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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De chulos y sobrados va el juego

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 27 de febrero de 2009, 05:51 h (CET)
Chuleados, engañados y menospreciados, esto es, señores, por lo que hemos tenido que pasar los ciudadanos de a pie, sometidos a los caciques del ejecutivo del PSOE que, en virtud de la experiencia de sus casi cuatro años y medio en el poder, parece que ya han decidido que pueden tratarnos a los ciudadanos a baqueta, o sea, como a carne de horca y achantarnos con sus desplantes y prepotencia, olvidándose quizá de que, al menos nominalmente, estamos en una democracia parlamentaria en la que se debería admitir que los españoles tenemos algo que decir en cuanto a aquellos que, en virtud de los voto de una mayoría, han conseguido situarse en el Gobierno de la nación. Es evidente que, de la forma en que se comportan los ministros del Gobierno en sus comparecencias en las Cortes, no da la sensación de que tengan conciencia de que, si están ocupando sus escaños en el hemiciclo parlamentario se lo deben a que, el pueblo español, así lo decidió pensando, puede que equivocadamente, que los que salieron elegidos de los comicios para ejercer el mandato que se les otorgaba, tomarían conciencia de que, desde aquel momento, su misión única era actuar en defensa de todos los españoles, para trabajar por la prosperidad, seguridad, igualdad ante la ley, unidad y la solidaridad entre todas las autonomías del reino. Ya son demasiadas las veces que el Parlamento se ha convertido en el escenario de los espectáculos con los que nos han obsequiado los miembros del Ejecutivo del señor Rodríguez Zapatero, incluyéndole a él en el lote; en los quel los señores ministros, (olvidándose de que su obligación es rendir cuentas de su gestión ante los representantes de los ciudadanos), han utilizado, sin miramientos, modales chulescos y actitudes provocativas más propias de proxenetas de barrios marginales que de personas que, por su categoría, debieran de dar muestras de una educación más aseada y de unos modales menos horteras y barriobajeros.

Todos podemos recordar a la inefable doña Magdalena Álvarez, cuyo historial de meteduras de pata dudo que tenga parangón con el de ningún otro ministro de la democracia, y, sin embargo, sus antológicas comparecencias para dar cuenta de sus actos en el Parlamento más se parecían a una mala interpretación de las verduleras de Gigantes y Cabezudos, la divertida zarzuela de Fernández Caballero, que a una serena, ordenada y documentada argumentación, como, sin duda, correspondía a una persona que tenía a su cargo un ministerio de tanta responsabilidad como es el de Fomento. Tampoco el señor presidente del Gobierno ha dejado el pabellón muy alto en sus intervenciones en el Congreso, a lo largo del tiempo que actúa en su cargo. La trayectoria, para uno que ha seguido sus alocuciones, no puede haber sido más accidentada. De “el talante” y el ofrecimiento de “diálogo distendido” y de entendimiento con la “oposición”, pasando por sus ofertas de “pleno empleo” y sus alarde sobre la marcha de la economía; acompañado todo ello con la exhibición de una serie de medidas de cara a la galería, materializadas en un conjunto de leyes, promulgadas precipitadamente, por las que se despilfarraba –para desesperación del ministro de economía, señor Solbes – el dinero público (muchas de ellas todavía están sin cumplir). Más tarde se pasó a la etapa de los engaños a los españoles que culminaron con las negociaciones secretas con ETA, la “amistad” con el señor Otegui, al que se le mimó hasta que se cayó del guindo, momento en el que se le encarceló de nuevo; hasta que se produjo la sainetesca serie de negaciones, al estilo de San Pedro, intentando ocultar la llegada de la crisis y el desmoronamiento de la famosa burbuja inmobiliaria. Llamó “antipatriotas” a los que la anunciaban, insultó al señor Pizarro por “alarmista” y consiguió ganar las elecciones engañando a todos aquellos ilusos que no supieron ver su falsedad y ansias de poder.

Pero, donde la farsa ya está adquiriendo caracteres antológicos ha sido, sin duda, con esta peripecia cinegética que ha tenido por protagonistas a los dos divos de la actualidad: el juez “estrella”, don Baltasar Garzón, y su compañero de fatigas y de caza, el no menos popular ministro de Justicia, señor Fernández Bermejo, que ha alcanzado lo que todavía ningún otro ministro había logrado cuando él solo, sin más ayuda, ha eclipsado los efectos de una trama oportunamente de corrupción urdida para desacreditar al PP, ante las inminentes citas electorales de Galicia y el País Vasco y, al tiempo, ha tenido la habilidad de meterse en un berenjenal de declaraciones, rectificaciones, desmentidos, más desmentidos y mea culpas; todo ello acompañado de “brindis a la galería” y aplausos del rebaño socialista que, en lugar de permanecer callado, agobiado por el sentimiento de vergüenza ajena causado por la bochornosa exhibición de un ministro haciendo el ridículo más completo; han cedido a la tentación de hacer el lila mostrándose tan torpes e inoportunos como el propio ministro. Y todo ello, señor Bermejo, para tener que acabar reconociendo que estuvo cazando en un coto para lo que no tenía la oportuna licencia. ¡Lamentable. señor Bermejo, y lamentable también, su falta de dignidad al no haber presentado su dimisión irrevocable al señor Zapatero! Un triste y denigrante espectáculo en el que, para más INRI, quiso aparecer como un héroe invicto cuando, a la postre, ha quedado reducido a la humillante condición de un vulgar cazador furtivo.

Lo malo de todos estos episodios nacionales ( nada que ver con los de don Benito Pérez Galdós) es que los países de nuestro entorno nos están vigilando divertidos a la vez que estupefactos, dudando entre expulsarnos del a UE para que no debilitemos más el euro o, como ha insinuado la señora Merkel, lanzarnos un cable para que no nos hundamos más. Pero, como ya nos podíamos esperar que ocurriera, el señor Zarkozy no ha perdido la oportunidad de devolverla la fanfarronada o “broma” que el señor ZP se permitió hacerle, en la reunión de Washington, cuando en una rueda de prensa “amenazó” a Francia con superar su renta per cápita en unos pocos años, aunque ello “no le gustase a su amigo Srkozy”. La repuesta la ha dado ahora el premier francés al poner a España como un ejemplo de “mala gestión de la crisis” cuando en sólo tres meses el paro ha aumentado en 500.000 personas. ¡Si señor, donde las dan las toman! Y es que para hacerse el ingenioso lo primero que hace falta es serlo y tener el don de la oportunidad. Esperemos que otra vez se guarde los chistes para sí mismo, será mejor.

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