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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

El ‘caso cacería’

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
jueves, 19 de febrero de 2009, 12:25 h (CET)
Parece que esta vez sí se ha tomado en serio el PP la cacería de ‘pijos’, Bermejo y Garzón. Entre ambos han resucitado “La escopeta nacional”. Son los señoritos del momento, capaces de trasladar modos de vida, abusos, consignas y tráfico de influencias del socialismo más rancio. Hacen cuanto se criticaba a personajes del franquismo. Dicen cuanto escuchaban a los guardas de aquel régimen, al que siempre perteneció Bermejo.

Han perdido el rumbo. La ciudadanía ha convertido a ambos personajes en simples ‘bolas de risa’ o en ‘globitos de agua’. Se lo han ganado a pulso. Personajes de tal calibre son los que llevan a creer cada vez menos en el simulacro de justicia de este reino de taifas que es la España cuarteada.

Acostumbrados a meterse en todos los charcos – sean o no sean de su incumbencia -- abandonan sus obligaciones por la diversión, la mala imagen y peor reputación social. Los nuevos señoritos del régimen socialista imitan a los ministros del abuelo ‘Patxi’ acudiendo de cacería. Se creen y se sienten cazadores, discriminan y hacen de menos a quienes les acompañan, les preparan las piezas como a Franco. Cazadores de juguete que nos cuestan dinero a los contribuyentes.

El ‘juez estrella’, otra vez estrellado, no resuelve lo que debe y pierde el trasero por aparecer ante las cámaras y prensa; se trata de que hablen de él, aunque sea mal.

Bermejo aún no se ha enterado de lo que lleva entre manos. Experto en discusiones y ataques frontales a la oposición pierde casi siempre los papeles. Los jueces se le echan a la calle, para vergüenza del Estado de derecho y como resorte y acicate para la reprobación de este falangista venido a menos y llegado a nada.

Da grima el Ministerio de Justicia con este ministro al frente. Ha acabado entrando en el ‘clan Maleni’. Y como respuesta veta a periodistas de intereconomía, abusando de su posición, pero sin dar la cara. No le gusta a Bermejo haber quedado con el trasero a la intemperie, como casi siempre queda su amigo Garzón.

Jugando con tonterías -- y a fuerza de no aportar nada a la ciudadanía, excepto malestar – perfectamente se refleja en ellos el pensamiento de Claude Chabrol respecto a que “la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no”.

Junto con su amigo del alma, Garzón – por cierto, aún no ha resuelto las filtraciones a ETA del cobro del impuesto revolucionario – pretendían continuar con el ventilador, aireando las pillerías y las tramas del Partido Popular, pero las circunstancias han vuelto el ventilador y juntos se cubren de porquería, desprecio y sospecha.

Ambos son débiles de sentimientos, aunque se crean fuertes. Posiblemente, y sin posiblemente, escondan inmaduros complejos no confesados. Decía Arthur Schnitzler que lo que parece fuerza de carácter, con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos. El ‘caso cacería’ debe cerrarse cuanto antes y si es con el cese del ministro Bermejo, mucho mejor. A Garzón le conocemos mejor y no importa que siga haciendo de ‘estrella estrellada’, aunque sea para divertirnos; pero, por Dios, que trabaje y se deje de zarandajas buscando ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el difunto en el entierro.

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