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La tecnología debe avanzar, pero hasta un cierto límite

Daniel Lázaro
Daniel Lázaro
@tanke_13
martes, 24 de febrero de 2009, 09:58 h (CET)
La semana que hoy acaba nos ha traído una sorprendente, a la vez que esperada, noticia en relación con el mundo de la natación: la Federación Internacional de Natación (FINA) ha manifestado su intención de modificar la normativa relativa a los trajes de baño que los competidores podrán vestir en próximos eventos.

El motivo no es otro que la exagerada cifra de récords mundiales que se batieron en 2008 (hasta 105), casi todos ellos logrados con bañadores Speedo LZR Racer. Lo curioso del caso es que, tras los mundiales de piscina corta de Manchester (en los que se batieron 18 récords mundiales), la propia FINA se reafirmó en que dichos bañadores no tenían relación alguna con la notable mejora de los nadadores.

Aquello fue mediado el pasado mes de abril. Han pasado diez meses y desde entonces han llovido tantas marcas inmejorables que la FINA ha tenido que recular. Las especificaciones del citado 'bañador' dicen que repele el agua, que es extremadamente ligero, que no se forma ni una arruga, que está unido electrónicamente para no disponer de molestas costuras y que te va empujando hasta el final de la piscina. Esto último no lo pone, pero se puede sacar entre líneas. Actualmente ronda los 360 euros, aunque en su lanzamiento se acercó a los 500. Una 'ganga' sin la que los novatos no podrán dejar de serlo.

Entre las novedades que se quieren modificar se encuentran el diseño (no podrá cubrir cuello, hombros y tobillos –el LZR lo cumple-), el material (supongo que deberá pesar algo más que un folio), la flotabilidad (menor de 1 Newton -habrá que volver a enseñar a nadar a nuestros hijos-) y la confección (quizá se le de trabajo a más modistos y modistas con esto de la crisis). Nimiedades. También prohibieron el EPO en el ciclismo.

Sin embargo, algo sí que me parece un avance, y es el hecho de prohibir esos sistemas externos capaces de estimular los músculos de los nadadores e incluso el alivio sintomático de algunas lesiones musculares. Es como si un futbolista pudiera dirigir el balón gracias a una 'megabota' o como si una muñequera mágica sirviese al baloncestista para meter puntos desde cualquier posición.

Y para acabar, me pregunto: ¿el deporte no era un juego? ¿Lo importante no era participar? ¿Dónde está el orgullo de ganar por uno mismo? Preguntas con muchas respuestas posibles.

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