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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Dies Irae

“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución” F. Largo Caballero
Miguel Massanet
sábado, 5 de marzo de 2016, 12:09 h (CET)
Cuando uno tiene la posibilidad de observar el pasado desde la atalaya de los años cumplidos y tiene la percepción de que hay quienes pretenden reescribirlo desde el punto de vista de la conveniencia egoísta o desde la falsa idea de que interesa tergiversar la Historia para apoyar doctrinas, pretendidamente favorables para el pueblo, aunque ello, en realidad, no conduzca a otro objetivo que el alcanzar el poder como trampolín para implantar regímenes que nada tienen de democráticos y si mucho de subversivos, doctrinarios y totalitarios, de carácter netamente dictatorial; no puede menos de rememorar aquellos tiempos de la Guerra Civil española y lamentar que, las nuevas generaciones, prescindan del ejemplo que nos legaron aquellos tiempos de discordia, para evitar recaer en las mismas circunstancias y errores que nos condujeron a ellos.

El hecho, señores, es que, lamentablemente, esta España de los primeros años del SigloXXI , bajo la justificación del relevo generacional, de la necesidad de un cambio político y partiendo de una nueva realidad, surgida de una crisis de siete años, durante la cual los partidos en el gobierno han tenido que emplearse a fondo para intentar conseguir salvar al país, azotado por el derrumbe de su industria y su comercio; ha gestado una nueva casta de políticos con pretensiones de regenerar a la sociedad y con el objetivo de hacer tábula rasa de todo lo conseguido en los años de democracia que hemos venido disfrutando, desde que España entró en democracia y se procuró una Constitución, la de 1978, mayoritariamente aceptada y aprobada por todos los españoles. Desafortunadamente, han entrado en la lid política grupos de sujetos entrenados en técnicas revolucionarias, antidemocráticos y activistas, avezados en la manipulación de las masas sociales, con el único propósito de intentar devolver a nuestra nación a aquellos tiempos, de desgraciado recuerdo, que convirtieron a España en un lugar inseguro, inhabitable, peligroso y sede de bandas armadas que actuaban impunemente asesinando, robando y chantajeando a los ciudadanos honrados sin que, por desgracia, las autoridades intervinieran y tuvieran los arrestos necesarios para acabar con semejante estado de cosas.

Por desgracia los rifirrafes y la falta de sentido común de los dos principales partidos que, tradicionalmente, se han repartido el poder en nuestro país, les ha impedido percatarse a tiempo de la amenaza que se cernía sobre el pueblo español y, aquello que empezó con mítines lanzados desde algunos canales de TV, poco a poco, fue adquiriendo cuerpo hasta llegar a formar un equipo lo suficientemente peligroso como para conseguir cinco millones de votos en los pasados comicios. Todo en España está cambiando, empezando por las formas, los modos y los métodos con los que tradicionalmente se comportaban los políticos. La irrupción en el Parlamento de la nación de una serie de desarrapados, prepotentes, mal educados y poco respetuosos con las formas y las costumbres parlamentarias, no sólo en cuanto a la vestimenta y los peinados, más propios de okupas y trileros, que de personas que ostentan la representación que le confieren los votos de sus conciudadanos, para que los defienda y se ocupe de solucionarles los problemas que les preocupan; ha convertido a nuestras cámaras en chiringuitos de okupas.

Lo cierto es que, estos nuevos huéspedes de la política española, ya han sido capaces de contagiar a las izquierdas españolas de sus tics y prácticas levantiscas, de su lenguaje obsceno y provocativo, de su desenfado ofensivo y de sus modales barriobajeros de los que no se olvidan, incluso, cuando se encuentran en los órganos supremos de representación ciudadana, como es el caso del Congreso de Diputados y el Senado. Tuvimos un primer anticipo en el cara a cara entre el señor Rajoy y el señor Sánchez en la TV unos días antes de las pasadas elecciones. Allí, con la máxima frescura el líder socialista se atrevió a acusar a su antagonista de “indecente” lo que dio lugar a un rifirrafe, donde hubo intercambio de “lindezas” ante la estupefacción de la audiencia.

Alguien pudiera restarle importancia a espectáculos como el referido, pero lo cierto es que ha creado una situación de enfrentamiento personal, una enemistad manifiesta y una intolerancia mutua que, hoy que se está poniendo en cuestión el futuro de España, sigue estorbando las posibilidades, deseables y la únicas que salvarían el impasse en el que nos encontramos, permitiendo crear una coalición que fuera capaz de sacar adelante a nuestra nación sin demasiadas heridas y al gusto de nuestros vecinos europeos. Pero lo peor es que estos nuevos modos que nos ha traído Podemos, este desenfado trasladado a la política, estas maneras de matones del viejo oeste americano, estos gestos horteras y esta facilidad para insultar, despreciar, desacreditar y tomarse a pitorreo las opiniones de los demás, como si los únicos que supieran lo que se decían, fueran ellos; está consiguiendo degradar la altura de las intervenciones parlamentarias, reducir las discusiones de los importantes temas que se deben solucionar a diálogos soeces y a propuestas carentes de la más mínima posibilidad de ser aplicadas so pena que no queramos quedar fuera de Europa y regresar a la complicada situación del 20N del 2011.

El señor Ongil, diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid llamó “golfos” a los diputados del PP en aquella institución; Anna Gabriel, la diputada de la CUP en el parlamento catalán, contestó a un crítico con el hecho de que, dicha señora, “corriera a abrazarse con el señor Otegui cuando fue puesto en libertad”, con el siguiente insulto: “No le llegas a Otegui a la suela del zapato, subnormal” A la vez, dicha diputada fue tratada de “puta traidora” cuando la CUP se negó a investir al señor Mas. En el pleno de Usera presidido por Rommy Arce de Ahora Madrid, permitieron que los concejales del PP fueran insultados, acosados y amenazados por parte del público, sin que la presidencia actuara para evitarlo. La ínclita Rita Maestre, la del stripteasse en la capilla de la universidad (protegida y amparada por la alcaldesa Carmena) todavía tuvo la cara dura del culpar al PP porque, a su juicio, se dedica “a obstaculizar la acción de gobierno”.

Seguramente alguien pretenderá quitarles fuego a semejantes incidentes y los querrá justificar por la política que el PP ha llevado a cabo durante su legislatura. Lo siento, pero quien así opine ni es demócrata, ni acepta el valor de los votos en las urnas ni admite que los mandatarios, elegidos mayoritariamente por el pueblo, puedan desarrollar su legítima política, aquella que una mayoría de ciudadanos ha querido que se pusiera en práctica porque, minorías, grupos antisistema, faranduleros y enviados de Maduro para sembrar la cizaña en nuestra nación, invadan las calles, nieguen el derecho del gobierno democrático a gobernar, tal y como le permite la Constitución, y se la salten, como es el caso del separatismo catalán, sin que, el legítimo gobierno de la nación pueda hacer nada para evitarlo. De aquí al caos, señores, no queda más que un paso.

Las reglas del juego democrático son prístinas y quien así no lo entienda deberá reconocer que lo que busca es aplicar su ideario siendo minoría. Los resultados pueden llegar a ser, cuando se van sembrando odios, se crean antipatías entre españoles, se descalifican a los que piensan distinto y se califica a las mayorías de ir en contra de los intereses del pueblo, cuando las evidencias demuestran que no ha sido así, no es más que intentar un golpe de Estado, por supuesto ilegítimo, en contra del Estado de Derecho.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, se debe denunciar cualquier intento de llevar a España por la senda de países que, como Venezuela, bajo la excusa de trabajar por el pueblo, lo que se hace es privarlo de sus libertades, encarcelar a la oposición, invadir de jueces politizados a su TS y mantener contento al Ejército, dándole prebendas para que no permita que, el Parlamento de la nación, mayoritariamente contrario a los métodos dictatoriales de Maduro, pueda sacar adelante las leyes que está promulgando, debido a los obstáculos que les pone la dictadura de su jefe de gobierno. España, en estos momentos, tiene en su Parlamento a un numeroso grupo de comunistas bolivarianos, que están intentando, por todos los medios a su alcance, hacerse con el poder. El señor Sánchez del PSOE parece dispuesto a dárselo, pensando que será él el que mande. Un iluso que no sabe cómo se las gastan los comunistas cuando alcanzan el poder. Lo malo es que, si se lo da, todos los españoles pagaremos por ello.
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