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Un deporte en el que todo es diferente
Álvaro Calleja
Vuelvo a escribir esta semana sobre el maldito tema del dopaje. Unos artículos que nunca me hubiera gustado escribir, pero no puedo echar la mirada hacia otro lado cuando de nuevo se comete una injusticia con un ciclista, porque a mí, si hubiera tenido la suerte de poder serlo y la mala suerte de estar en el punto de mira, me hubiera gustado que el columnista de turno redactara unas líneas para decir la verdad.
Porque en el ciclismo se hace todo al revés. Primero se culpa al corredor y después se le pregunta. Una situación que se ha vuelto a vivir estos días. El protagonista en esta ocasión ha sido Alejandro Valverde, a quien, una vez más, se le ha acusado de dopaje sin mostrar ninguna prueba válida.
Seguramente el murciano salga de todo esto límpio, pues incluso la justicia española declaró nulo el proceso iniciado por el CONI, pero su imagen ya no será la misma, porque desde Italia se le ha hecho una campaña en contra, con una noticia que ha salido publicada en los diarios de todo el mundo, y nadie ha caído en que él es inocente, porque no hay ni pruebas que puedan hacer pensar lo contrario.
No entiendo por qué esto ocurre en el ciclismo, pues no pasa lo mismo con los deportistas de otras disciplinas, quienes son inocentes hasta que un juez dice lo contrario y quienes no son delincuentes una vez declarados culpables.
Yo confío en Valverde, porque, a diferencia de otros corredores, el del Caisse d´Epargne siempre ha contestado a todas las acusaciones, hecho que demuestra mucho, e incluso otros compañeros han dado la cara por él, como hizo ayer Samuel Sánchez, cuando lo normal en este deporte es marginar al acusado.
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