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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Denunciamos la formación profesional de Castilla y León

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
viernes, 20 de febrero de 2009, 06:05 h (CET)
Desde hace años venimos denunciando que la formación profesional no se adapta a las necesidades del mercado. Incluso en comunidades como Castilla y León existe un fuerte divorcio entre la realidad y la nefasta planificación; de ahí las constantes demandas al presidente de la Junta de Castilla y León y al Consejero de Educación para que haga efectivo el cese del director general de formación profesional en la comunidad, don Marino Arranz Boal. Un director excesivamente apoltronado y demasiado mayor para afrontar los retos del futuro. Nadie entiende que a estas alturas no le haya reemplazado su mano derecha y cabeza pensante, María Eugenia Pascual.

Actualmente existe una necesidad imperiosa como es la obligación de un acuerdo, consenso o compromiso de Estado para prestigiar la formación profesional. Aquí deben de ‘mojarse’ el Estado y las comunidades autónomas, pues se ha demostrado que cada comunidad autónoma funciona al estilo de Doroteo Arango (Pancho Villa); es decir, cada cual va a su aire, sin coordinación, sin credibilidad, con formatos anclados en el pasados, sin perspectiva y mirándose el ombligo.

Cada vez es mayor la normativa que se aleja de la realidad, sobre todo en comunidades como Castilla y León, Rioja, Madrid y Murcia. Son incapaces de mirar hacia comunidades como Navarra, donde la FP lleva varios años de adelanto; incluso, podían hacerlo hacia el País Vasco, referencia franquista de la promoción profesional obrera y de la actual formación profesional, con algunos fallos, pero con muchos aciertos.

A mayor conservadurismo, mayor insatisfacción y menor compromiso. Es curioso, pero en las comunidades donde el PP goza de mayor influencia, es mayor la insatisfacción y menor el compromiso. Algunas direcciones generales de formación profesional siguen ancladas en el pasado y sus directores generales apoltronados, desorientados, inutilizados y fuera de juego.

Nunca el PP hizo tanto daño a la formación profesional como ahora; de ahí que cientos de profesional hayan cogido el toro por los cuernos, como en Castilla, y pidan el cese ‘ipso facto’ del director general. Es la gran evaluación de Juan Vicente Herrera que, dicho sea de paso, suspenderá como es habitual.

A muchas comunidades se les ha ido de las manos el futuro y han amarrado el pasado demasiado tarde. Y si a ello añadimos que en algunas comunidades no interesa la FP, sabedores que forman a la juventud para beneficio de otras comunidades, estamos ante la vulgaridad, el desconcierto permanente, el caos y el interesado abuso, además del desprecio a las familias y al propio alumnado.

En comunidades como Castilla y León es difícil hacer frente a la competencia internacional, dado el desfase de la formación profesional con respecto a otras comunidades y a los países de nuestro entorno. Cada vez más los programas que se planifican van a la cola de las necesidades y las tres modalidades de FP están descoordinadas. Prueba de ello es que el paro crece y crece como el desgaste de las pilas Duracel, aunque desde la dirección general de FP se sigan aportando los mismo datos que en el año 2001.

Uno de los factores más problemáticos ha sido el mantenimiento del director general durante casi doce años, lo que demuestra que el presidente de la comunidad no llega a donde debería y sus ‘huestes’ le siguen engañando. Lo mismo da que sea en educación, agricultura, fomento, cultura o hacienda. En este caso no podemos decir que la constancia sea el fondo del acierto, como decía Balzac.

El pobre ‘Juanvi’ ni es rey, ni manda, ni gobierna, ni se entera de lo que vale un peine. Decía Goethe que la actividad es lo que hace fuerte al hombre; pues a ‘Juanvi’ Herrera ni le hace fuerte, ni le reconstituye ni le alienta.

Castilla se hunde y puede cerrar sus puertas en cualquier momento, de la misma forma que León intenta subsistir, pero la Junta de Castilla y León le atraganta de conservadurismo y le ahoga el progreso. Castilla se muere, porque cada vez tiene menos vida; de ahí la confusión del pensamiento de Roa Bastos en este punto, al incidir en que no se ha sabido nunca si la vida es lo que se vive o lo que se muere. Y Castilla se muere con Juan Vicente Herrera.

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