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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Sin aflojar manija, hasta que no queden más chorros

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 25 de febrero de 2009, 04:00 h (CET)
Así dicen en Argentina, y así jalo yo la actitud de algún juez que se ha echado al monte de la persecución de los corruptos. Que no afloje, no, y que, para escarnio de los protestantes (que no luteranos) que dudan de su honorabilidad, que siga y siga hasta que no quede ningún chorro (mangante, chorizo, ladrón, etcétera) en ningún partido —¡ninguno!— de la totalidad de la clase política. Que no afloje, no, y que espulgue bien fondo la escuálida España de esta incontable legión de parásitos que ha estado durante tres decenios bebiéndose la sangre del pueblo. Esto sí que sería tener una buena memoria histórica, y, ya que no podemos lavar los desmanes de los romanos o los cartagineses, demos cumplida mención de los que sí tenemos bien a mano. Pocas localidades se salvarán de no contar entre sus mandamases con algún que otro garbanzo negro, pero el cocido que obtendremos al final, sin duda será exquisito. La ocasión, desde luego, la pintan calva.

Durante tres decenios se rompió impunemente el equilibrio de España: se malvendieron las joyas de la abuela, se la convirtió en un país de servicios, se especuló con sus haberes, se hizo burla y mofa de su cultura, se traficó con información privilegiada y, al ras de la calle, se ha sabido siempre con más que fatuas sospechas que quién ostentaba el poder tenía la llave de contratos, licitaciones y fortunas particulares inflables a la sombra y tiniebla de sus influencias. Lo de las cacerías, fuera dando palitos en las verdes praderas de los campos de golf o matando bichos del Señor en los cotos privados de algunos de los siempre, nunca dejaron de funcionar a pleno rendimiento como el verdadero pulmón de España, aunque casi siempre su hálito tuviera tufo de cáncer y un pitido oculto de tuberculoso. La inmoralidad que nos sobrecogió durante decenios hasta convertirse en algo tan ordinario, debe terminar en buena hora con una fanfarria de sentencias ejemplares que adviertan de presente y de futuro a los muy vivos que no se juega con España: esto, repito, sí que sería tener una excelente memoria histórica. ¡Ánimo, jueces y fiscales: sin aflojar manija hasta que no queden más chorros! Bienvenida sea la tan necesaria catarsis, aunque tengamos que reconstruirnos desde la base. Purguemos de una vez nuestros pecados.

Saturno es así, y, después del imperio de Júpiter —30 años—, le llega el tiempo de dominio. Cronos es riguroso, exigente, ejemplarizador. No se contenta con las medias tintas: lo quiere todo, el saldo, el balance, el equilibrio. Enseña a palos, y si los palos no se dan, adiestra con más palos todavía. Mejor contentarle, háganme caso, y aprender la lección entregándole a sus víctimas. No es astrología, sino ley cósmica, pura lógica: el equilibrio es la base fundamental del universo, es la razón primera del sistema binario en que estamos sumergidos, y, tras el despelote generalizado de los frikys y los chorros, viene el ajuste de cuentas para el próximo paso, la etapa en la que vamos a entrar. El sistema actual expira, y sólo entrarán en el próximo quienes tengan sus ropas bien limpias. Si entregamos a las víctimas propiciatorias y lavamos nuestros pecados, seremos criaturas de una dimensión más elevada; si escondemos a nuestros monstruos, sólo seremos tarados que no merecerán entrar en la nueva era.

Sin aflojar manija, sí, hasta que quede bien escobados todos los rincones de la casa: fuera mugre, fuera vicios, fuera debilidades. De lo malo, ni el olor. Que se abran las ventanas y se oree la atmósfera viciada por la corrupción de los pérfidos, por los políticos que despeñaron España por la sima del oportunismo y el negociete oscuro, por los traficantes de favores y por los chorizos que, a poco que hubieran aguantado, habrían convertido a Manguncia en la capital de España.

Pero si este juez o estos jueces lograran cosa semejante sin respetar ningún color ni ningún partido —cosa que ya dudo, y mucho—, que sigan con ellos mismos, y que sin aflojar manija enchiqueren también a quienes han consentido el despelote que ha convertido la Justicia en esta cosa de risa triste y sombría, donde más paga un delincuente animado por la necesidad que un traficante o un asesino confeso. Que sigan con ellos mismos, quienes han burlado la ley que les prohíbe militar con la doblez del asociacionismo sometido a los rigores de las izquierdas o las derechas, cuando precisamente esto era el espíritu de esa prohibición que procuraba establecer el principio de la independencia de la Justicia. Que sin aflojar manija sigan, hasta que tampoco ahí queden más chorros, y que entre ellos no quede impune ni un corporativista, ni uno que mire por debajo de la venda que les debiera cegar los ojos y ni uno de los que indultan o condenan por cupos o por conveniencias del poder político. Ánimo: sin aflojar hasta que no quede ni un chorro. Tal vez, así, creeríamos de nuevo en esta ley que parece hecha por algunos para algunos.

Y si aún quedaran fuerzas, que sin aflojar manija continúen y limpien también las mugrientas salas de la cultura. Que a todas esas reliquias de los poderes, a sus autores, a sus criaturas espectrales de doctrinal pensamiento y ósculo oscuro, las envíen a la nada de la que surgieron, decretando la extirpación de treinta años de cultura de todos los libros de texto. ¿Para qué tener memoria para la ignominia?... Mejor tener memoria para que un día, cuando Cronos-Saturno irruyó intempestivo como siempre en nuestro cielo, tuvimos arrestos como para comprender que había llegado la hora de ajustar cuentas, y, sin aflojar manija, tuvimos el coraje de hacerlo hasta que no quedaron más chorros, ni golfos, ni sinvergüenzas, ni frikys, ni divos, ni mangantes que habitaban las mansiones de la cima de la colina, mientras los honrados y los justos sobrevivían a duras penas en los infectos muladares de la injusticia y el sometimiento.

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