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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Sublimes empeños

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 16 de febrero de 2009, 11:45 h (CET)
En el más sincero ejercicio de nuestra libertad, y en busca de ser felices; cada uno persigue cosas distintas. El avaro, dinero; el glotón, comida; el político, votos, …de momento. ¿Quién no busca algo? Esas búsquedas y hallazgos pueden conformarse con un tono mediocre, es quizá lo más habitual y lamentable; mientras, en contadas ocasiones, las personas elevan el nivel de sus aspiraciones. A ras de suelo, bajo mínimos, o pujando hacia las mejoras; son inevitables las diferencias. Unos tienden a la percepción de tamaños, otros a las cualidades, contactos sociales o labores científicas. Hemos de partir de sujetos con características y tendencias muy DISPARES.

El pusilánime o el perezoso, no ejercen con planteamientos elaborados a fondo. Los conformados en torno de la mediocridad, tampoco escapan de sus actitudes acomodaticias, de ir tirando sin demasiadas inconveniencias. Para la inclusión del concepto de lo SUBLIME en las facetas de la existencia diaria, necesitamos la inquietud y la tenacidad con dosis suficientes para la persecución de las tendencias hacia la superación. Eso sí, contando con las actitudes de cada uno, con las citadas diferencias; pero con la vista, y la mentalidad, puesta en las aspiraciones. Inquietud a tope pudiéramos decir; o de otra manera, inconformismo radical.

Lo mejor, ¿Qué es lo mejor? Lo bueno para unos, puede no serlo tanto, o ser perjudicial, para otros. Por lo tanto, ¿A qué consideramos como un bien?; y sobre todo, ¿Bien para quién? Esa clase de respuesta no está escrita en ningún reglamento, ni es única; no hay una evidencia más notoria. Por eso se plantea la controversia, sus soluciones serán variadas, a veces incluso contrapuestas, según las personas y su situación concreta. Estamos ante una cuestión de ASPIRACIONES, de un avance máximo en los conocimientos; no sólo técnicos, sino de los rasgos humanos en su conjunto. De un respeto y consideración hacia las opciones diversas, que no puede ser ciego ante las barbaridades. Es un proceso, no una solución; y un proceso de cada uno. Ese sí que es un destino terco, si uno no interviene es como si no estuviera. Lo sublime radica precisamente en eso, en la armonía del conocimiento respetuoso. Su dificultad convierte a nuestra existencia en una fascinante labor, pero inacabada; porque las discordancias existirán, siempre hay quién tira hacia el otro lado.

Algo de esto se nota en esta época de nieves, lluvia y vientos desorbitados, como si nunca hubiera sido invierno. La ciudad y el campo, los tejados y los árboles, se perciben unidos por esa plácida cubierta blanca; por cierto, una de las pocas ocasiones de verdadera unión entre ellos. La naturaleza permanece agazapada hasta en los jardines. Domina la voz de los riachuelos cristalinos, viajan desde lo más encrespado hacia los embalses. Los ciervos temerosos, como el resto de animalillos de la fauna, corretean a escape hacia los escondites, los refugios de su intimidad. La vegetación se muestra descarnada, deshojada, apuntando al gran estallido primaveral. Es como un ENCANTAMIENTO ante el espectáculo maravilloso. Sin embargo, el hechizo se rompe pronto, se quiebra a la menor distracción. Retornamos a las esquinas inertes, pasos apresurados y desconexos, ruidos y mentiras, campañas y contubernios. Algo nos muestran estos escenarios, aparecen formas opuestas, como preguntando a cada individuo cuál es su posición al respecto, contagiados de lo sencillo o agarrados a alguna antena. ¿Intrascendente? ¿Obsesivo? Es una apasionante ocupación, ruda, interesante … o sublime.

Llama la atención como el estilo moderno es muy dado a la bravuconería expresiva; verás lo que es bueno, pongo un reclamo en el autobús por que Dios no existe, o le pincho las ruedas por que sí existe. Eso cuando no se llega a las persecuciones o tropelías. El mismo Darwin puntualizo en sus cartas, que la casualidad no es un buen argumento para explicar nuestra presencia en este mundo, y en cambio, constituye uno de los principales para la defensa de la existencia de Dios. Añadiendo, que su conclusión más segura es que el tema en sí, “Queda más allá del alcance del hombre”. Excluidos dogmas, reglas y fanatismos, el SENTIMIENTO de lo DIVINO es una de esas experiencias radicales para los humanos. A la vez, esa divinidad no se rige en sus dimensiones por las leyes físicas de costumbre, cronología, cosmos, especies. La misma genética profunda o los conocimientos cuánticos, ya enredan muchísimo las cosas. Afirmaciones o negaciones, milagros o ignorancias, el saco nos absorbe como un agujero negro, no vemos el fondo. De ahí el carácter sublime de esa experiencia que abre una espita a la esperanza, cuando no todo es medible y se intuyen muchas otras extensiones.

Observaremos el apresuramiento cotidiano, hasta para tomar un café, que no degustarlo; sufrimos la desorientación casi constante, porque ya no se hilvanan los razonamientos; y lo peor, la desfachatez y la violencia nos aumentan la inseguridad, nos hacen estar temerosos ante actitudes inexplicables. ¿Ya no habrá manera de tratarse con delicadeza? ¿Hasta dónde caeremos por este tobogán? ¿Sólo hacia el incremento de lo inconveniente? Eso me lleva a resaltar la importancia de la TERNURA, ese toque de proximidad, de consideración con los demás. Nada de cursilerías, desde las miradas a otros gestos, saludos o exclamaciones; se trataría de la constatación de una cercanía. Frente al exceso hosco, se requiere este “milagro” de la ternura. Son evidentes los riesgos en los tiempos que corren, los abusos innombrables; mas no podemos renunciar, por ese motivo, a las relaciones más cariñosas, en cada lugar de la convivencia. Si optamos por la pérdida de estas actitudes, también perderemos una maravilla sublime de esta vida.

Nos enfrascamos en numerosas batallas, absorbidos por sus intrigas; dejando de prestar atención a los fenómenos espléndidos a nuestro alcance, la percepción sana de la divinidad superadora, el encantamiento por sentirse entre la Naturaleza, la ternura recobrada, etc. Aún quisiera señalar otro acontecimiento, del estilo de los indicados, que por habitual, no solemos aprecibirlo con la suficiente aproximación. Ese ALUMBRAMIENTO de una nueva vida, desde todos los seres vivos. Con todos los factores confluyentes, su ensamblaje, dirigidos al brote final. Confluencias por encima del intelecto cuando se analizan en profundidad. Con María Zambrano, experimentamos el “Asombro de estar vivos”, de lo que eso supone. Un brote continuado de biología y perspectivas. Quizá sea lógico, pero contemplamos en exceso las desventuras o la misma muerte, desplazando a segundo plano otras maravillas y realidades. ¿Con qué resultado? ¿Con qué lamentos? ¿Con qué grado de responsabilidad? ¿Estamos ante una orientación que no podremos revertir?

Se nos acaban las razones cuando merodeamos alrededor de fenómenos sublimes como los mencionados. No son los únicos, otras situaciones también rozan la inmensidad. Como en el “Viaje a Ítaca”, las obsesiones e inquietudes, encauzadas hacia esos aspectos de ensueño; son un buen faro para dirigir nuestras cualidades. Las imposiciones, las negaciones absolutas, la desconsideración o la violencia; no son alternativas de nada.

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