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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Poder contra Poder

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 21 de febrero de 2009, 03:26 h (CET)
Mientras sigue coleando, y lo que te rondaré morena, la presunta trama de corrupción en que estarían implicados varios altos cargos del PP, desde el ex alcalde de Boadilla del Monte hasta el que fuera polémico concejal del ayuntamiento de Madrid, Consejero del gobierno regional y ahora diputado regional de a pie Alberto López Viejo, oscuro personaje que merece capítulo aparte; la semana que viene vamos a ello, y siempre persona de confianza de Juan Carlos Vera, pasando por el asesor del concejal del distrito de Moncloa-Aravaca Javier Nombela, todos ellos salidos de la cantera de Nuevas Generaciones de los años 90, acaso la primera remesa de políticos profesionales y poco intelectuales que salió de Génova 13, salpicada por los escándalos de corrupción que asolan de un tiempo a esta parte la sede de los populares, en España se produce una huelga insólita: el Poder Judicial contra el Poder. Poder contra poder. El mérito, por supuesto, del inefable cazador de muflones empeñado en luchar contra su padre. O sea, Bermejo, compañero de monterías, “inoportunas” y a saber por quién sufragadas, del juez Baltasar Garzón.

Mucho se ha debatido en medios de comunicación acerca de la legalidad o ilegalidad de la huelga de jueces. Debate estéril y esperpéntico donde los haya. Porque… ¿se imaginan ustedes que el Gobierno, es decir, el Poder Ejecutivo, se pusiera en huelga? Sería tan ridícula y estrambótica la cosa que debatir acerca de si Rubalcaba y Chacón tienen derecho a la huelga y si De la Vega debería fijar servicios mínimos sería poco menos que una broma de mal gusto. Lo mismo que si los diputados y senadores, Poder Legislativo, decidieran ponerse en huelga. Bueno, en este caso lo que extrañaría y mucho sería una huelga a la japonesa, que ya se sabe que sus señorías no dan un palo al agua. Es más, ahora, en plena crisis, se vuelven a ir de vacaciones.

El hecho de que el que uno de los tres poderes del Estado se haya puesto en huelga no haya provocado el asombro generalizado no es más que otro síntoma. Síntoma de la nula separación de poderes, por lo tanto de la nula democracia, existente en España desde hace décadas y que la ciudadanía, anestesiada, aburrida y sometida a la partitocracia reinante, ha asumido como normal. Síntoma de la degeneración democrática en que estamos inmersos. Síntoma del aborregamiento de las masas que aceptan como normal vivir en una democracia formal, demagogia real.

Así que a mí el dato de seguimiento de la huelga lo único que hace es confirmar mis sospechas: los jueces también han aceptado como normal ser mayordomos al servicio del político de turno. Sólo así se explica que el Poder se levante contra el Poder.

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