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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Dudas y esperanzas de los jóvenes

Pepita Taboada
Redacción
miércoles, 18 de febrero de 2009, 11:52 h (CET)
La educación de los hijos en el ambiente familiar determina en gran manera el comportamiento de los jóvenes en la sociedad en la que nos desenvolvemos. Una educación que se centra demasiado en el bienestar afectivo, no ayuda a un verdadero desarrollo personal. Muchos abandonan la infancia y la adolescencia pero continúan sin crecer psicológicamente al no haber aprendido a edificarse interiormente.

Siempre se ha dicho que la juventud es el período de la vida donde se forjan los grandes ideales y se toman las decisiones más generosas. Efectivamente, los jóvenes de hoy, como los de las generaciones precedentes, son capaces de ser generosos y comprometidos con causas que los movilizan, pero también es verdad que, en nuestros tiempos, tienen menos referencias sociales y morales para decidirse a llevarlas a cabo. La sociedad actual no les ofrece, la mayoría de las veces, recursos suficientes y en vez de ayudarles a hacerse adultos, los infantiliza. Una juventud excesivamente prolongada provoca una inseguridad en la elección del tipo de vida, que se manifiesta en la tendencia a relegar o diferir las elecciones definitivas y en el temor a comprometerse. Al mismo tiempo, algunos jóvenes manifiestan una prisa excesiva por vivir experiencias, a veces contradictorias, sin acertar a distinguir las propias necesidades y valores.

Influidos también por los medios de comunicación y las películas, los jóvenes de hoy son escépticos en cuanto al compromiso matrimonial y lo posponen, creyendo que así son más libres, cuando la realidad es que comprometiéndose es como se pone en acto la libertad. Pese a ello, y según los sondeos, la mayoría de los jóvenes apuesta por un mejor conocimiento del amor humano, de la pareja y de la familia y en la necesidad de aprender a amar huyendo de la provisionalidad. La mentalidad reinante no contribuye a esta tarea porque presenta la separación y el divorcio como solución para los problemas afectivos y relacionales de la pareja.

El aprendizaje del sentido del compromiso en los diversos campos, contribuiría a mejorar las relaciones con los demás y a llevar a cabo proyectos futuros. Bien es verdad que el tiempo de la juventud entraña cierta inmadurez, pero no por ello hay que permanecer inermes sin esforzarse por adquirir un proyecto de vida que marque la existencia.

Otro factor que afecta a no pocos jóvenes es el desconocimiento de la dimensión religiosa de la persona. No es que sean alérgicos a las verdades de la fe, ni tienen nada contra la Iglesia. Simplemente no tienen formación religiosa y están condicionados por todos los conformismos que circulan a propósito de la fe cristiana. Y es que cuando el sentimiento religioso no está educado, la espiritualidad permanece en un nivel primario que favorece toda clase de fenómenos emotivos sin reflexión ni contenido intelectual alguno, al no estar enriquecido por un mensaje auténtico.

También la laicización de la sociedad y la moral, crea confusión en las conciencias de muchos jóvenes que llegan a pensar que lo legal –ley civil- es igualmente un valor moral.

Sin embargo no podemos olvidar las concentraciones de miles de jóvenes en las sucesivas Jornadas Mundiales de la Juventud que permiten activar la esperanza. Estos jóvenes viven igualmente experiencias y fracasos pero buscan un ideal de vida que se basa en Dios. Saben que la inseguridad, la inmadurez, las dudas son etapas que hay que abordar convenientemente para que surja después la estabilidad de una personal adulta comprometida e íntegra.

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