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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Cambalacheos con la Justicia o el tufo de la componenda

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 18 de febrero de 2009, 11:28 h (CET)
No están acostumbrados los periódicos afectos al Gobierno que se les busquen las cosquillas en los tribunales. Están tan convencidos de su impunidad, bajo el manto protector del Ejecutivo, que no paran mientes en aquellos artículos que publican y en la forma descarada, desproporcionada, evidentemente sesgada hacia los intereses socialistas y llena del virus de la maledicencia, exageración y prejuicios en contra del partido de la oposición. Curiosamente han silenciado, relegándolo a lugares poco destacados, la noticia de que un miembro destacado del PSC fuera detenido por facilitar gente adiestrada y dinero a los terroristas de Afganistán; así como, tampoco, han resaltado que la comunidad catalana se haya convertido, en virtud de las facilidades que les da, el gobierno izquierdista del Tripartit –a todas estas bandas de terroristas, facinerosos y atracadores originarios de país islámicos y del este de Europa –, en el verdadero centro de recogida de todo el lumpen y escoria que no se quiere en el resto de la UE. Quizá, por una vez, el aparato de propaganda socialista se ha pasado de raya y los resultados que pretendían conseguir, en cuanto a desacreditar al PP y restarle perspectivas electorales en los próximos comicios de Galicia y País Vasco, no tengan el efecto buscado o, si lo tienen, es muy posible que las secuelas colaterales de tal actitud se vuelvan en contra de aquellos que, con tanto descaro e impunidad, se dedicaron a remover el fango impuro de la desvergüenza política.

Lo que si es evidente, y así se atestigua en las encuestas del CIS, es que la ciudadanía ha llegado a un punto de saturación y de desconfianza tal, hacia la clase política, que, de seguir así, no sería nada extraño que la abstención en las citas electorales se pueda convertir en la mayor sorpresa para las formaciones que se disputan el gobierno comunitario. No nos debería extrañar que este intercambio de acusaciones, estas muestras de compinchamiento entre poderes, que debieran de preservar su independencia y actuar con perfecta autonomía y claridad; estos empeños en encubrir los propios errores, incompetencias y desatinos mediante el procedimiento de esparcir a los cuatro vientos las miserias de los adversarios; aparte del peligro de que, por el mismo sistema, salgan a relucir las propias, tiene la virtud de empalagar a los ciudadanos que, aparte del criterio que puedan tener respecto a quienes cometen tales actos, llegan a la conclusión decepcionante de identificar a todos los políticos, sean del color que sean, con una clase que está condenada a la corrupción y de la que no se puede esperar nada que beneficie a los ciudadanos y a la nación.

La muestra la tenemos en el hecho de que, los principales actores de esta trama, los personajes estrella de esta movida, los autores intelectuales de las pesquisas y quienes han sido los causantes de este revuelo mediático, señores Garzón y F.Bermejo, demostrando sus limitaciones intelectuales y su falta del sentido de la decencia, al menos la que se les podría exigir a dos personalidades públicas; no han tenido la picardía de evitar encontrarse en el lugar menos adecuado para reunirse a charlar. Porque, si feo está que, tanto el Ministro de Justicia, como el juez instructor de un expediente en el que se presume que está involucrado, directa o indirectamente, el PP, acompañados de la fiscal del caso y del máximo cargo de la Policía Judicial, se junten en una montería de alto copete y de elevado coste; no lo es menos que, como ha salido a relucir, después de los desmentidos del señor Bermejo, hubiera dos anteriores encuentros del señor juez y del señor ministro de Justicia, durante el pasado fin de semana ¡muchas casualidades son, señor Bermejo, para que los ciudadanos no nos olamos algo irregular!, la una en el hotel y la otra durante la montería de Andujar- Por si faltara la guinda a esta rocambolesca historia, parece ser que el juez y el ministro, en lugar de almorzar como es habitual con el resto de participantes, lo hicieron a un kilómetro de distancia de sus compañeros de cacería.

Lo curioso de toda esta trama, es que, con anterioridad, dos semanas antes de la operación Gürtel ( así se la ha denominado por el juez Garzón), también asistieron juntos a otra cacería, esta vez en la finca de un empresario, Luis Martín Barroso, cuyo socio es íntimo amigo de la señora De la Vega. A este encuentro asistió también una fiscal. ¿Reuniones inocentes? Puede, pero no me negarán que este cúmulo de coincidencias da pábulo a todo tipo de conjeturas y, por supuesto, a que muchos podamos pensar que algo se estaba cociendo entre el señor ministro y el famoso juez estrella, del que es harto conocida su inquina contra los populares y su subordinación absoluta a los deseos del partido socialista del señor Zapatero. En todo caso, motivo más que suficientes para que un juez que tuviera un mínimo de ética profesional se excluyera, motu propio, de intervenir en la instrucción del caso y se lo pasara a su compañero en la Audiencia que, creo entender, pudiera ser el juez Marlasca.

Pero todos sabemos como se las gasta el juez Campeador –como lo designaba el periodista desmelenado, señor Miguel Angel Aguilar, en aquellos tiempos en que el juez veleta se ocupaba de sacar los trapos sucios del PSOE, como venganza por no haberlo hecho ministro de Justicia – y, en consecuencia nos podemos preguntar si, ¿hay alguien que se pueda maravillar de que los españoles de a pie, los que padecemos las consecuencias de una justicia lenta, dislocada, sin medios materiales y con su independencia en cuestión, seamos reacios a fiarnos de la Administración de Justicia? Son tantas las veces en las que hemos tenido ocasión de ver como, un día fallaban en un sentido y, al poco tiempo, lo hacían en el contrario; sin que nadie se llevara las manos a la cabeza ante un dislate semejante, que nuestra desconfianza ya ha llegado a tal punto que los dedos se nos antojan huéspedes cada vez que debemos enfrentarnos a ella. Primero no hubo argumentos para ilegalizar a la ANV por falta de pruebas, ahora, con las mismas pruebas o menos, han sido ilegalizadas dos formaciones abertzales, hijas de aquellas que estaban integradas por los mismos componentes. El TC, el máximo órgano de la Justicia para velar por el cumplimiento de la Constitución, hace más de dos años que permanece sin resolver los varios recursos que se presentaron contra el Estatut catalán, a causa de las evidentes y, más que descaradas presiones del Ejecutivo para que se mantenga en adobo hasta que hayan conseguido que, la posible ilegalización de parte o el todo del mismo, carezca de efectos prácticos debido a que, todos sus extremos, ya habrán sido concedidos y ejecutados por el Gobern y, por ello, sea imposible una marcha atrás, sin con ello crear un verdadero caos institucional. Alguien debiera reflexionar antes que atreverse a pedirnos a los ciudadanos de a pie que confiemos en ellos y en las instituciones, para sacar a flote a una España que ellos mismo se han encargado de hundir.

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