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Etiquetas:   ¿Es sólo un deporte?   -   Sección:  

Sobre cómo vender la burra

Miguel Cañigral
Miguel Cañigral
@mcanigral
jueves, 26 de febrero de 2009, 13:12 h (CET)
Bienvenidos sean a este nuevo curso empresarial enmarcado en el ámbito de las instituciones deportivas. Durante las próximas líneas, aprenderemos como hacernos con el control de un gran club de fútbol mediante promesas ilusas para más tarde marcharnos de él, dejándolo en peor situación que cuando llegamos sin tener que rendir cuentas ante nadie. Es decir, vender la burra.

En primer lugar, es conveniente que mantengamos algún tipo de relación con el mundo de la construcción. Cuanto más alto sea el cargo dispondremos de mayores contactos y, por tanto, de más ayudas a la hora de construir el nuevo estadio. Pero esto lo veremos más adelante.

No es condición indispensable, pero nos será mucho más fácil acceder a algunos clubes que a otros. Por ello, recomendamos a los cursantes que fijen sus objetivos en ciudades como Valencia. Nuestro objetivo es llegar a un club sin paz institucional. En el que se alternen los poderes y las traiciones sean algo común.

Ante este panorama, nuestra labor es bien sencilla. Debemos presentarnos como auténticos salvadores del club. Si la situación deportiva es mala será más fácil. Pero en este tipo de instituciones deportivas, la paz social es un objetivo que muchos buscan pero pocos encuentran. Siguiendo con el ejemplo de Valencia, allí llegó a presidir el club uno de los mejores vendedores de burras de la historia del fútbol español. Debe ser para nosotros un modelo a seguir.

El constructor aterrizó en el Valencia ganando la batalla a Paco Roig, ex presidente del conjunto ché que pretendía volver a presidirlo ante el temor de la afición. Soler pagó 600 euros por cada acción que le fue vendida, cuando el valor real no superaba los 60 euros, y así superar a su rival. Que no se nos olvide que siempre será más fácil hacernos con el control de una Sociedad Anónima. No importa que nuestra intención sea buena o mala, el dinero compra incluso al aficionado más apasionado.

Con el proyecto de construcción de un nuevo estadio (“el mejor del mundo, para el mejor equipo del mundo”), la creación de una nueva ciudad deportiva y la recalificación de Mestalla bajo el brazo, Soler prometió acabar con la deuda del Valencia y llevar al equipo a lo más alto de Europa.

Se comenzó con Ranieri como entrenador, se pasó a Quique Flores a Koeman y se acabó con Voro. Nuestro objetivo prioritario es el de dejar nuestro sello en el club mediante lo que mejor sabemos hacer: construir. Pero no podemos dejar la parcela deportiva de lado. Para ello, rodearnos de buenos profesionales es sinónimo de éxito. Los fichajes de renombre son importantes y cuánto más dinero se pague por ellos, más ilusionan a la afición.

Pero cuidado, porque si nos equivocamos con los fichajes, el público comenzará a pensar que no sabemos de fútbol y sospecharán de nuestras intenciones. Por ello, la afición siempre tendrá la razón. Si se ha de despedir a un entrenador porque el público lo pide, actuaremos de inmediato.

Desgraciadamente para el Valencia, Bautista Soler, se ha apartado voluntariamente de su órbita. Nuestro vendedor de burras, se marchó agobiado por su situación económica personal y sobre todo por una inaguantable presión de la prensa y el aficionado. Qué exigente es Mestalla. A pesar de que les hizo ganar una Copa del Rey siguen pidiendo más.

Soler no consiguió finalizar su cometido. Lo dejó a medias. Pero si consiguió el objetivo final del vendedor de burras. Un buen vendedor de burras es aquél que se marcha y deja tras de si una afición que se siente engañada e incluso estafada.

Como bien prometió Soler, el estadio será el mejor del mundo si se acaba cuando el Valencia encuentre el dinero que no tiene porque Soler se lo gastó en fichajes innecesarios a precios desmedidos, como el de Banega, Manuel Fernandes, Tavano, Zigic, Joaquín, Del Horno, etc. Cómo tampoco se ha vendido Mestalla por el precio que prometió Soler y que, supuestamente, acabaría con la deuda del Valencia, tampoco hay dinero para pagar las fichas de los jugadores. Y como además, Soler ya pidió varios créditos para hacer frente a pagos cuando él ya sabía que la economía no daba para más, cualquier ingreso pasa directamente a pagar intereses y deudas.

Por si fuese poco, Soler decidió contratar antes de irse a Villalonga. El nuevo gestor del club duró quince días y se marchó con unos cuantos millones de euros en el bolsillo. Igual que Koeman, Carboni, Quique Flores y Ranieri.

Soler ya no preside el Valencia, pero sigue siendo el máximo accionista. Y aunque ha triunfado vendiendo burras, todavía no tiene suficiente y se cree legitimado para exigir a Soriano, actual y sufrido presidente del club, que venda las parcelas de Mestalla antes de una fecha fijada por él. Tiene narices el asunto.

Sabemos quién fue un buen vendedor de burras porque cuando se marcha todos se acuerdan de él y de sus parientes más cercanos. Pocos no se sienten ultrajados cuando recuerdan como apoyaron la llegada del vendedor y luego pidieron a Dios que le echase a patadas.

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