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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El libre debate de las religiones

Mario López
Mario López
martes, 24 de febrero de 2009, 09:56 h (CET)
Puede ser que sea verdad que la propaganda de los ateos en los autobuses, planteando la posibilidad de que dios no exista, sea pueril o desaconsejable Pero que los ateos podamos plantear abiertamente nuestro punto de vista sobre la transcendencia de la vida y cuestionar la fe de los católicos en foros públicos, como los católicos han venido censurándonos durante siglos –sin llegar al nivel de violencia que ellos han practicado contra nosotros-, parece algo más que justificado y necesario.

Los católicos mantienen que sólo se puede ser justo y honrado si se vive en el temor de dios. Por lo que no sólo dicen que los ateos somos inmorales sino que no admiten la menor posibilidad de que podamos ser honrados. Esto es una acusación gravísima que, si aplicáramos la ley con rigor, podíamos imputar a todos los católicos por delitos de injurias y calumnias. En lo del temor de dios podrían tener razón si no fuera porque existe el sacramento de la confesión. Precisamente a los católicos el temor de dios les vale para amedrentar a los otros y la confesión, para pervertirse ellos mismos las veces que les venga en gana. Pueden confesarse tantas veces como les resulte necesario y, si no quieren tomarse esa molestia, aún les cabe esperar a la extremaunción para morir en la gracia de dios. Somos los que creemos que más allá de nosotros mismos no existe ningún ser supremo a quien tengamos que rendir cuentas, los que estamos obligados a rendírnoslas a nosotros mismos, cada día que pasa. Y aquí sí que no hay trampa ni cartón. Si quieres vivir en paz contigo mismo no te queda otra alternativa que vivir honradamente y tratar a los demás con ecuanimidad. Como decía el proverbio chino: “si no quieres que te descubran, no lo hagas”. No nos entretenemos en especular sobre una posible vida más allá de la muerte y nos conformamos con llegar a la vejez, para disfrutarla con salud y buenos recuerdos; con el respeto de los otros y el cariño de nuestros seres queridos. El temor de dios de los católicos da muchas más fuerzas para cometer fechorías que las que pueda llegar a reunir nunca un ateo que no cuenta con ningún sistema de absolución de sus pecados.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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