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Etiquetas:   La tronera   Política   -   Sección:   Opinión

Trampas en la negociación educativa

Ya saben ustedes que se empieza por un cambalache y se acaba en el terreno de la corrupción
Jesús  Salamanca
miércoles, 9 de marzo de 2016, 08:33 h (CET)
La administración educativa en Castilla y León sigue pasándose por el arco del triunfo la opinión del profesorado y de los sindicatos docentes. ¡Como para votar a Mariano Rajoy y a su gente con estos mimbres y con estos atropellos! Año tras año han pasado del profesorado y de la ciudadanía y ahora está pagando esa mala política y sus malas artes. ¡Ni un voto más para Rajoy ni para el PP!

Hoy voy a contarles a ustedes cómo se mofan del profesorado desde las Direcciones Provinciales de Educación en el momento que llega el proceso de negociación de plantillas. En algunos centros –como sucede en el ámbito de la educación de personas adultas han destrozado las plantillas por completo, y eso solo es achacable a la deficiente planificación y cómputo por parte de la Inspección Educativa de turno—ha hecho el PP más daño que un nublado en el mes de julio. ¡Y encima se ríen del resultado! Como decía ayer un alto cargo del Partido Popular: “¡Malditos sinvergüenzas. Están haciendo pagar a justos por pecadores!”.

De los muchos procesos educativos a lo largo del curso, la negociación de plantillas es clave de cara al curso siguiente. La administración suele poner muchas trabas y múltiples datos falseados, con el fin de que los sindicatos docentes encuentren el camino lleno de dificultades varias. Esta reflexión se hace hoy y podría haberse hecho hace años; sucedía con el PSOE y sucede con el Partido Popular: las dos derechas confundidas.

La administración educativa suele fijar unos criterios cuadriculados y sin acuerdo con nadie. De esos criterios se parte para contabilizar las horas que debe tener cualquier centro para crear o suprimir o amortizar alguna plaza. Las trampas a las que aludíamos suelen dificultar considerablemente la creación de plazas, pero sí facilitan las supresiones. Se siguen utilizando criterios economicistas puros y duros; lo menos importante en Castilla y León es la educación. ¡Así nos cubre el pelo! A veces las condiciones de trabajo son tan nefastas que “hasta gente como Pablo Iglesias acaba dando clase en la universidad”, como decía el pasado jueves un director general de la Junta de Castilla y León.

Da lo mismo que se negocie en una fase que en otra. Se envían datos incompletos del cupo y se retuercen las intenciones iniciales. Esto pasa porque la propia administración educativa no ha sido capaz de llegar a un “Acuerdo Marco de Plantillas” para proporcionar la estabilidad necesaria a los centros educativos y al propio profesorado.

No es de recibo que las plantillas con las que va a contar cada centro el curso siguiente se conozcan en Castilla y León –pasa lo mismo en varias CC.AA.— en el mes de julio. Pero lo más grave es que se comunican con carácter impositivo a los equipos directivos. Hasta tal punto es así que, en ocasiones, mandan a los centros profesorado cuya especialidad ya está cubierta en ellos y no escuchan a los equipos directivos; por cierto, los equipos directivos han sido denostados por el Partido Popular hasta la extenuación. Y que no hable un poco alto ningún disidente porque entonces empiezan las amenazas, apercibimientos, expedientes…

Por si no era suficiente, hay veces que desde la administración educativa mandan a los centros cambiar la contabilidad a su conveniencia, después de haberla justificado y presentado en tiempo y forma, así como habiendo dado informe positivo el Consejo Escolar. Partidas que ingresa la Junta en 2016, te obligan a contabilizarlo en el ejercicio económico 2015, por ejemplo. Y a todo esto, la Consejería de hacienda mirando al tendido y la inspección de Hacienda brindando al sol. Eso me suena a cambalache. Y ya saben ustedes que se empieza por un cambalache y se acaba en el terreno de la corrupción. Ahí tienen a Bárcenas, Griñán, Chaves y un largo etcétera.

El profesorado se pasa su vida laboral hablando de democracia, de buenas maneras, de diálogo y de convivencia, pero cuando le afecta a él resulta que se encuentra con falta de transparencia, nulo diálogo real, imposición de criterios y desprecio, porque la administración educativa todo lo basa en criterios economicistas y en lo que entiende por rentabilidad.
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