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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Obama; su Plan de Estímulo recorta honorarios

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 17 de febrero de 2009, 11:00 h (CET)
Los honorarios de los ejecutivos en EE.UU. fundamentalmente, están siempre sujetos a la consecución de los objetivos que habiendo sido aceptados por ellos, les ha fijado el órgano de gobierno de la empresa para la que prestan sus servicios profesionales. No se trata tanto de un premio de gestión como de complementar sus honorarios si hacen aquello a lo que se han comprometido.

En Europa es más frecuente que los altos ejecutivos tengan un premio adicional si consiguen los objetivos fijados. La diferencia puede ser sutil, pero en la realidad no lo es. En Europa un ejecutivo que no alcanza sus objetivos no recibe bonus. Mientras que en EE.UU. el ejecutivo que no alcanza sus objetivos no percibe el complemento salarial sujeto a tal logro y además es despedido por lo general.

En los contratos de tales ejecutivos figuran cláusulas que contemplan todas las posibilidades; desde el cese sin bonus por no lograr su cometido, hasta el despido ampliamente compensado si se produce sin causas objetivas para el mismo. Así, el ejecutivo que ha obtenido sus objetivos cobra su bonus convenido y puede ser despedido, obvio, pero con la indemnización pactada de antemano siempre.

Por tanto, la mayoría de los grandes ejecutivos se juegan su empleo en cada ejercicio económico. De ahí el gran movimiento de capitanes de empresa que se da en EE.UU.

Sin embargo, es natural que cause cierta alarma social entre los contribuyentes, el hecho de que en grandes corporaciones que se han visto severamente afectadas por la crisis financiera y económica, sus ejecutivos perciban esos complementos salariales pactados. Sin embargo, en la mayor parte de las ocasiones la gestión de tales ejecutivos no ha sido definitoria para la obtención del fiasco global de la empresa, por lo que sería natural que percibiesen sus honorarios complementarios. Pero cuando el dinero de esos bonus tiene su origen en fondos del Tesoro aportados por el Gobierno para mantener la empresa a flote, chirrían las estructuras sociales pagadoras de impuestos y proveedoras por tanto de los fondos de auxilio, al considerar que tales fondos no han de ir a los bolsillos de sus ejecutivos sino a cubrir otras partidas. Lo que puede provocar también que muchos ejecutivos se busquen otro trabajo en el que su talento sea reconocido mediante la única forma que hay de hacerlo: pagando los honorarios convenidos.

A Barack Obama le ha costado Dios y ayuda que las cámaras le aprobaran el Plan de Estímulo a la Economía. Conseguido finalmente por la mínima con el apoyo de tres senadores republicanos, a última hora del viernes pasado. Las restricciones que contempla en el pago de bonus a ejecutivos son mucho más duras que la anterior propuesta, pues ha sido una de las condiciones para su aprobación.

Los altos ejecutivos, los veinticinco principales de una serie de corporaciones especificadas que van a percibir las ayudas del gobierno, no podrán cobrar bonus superiores a la tercera parte de su sueldo anual. Los bonus deberán establecerse como incentivos a largo plazo, como con acciones reservadas que no podrán hacerse efectivas de inmediato en tanto los fondos de ayuda, TARP (Troubled Asset Relief Program) sean devueltos íntegramente al Tesoro.

De lo que se trata en definitiva es que los fondos de ayuda no sirvan para pagar incentivos pasados ni futuros. Aunque muchos ejecutivos de Wall Street y ciertos bancos que han recibidos ayudas, han cobrado ya incentivos millonarios. Ahora cambian las reglas.

Edmund L. Andrews y Eric Dash reflexionan también en el New York Times sobre esta propuesta. Puede ocurrir que algunos altos ejecutivos, por el endurecimiento de la norma, decidan devolver rápidamente los fondos de ayuda, con la aportación de fondos privados de capital que habrían de servir para consolidar las empresas y los utilizarán, indirectamente para cobrar sus bonus, pues a la postre, los ejecutivos también trabajan por dinero.

Por otra parte, algunas corporaciones industriales y bancos podrían decidir subir el sueldo anual de sus ejecutivos para que sus bonus fuesen menores que la tercera parte del salario anual y poder así seguir pagándoselos. Lo que subvertiría el concepto de honorarios por trabajo realizado, asimilándolo a sueldo base.

Las nuevas reglas van a dificultar también la contratación de nuevos ejecutivos.

Es claro que Obama quiere sacar al país de la crisis cuanto antes y lo hace a base de inyectar dinero en las empresas que, al menos en teoría, son capaces de crear puestos de trabajo, generar riqueza y en definitiva, influir en el relanzamiento de la economía. No lo tiene fácil porque dar dinero a los empresarios está en contradicción con sus proclamas electorales. Pero una cosa es predicar y la otra dar trigo. Está bien jalear desde el tendido, pero cuando se baja al ruedo la cosa cambia.

Resulta populista recortar el salario a ejecutivos con ingresos fuera del alcance del resto de los mortales, pero que detentan la responsabilidad sobre miles de millones de dólares de producción y decenas de miles de empleados.

Es por todo ello que el flamante presidente no hace sino promulgar decretos de cara a la galería muchos de ellos, que lo prueba la puesta en escena de su firma, pues su aplicación se va a demorar en el tiempo; como el cierre de la prisión de Guantánamo o la retirada de las tropas de Iraq. Es como si cocinase un ajiaco, que todo y con resultar delicioso, ha de comerse despacio y es de digestión lenta.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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