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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Hacia lo único que basta

María Romo de Oca
Redacción
sábado, 21 de febrero de 2009, 03:47 h (CET)
¡Uf! Cuanto tiempo. Ya está aquí otra vez Déborah dando guerra. Si os cuento las aventuras desde que nos despedimos en vacaciones de Navidad no os lo creéis. De entrada, el día de los Inocentes gran brecha en la frente que tardaron hora y cuarto en cerrármela en urgencias porque llegó hasta al hueso… pero aquí estamos. ¡Ah! Y un esguince suave que me ha obligado a la quietud ¡Cuanta paz!

He comprobado que el mundo sensible, que comienza al final de nuestra mano, nos envuelve en interminables ruidos. Somos una antena oscilante captando todas las resonancias de nuestro entorno. Y, de pronto, un cabezazo, una pata tiesa, te trae la paz.

Y una escucha profunda ¡oh sorpresa! que supone también para nuestra alma el desarrollo de fuerzas maravillosas. Recogidos de esas fuerzas que nos derraman, somos ya pura atención, “esencia abierta”. Es la definición que da Zubiri: el hombre es esencia abierta. Abierta hacia lo único que puede llenarnos. Hacia lo único que nos basta.

Tuve la suerte de conocer a Carmen Conde, gran poeta y segunda de nuestras
Me regaló una poesía suya donde explica también lo único que basta. He pensado mucho en ella. Y os la envió como el abrazo de este nuevo encuentro. ¿Hace?

Si se acierta a resumir en un solo latido el mundo,
sólo Dios basta.

Si conociendo el amor en su vasta extensión, se agota,
sólo Dios basta.

Sólo basta Dios al que le buscaba hambriento
en su manga extensión humana,
en su resonante oceanía, en su húmeda selva,
en su escueta serranía…

Sólo Dios basta cuando se sabe, hasta la cruz, amarle
en cada creación suya.

Antes de amarlo todo, no…
Sin penetrar y penetrarme de humanidad que rebose,
no basta Dios.

Porque Dios está en las cosas lo mismo que en las criaturas,
en el odio y en la pasión, en la fría indiferencia
y en la pasiva locura de la meditación.
En el puro arrebato, en la sorda resistencia,
en todo y en nada siempre esta entrometido Dios.

Y si se logra abarcarse a sí mismo, concreto,
se halla a Dios,
Si se gira, huso de lumbre, a su contacto,
se encuentra a Dios.
Si se apoyan las manos en el pecho y se respira hondo,
se encuentra a Dios.
Sólo Dios basta cuando se amaba tánto,
que sólo bastaría Dios.

Carmen Conde. ¡Os quiere, Déborah!

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