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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Vuelo trascendente

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 23 de febrero de 2009, 09:52 h (CET)
¿Volaremos? ¿Nos dejaremos engatusar por las promesas electoreras? ¿En qué lugar queda la ciudadanía? ¿Hay aún vergüenza torera?

Como las variaciones de una obra musical según las diversas interpretaciones, aunque sin sus maravillas, los acontecimientos de cada día nos acogotan: por que son innumerables las REFRIEGAS y ESTULTICIAS, bastará un somero repaso de las hemerotecas para reafirmar estas impresiones. ¡Qué digo!, la mirada de cada uno será suficiente, ¡Son tan cercanos los ejemplos! Por eso, no es de extrañarse cuando a uno le entra esa cansera demoledora, cuando a uno se le hunden los alrededores. De ahí, primero la necesidad imperiosa, seguida de un sentido superador; añadidos a la propuesta de hoy, unos vuelos cargados de rumbos ilusionantes. ¿Vamos a conformarnos con estos mundos de constantes sarpullidos malignos? Visto lo que reluce, pudiera parecer un único camino de idas y revueltas, pero empeñadas en el denominador común de los malos augurios. Rebuscando en los entresijos más íntimos de nuestras esencias, hemos de recobrar el mejor espíritu inconformista. Con esa frescura, frente a los destinos fieros, una especie de locura, aver si así …

Sí, las desventuras proliferan, la responsabilidad nos quema, hasta el punto de eludirla con tantos artilugios como tengamos a mano. Abundan las expresiones de este estilo esquivo. Se escucha menos a la buena gente, por su silenciosa presencia, ¿Cómplices?; alegaciones escudadas en la ignorancia; desviaciones encubridoras, etc. Sin embargo, no consiguen liberarnos de los hechos, estos se repiten con una contumacia digna de un mal fario y no podemos sentirnos liberados; planea una cierta responsabilidad, que tratábamos de ahuyentar. No lo logramos, da igual que cerremos los ojos o miremos hacia otro lado. No cuela del todo eso de que los responsables sean siempre los demás o el gobierno. Resulta paradójica la pretensión de comportamientos cabales, mientras escapamos como anguilas resbaladizas. ¿Será cierto que no participamos en los entuertos? ¿Qué pasa cuando idolatramos a las mayorías? Hacemos también el caldo gordo a los monopolios informativos, como otra cantidad ingente de actitudes sospechosas. Somos FUGITIVOS de los acontecimientos indeseables, de ellos pretendemos alejarnos; aunque nos falta la suficiente dignidad y decisión, debido a eso, escapamos sólo a medias.

Esa escapada, esa fuga, resulta deslucida por su ambigüedad, por su tibieza. No será por falta de mentes preclaras que manifestaron las lineas más adecuadas para el logro de metas encomiables. Estos DECIDORES, comunicaban y ponían el dedo en las heridas sociales, acuciaban para la provocación de una respuesta conveniente. Sin embargo, vista la escasa repercusión, parece que sembraron en terruños áridos. Unamuno, Marañón, Ortega, o los más recientes, como Julián Marías, se empeñaron en la proclamación de las buenas verdades. Por eso, resultaron también incómodos. Cada vez se escuchan menos voces con esos estilos, domina el estruendo y el vocerío estéril. Quizá eran formas de pensar, siendo esta una actitud que no se lleva como antes; quizá los pensamientos sigan por libre, sin la ligazón necesaria. Precisamos de gente que tuviera aquella capaciad orientadora.

Tendemos en demasía, a ser excluyentes y rotundos, cuando establecemos contactos con los demás; aún se nota más ese exceso, si las ideas confrontadas son de poca enjundia. ¿A qué viene tal rotundidad? Nos aboca al enfrentamiento fácil y a la intolerancia. Si de verdad queremos despegar en este vuelo de la propuesta de hoy, convendrá que recuperemos las PENÚLTIMAS; nunca las últimas, para despedirse, siempre era la penúltima partida, el vinito con los amigos o la historieta que contarse. Se cerraba el contacto con dos sensaciones subyecentes, las ganas de proseguir la relación y la gran cantidad de posibilidades, aún pendientes de tratar. Nos hacen falta estas actitudes y menos actitudes drásticas, con una mayor disposición para el intercambio de pareceres.

Como las tormentas son inevitables, en el fragor de ellas, resulta complicada la respuesta apropiada; entre miedos y trifulcas, con apuros y confusiones, las dificultades ocupan el escenario en su totalidad. La ira del momento, las ofensas o agresiones, ofuscan el pensamiento, sometido este a sentimientos diversos. Otra cosa sucederá si la tormenta ESCAMPA, se aminoran los agobios; se impone ese inigualable ambiente posterior, con su aroma y sus matices. En ese ámbito relajado es más propicia la reorganización; cada mata de hierba y cada persona se renueva con la exposición de sus características limpias. Es un buen momento para replanteamientos.

Si lo queremos, hasta podemos acercarnos a ese mensaje del TERRUÑO, de donde procedemos o en el cual habitamos. ¿Cuál es el mensaje? No nos precipitemos en la interpretación del mismo. A diario observamos comportamientos desastrosos, derivados de intérpretes malévolos; no debemos confundirnos. “Más allá de los conocimientos hay un lenguaje”, que puede dirigirnos la mente hacia la pregunta, “¿No será el horizonte la patria de todos los hombres?”; Chillida es el autor de esas frases y era un enamorado de la amteria, las rocas y su tierra. No endilguemos al terruño las mezquindades de las que fueramos capaces; seamos más honrados que todo eso. No nos agarremos a las miserias crueles, sobre todo si pretendemos volar con una cierta dignidad.

Inevitablemente, somos unos auténticos solitarios, no valen historias ni falsedades, a la hora de que uno decida a que altura quiere volar; es una postura personal. Si eso no nos importa, es otra cuestión lamentable. Tampoco es bueno que nos dejemos convencer por una MEMEZ de tremenda actualidad. Me refiero a esa de los jardines perfectos, aunque no tengan nada de natural. ¿Cómo va a ser perfecto un jardín sólo artificial? Algo similar ocurre en otros campos. Salud perfecta, todo solucionado con unos protocolos. Profesionales dueños de sus ocupaciones. De la memez atontada, pasaremos con una facilidad pasmosa a los dramas más insospechados y crueles. Las imperfecciones exigen otros cuidados y sensibilidades. No se solucionan con el jardín perfecto y falso, son necesarios otros criterios de aproximación y valoraciones humildes.

A ras de las confabulaciones vamos muy mal. Alejados por estratosferas extrañas, se vislumbran batacazos de época. Entre las conductas extremosas, uno se pregunta, ¿No será posible un rumbo más equilibrado? Necesitamos una perspectiva, una observación con apertura de miras; para ello es preciso lavarnos bien los ojos, la claridad de la mirada resultará crucial. Desde los RISCOS de las montañas que nos quedan, sin la polución encubridora, atisbaremos el dibujo de los mejores senderos y, a la vez, las posibilidades de vuelos con la suficiente proximidad, para no desbarrar en el empeño.

Trascendencia tensa para cada uno. Nos va en el envite lo mejor o lo pésimo. Desde una elección fascinante dependen las maravillas de cada vida o la ponzoña facilona que nos enciende.

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