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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

El gorrino que se daba asco a sí mismo

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 21 de febrero de 2009, 03:26 h (CET)
El cambio en la imagen del chaval ha sido enorme, aunque no tan grande como el cambio actitudinal. Sergio Javier, esa fuerza, muy bruta, de la naturaleza que agredió a una inmigrante ecuatoriana ponía cara de no haber roto un plato en toda su vida. Correctamente vestido, con el pelo recién cortado, se encontraba delante de un juez que no tardando tomará una decisión sobre los próximos años de su vida y pretendía salir lo mejor librado posible. Claro, para ello una imagen más tradicional y una actitud sumisa podían venir bien. Lo estaba pasando mal, aunque los focos y los micrófonos de toda España volvían a estar pendientes de él no era ahora cuestión de pavonearse como lo hacía pocos días después de la agresión.

Entonces paseaba ante las cámaras por las calles de su barrio como el gallito del lugar, sonriéndose y exhibiéndose con aire de superioridad y altanería, creyéndose el centro de la vida nacional cuando no era más que el centro de la podredumbre mundial. Su forma de contestar a los periodistas, su manera de seguir su vida normal como si tal cosa, su ofensiva dignidad ofendida distaban mucho de aparentar la más mínima reflexión sobre sus actos machistas, racistas y puramente fascistas. A pesar de que los días iban pasando el hombre nunca dio la más pequeña muestra de ablandar sus sentimientos hacia la que había sido su víctima. Desdeñoso y distante se mostraba altanero, radical y despectivo con todos los que le rodeaban... supongo que excepto con aquellos amigos que se sentaban con él en la barra del bar a consumir caña tras caña.

Ahora... ahora no podía seguir actuando de la misma manera, sin duda alguien ha sabido aconsejarle y su actitud de estudiada autocrítica y postiza humildad pueden ahorrarle una buena temporada en chirona. Simplemente refiere haberse bebido doce o trece cañas, como si eso fuese una actividad cotidiana tranquilizadora, y haberse metido unas cuantas pastillas de éxtasis, algo natural y normal que todos los ciudadanos hacemos cada mañana al salir de casa.

El muy valiente dice ahora que se da asco, que siente asco de sí mismo, que nadie se merece recibir aquella paliza... Son expresiones que nunca había dicho antes, a pesar de tener durante muchos días decenas de cámaras y micrófonos a su disposición, son sentimientos que nunca manifestó a pesar de haber tenido amplias y prolongadas oportunidades para hacerlo. Durante muchos meses se ha privado muy cuidadosamente de manifestar nada parecido... hasta que ha visto las orejas del lobo del este juicio.

A todo gorrino le llega su sanmartín, que se haga estricta justicia.

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