregir la citada situación de estrés personal y olvidando casi totalmente la inestable situación previa. Sería cruel, por ejemplo, provocar continuamente la excitación sexual en un individuo que no pudiese llevar a término el acto físico, acaso por minusvalía o por impedimento forzado. También es obvio que la satisfacción sexual es directamente proporcional al grado de excitación o tensión previa acumulada pues deriva como hemos dicho de colmar este apetito.

La falta de autocontrol, la inmadurez personal o una conducta imprudente o irresponsable del arquero puede acarrear graves consecuencias si ignora la razón de su acto. Y es que el objetivo gozoso del arquero no es liberar la tensión de la cuerda sino alcanzar el destino de la flecha. Asimismo, el abuso del placer físico conduce muchas veces al disgusto al someter al organismo a una situación de riesgo por adicción, por accidente fortuito, por sobrecarga del sistema nervioso o por unas consecuencias inesperadas.

Por otra parte, la excitación sexual está a menudo relacionada con la violencia y la testosterona como se comprueba en la época de celo de distintas especies del reino animal o en la constatación de hechos históricos conocidos como la prostitución existente por ejemplo en las cercanías de los violentos circos romanos o más recientemente en diversas escenas plasmadas ciertamente por cineastas conocidos relacionando las violentas corridas de toros con la excitación sexual.

Dado que sin la atracción sexual es muy posible que la humanidad hubiese puesto en peligro la continuidad de su propia especie, sería necesaria y hubiera sido providencial una mejor educación acerca de la sexualidad, basada en una profunda reflexión y conocimiento sobre las causas y consecuencias, saludables o perjudiciales, que el deseo sexual puede comportar.

Es oportuno recordar también que la mayor parte de las comunidades religiosas de diferentes culturas y lugares, así como los buscadores de una realización trascendental de la conciencia sostienen que el anhelo de satisfacción del auténtico gozo en el ser humano es de índole superior dada nuestra naturaleza espiritual y es por ello que el placer físico se muestra incapaz de suplir en ningún caso.

Monjes, místicos y ascetas de todas las religiones aseguran además que liberarse de la satisfacción sensorial a través de la sublimación del deseo, el desapego y la renuncia -en que el celibato no sería una prevención impuesta de manera represiva sino una opción de desarrollo espiritual- es absolutamente imprescindible si se quiere lograr, entre otras cosas, la quietud mental necesaria para acceder al gozo de la supraconsciencia, verdadera meta del arquero Zen.

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