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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Las dimisiones hacen que un país sea más habitable

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 25 de febrero de 2009, 04:00 h (CET)
Me encantan las dimisiones, me encanta que haya dimitido el ministro Bermejo. Es más, creo que habría que inventar un nuevo verbo que portara los contenidos semánticos de dimitir y cesar a la vez, la situación política española lo demanda desde hace años. Necesito que haya más ceses, dimisiones, que la gente "dimicese" a mansalva.

La verdad es que el pobre Bermejo se lo había ganado a pulso, nada más subir
al pedestal de su nombramiento empezó a acumular méritos para ser cesado.
Fue innecesariamente combativo, ingenuamente provocativo y fatuamente
altivo. ¡Que le cesen! La verdad es que enseguida empezó buscándose la
enemistad frontal de todo el que fuera del PP. Y terminó encontrándose la
enemistad frontal de todo el que fuera del PSOE. Es lo malo que tienen esas
cosas, que son los tuyos los que te dicen que adiós, muy buenas y que te
vaya bien. Reconozcamos que Bermejo se trabajó a fondo su dimicese desde el
primer momento, quería ser más zapaterista que Zapatero y eso no se le
permite a nadie, el líder es siempre el líder y no admite que nadie le haga
sombra.
Pero sin duda son necesarias más dimisiones, hacen falta muchas dimisiones
para que este nuestro país empiece a ser medianamente habitable; todavía no
sabemos de quién serán, pero ya empiezan a aparecer los primeros nombres, ya
hay dedos índices que empiezan a señalar a rostros conocidos.

La sospecha de corrupción amenaza al PP, ya hay un nombre que va unido a la
desconfianza y cámaras y micrófonos empiezan a fijarse en él. Hay numerosos
indicios, de momento sólo indicios, que arrojan sombras de recelo sobre esos
personajillos oscuros y taimados que se esconden siempre en la periferia de
los partidos, trepas barriobajeros que como sanguijuelas viven a costa de
las millonarias migas que dejan caer las organizaciones políticas. Y haría
muy bien el PP en arreglárselas para demostrarnos que no hay nadie del
partido amparándolos y protegiéndolos, que no hay nadie del partido
implicado en tejemanejes sucios, poco honestos e incluso delictivos.

Sin embargo todo en el PP parece moverse en sentido contrario. En vez de
encabezar las investigaciones internas para que la pulcritud triunfe, tanto
Rajoy como Esperanza Aguirre están demostrando muy poco arranque limpiador y
justiciero, todo apunta a trabajos alambicados y torticeras comisiones
parlamentarias que emborronarán más aún las turbios ambientes donde tan a
gusto se mueven estas alimañas.
Y como en el caso de Bermejo todo empezó con un ataque desaforado... de
amigos y compañeros del propio partido, pues del seno del PP madrileño
parecieron partir las primeras filtraciones de espionaje, que es,
recordemos, por donde empezó todo esto. La vida pública nacional nos muestra
su aspecto más impúdico, ofreciendo a los ciudadanos un aspecto de república
bananera, un continuado ejemplo de insultos y faltas de respeto mutuas que
se ven mil veces reproducidas en radios, televisiones y periódicos.

No puedo saberlo, pero supongo que todo ello se trasmite a la vida privada
de los ciudadanos, quizá los sociólogos adviertan qué repercusión tiene esta
estúpida tensión, esos malos modos, esos burlas irreproducibles que unos
vierten sobre otros y que todos vemos cada vez que empieza un programa
informativo. Convencido como estoy de la elevadísima influencia de la
televisión en la vida cotidiana de los ciudadanos mucho me temo que esa
situación se reproduzca luego, ciertamente en otra escala, en la calle, en
los bares y en los centros de trabajo.
En España hacen falta muchos dimiceses, hacen un país más habitable. El
pésimo ministro que ha sido Bermejo se ha marchado con viento fresco, pero
no debe ser el único, hay otros políticos que deben irse sin dar lugar a que
una comisión parlamentaria teóricamente creada para investigar y aclarar lo
sucedido acabe por emborronarlo todo para ampararlos.

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