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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

En la Europa de los tuertos el presidente Zapatero es el ciego

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 26 de febrero de 2009, 13:10 h (CET)
Hay algo que, a nuestro Presidente, le flipa, vaya, que le pone, y este algo es, sin duda, poder ir de comparsa a las reuniones de jefes de gobierno sea donde sea y en las condiciones que fueren. Lo que sucede es que él tiene todas sus esperanzas puestas en que sean el resto de países europeos que nos saquen las castañas del fuego, que se pongan de acuerdo para echarnos un cable y que se traguen esto de que “España va bien”. Por eso está como unas castañuelas de que le hayan invitado a acudir a la reunión de Berlín, esta reunión previa a la que se ha de celebrar en Londres que es, a su vez, aquella en la que teóricamente todos los países asistentes deben llegar con los deberes hechos y llevando en sus carteras respectivas las soluciones milagrosas que han de darle el puyazo a la recesión económica; ésta que parece que no se ha dejado influir demasiado por esa “amenaza” de que todos estos “sabios” consigan ponerle fin.

Y es que, señores, lo importante para toda esta ralea de políticos de la actual generación, a los que les ha tocado pechar con esta crisis y que, podríamos añadir, por su falta de reflejos, por su pánico cerval a lo que se les venía encima y por su incapacidad para enfrentarse a ello; en lugar de tomar las medidas adecuadas, dejar que cayeran aquellas empresas causantes del desaguisado y pretender encontrar la solución a todo este estado de cosas a copia de ir echando miles de millones de euros para intentar tapar los agujeros de la banca, las cajas y las grandes empresas; pero que se olvidaron de que, los primeros en provocar una crisis, son los propios ciudadanos que, asustados por aquello que no logran comprender, imbuidos del pánico a la pobreza y el hambre y temerosos de quedarse sin empleos, son los que frenan sus gastos, guardan sus ahorros y ponen un candado a todo lo superfluo, esperando que, con ello, se van a parapetar ante lo desconocido que los amenaza. A menos gasto, menos demanda, más recesión.

Si en lugar de ayudar con los dineros de los contribuyentes a los causantes primeros de la crisis de la “burbuja inmobiliaria” y si, en vez de apalancar a las grandes entidades financieras, se hubieran dedicado a tranquilizar y a ayudar económicamente a los pequeños comerciantes, a los modestos ahorradores y a aquellos que se vieron agobiados por los aumentos de sus cuotas hipotecarias; es muy probable que, esta recesión, se hubiera podido frenar, al menos en parte. Esta aversión de los gobiernos a renunciar al cobro de parte de los impuestos, esta obsesión por mantener a los contribuyentes bajo el yugo de la presión fiscal y esta inveterada manía de querer sustituir a la iniciativa privada, constituyéndose en sus mentores y consejeros, cuando está demostrado, a través de la Historia, que todo Estado de tipo intervencionista lo único que ha logrado ha sido aumentar los costes públicos, convertirse en un gigante de la burocracia y esquilmar el poco bienestar que les pudiera quedar a los ciudadanos. Sin embargo, parece que en Europa no se han percatado de que la primera fase de esta operación, encaminada a “salvar” a las naciones de la CE de las tarascadas de la crisis, a base de propinar hachazos a las arcas públicas – procedimiento iniciado por el señor Gordon Brown, en Inglaterra, cuando se consideraba el “salvador del mundo” por su iniciativa de inyectar miles de millones para alimentar a las entidades financieras y lo único que logró con ello fue que éstas, en lugar de utilizarlos para abrir la mano de los créditos, los emplearon en camuflar sus balances y reponerse de las heridas que les causaron las famosas sub primes – , ha sido un fracaso total que no han conseguido disimular con esta cadena de reuniones ¡Dios sabe los ciento de miles de euros o millones que nos costarán a los ciudadanos! en las que sólo se consigue alargar las decisiones en espera de que, a alguien, se le encienda la bombilla y exponga una idea capaz de poner fin a tanto dislate.

Habría que preguntarle al señor Zapatero, ¿cuál es su idea al proponer “un nuevo orden económico”?, ¿qué querrá decir con ello? y, sobre todo, si es que lo tiene tan claro, ¿por qué, señor Zapatero, no ha empezado por aplicarlo en España; la nación que peores datos de desempleo tiene de toda Europa, la más endeudada y la que más déficit público presenta?. Si, de verdad, sabe cómo arreglar la economía, no vaya usted a predicar al monte Sinaí de la G 20, empiece por dar ejemplo y salve a España. Lo que me temo es que el señor ZP, como es su costumbre, va a por la foto y para sacar rendimientos de su presencia para poder decir luego: “hemos hecho esto y lo otro y lo de más allá…”, o sea, que los otros le den ideas, le ayuden a salir del atolladero en el que está metido y nos ha metido a los españoles y, después, atribuirse él el mérito de todo. ¡Qué ya sabemos de qué pie cojea, señor Presidente! Ahora se salen con que los productos financieros de riesgo deben ser especialmente controlados ¡a buenas horas despiertan! O que quieren controlar a las agencias de calificación de riesgos ( rating), seguramente para que no puedan darles sustos a las naciones que no cumplen con sus deberes y por ello no pueden vender su deuda pública, como ocurre con España.

Pero vean cuales son los consejos de nuestro “extraordinario perito en economía”. Para ZP hace falta “una reacción nunca conocida” que implique un “gran respaldo público, un fuerte gasto público”. Si no fuera porque esta política está fracasando ya en España, le podríamos pregunta a nuestro Presidente, ¿con qué dinero piensa usted atender a este fuerte gasto público? ¿Subiendo los impuestos? O ¿echando mano al Fondo de Garantía de las Pensiones? O, ¿esperando que el resto de países de la UE hagan una cuestación para ayudarle en sus propósitos? Mire usted, señor Zapatero, me temo que no está al tanto de algunos rumores que están ya difundiéndose por los corrillos europeos en los que se nos achaca ser los causante de muchos de los disgustos que están afectando a Europa y, parece ser, que ya hay algunos que estarían por la labor de sacarnos de la UE, junto a otros países que no son la octava potencia industrial del mundo, como tanto se jacta Zapatero, pero que puede que nos acompañaran en lo de recibir la patada en salva sea la parte. No sé si serán ciertas estas habladurías pero yo que Zapatero, me empezaría a preocupar en reforzarme los fondillos de los pantalones, por si acaso.

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