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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Despidos o quiebras?, habrá que elegir

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 16 de febrero de 2009, 11:48 h (CET)
A vece resulta incomprensible como personas que debieran dar muestras de sensatez, de sentido común y de coherencia en sus manifestaciones y en sus actos, sean capaces de dejarse llevar por desvaríos partidistas y por empecinamientos idealistas, hasta el punto de consentir que, por no ser capaces de atender las advertencias de quienes les quieren aconsejar y están capacitados para ello, permitan que el rumbo de la nación se tuerza hacia caminos de empobrecimiento, desempleo y caos económico. Es evidente que, el señor Fernández Ordóñez, el director del Banco de España, nombrado por el mismo Zapatero y de filiación política socialista; no es un señor que, cuando emite su opinión sobre un tema determinado, lo haga a tontas y a locas ni,tampoco, influido por las teorías de la derecha ni, mucho menos, para apoyar al PP. Por eso, cuando el señor Ordóñez da un toque de atención al Gobierno y lo hace, precisamente, en el sentido que lo ha hecho de reconocer que, en España, no vamos a poder salir del atasco en el que estamos metidos si a las empresas no se les da medios para que puedan adaptar sus estructuras a las necesidades del momento, para que con ello puedan hacerse más competitivas, más ágiles y conseguir mejorar su productividad; es preciso, ante todo, que se le de un giro a la normativa que regula el mercado laboral, se flexibilice la posibilidad de adaptar las plantillas a las perspectivas que la marcha de su actividad productiva les aconseje, sin necesidad de que el tener que soportar una carga desproporcionada de costes laborales, les impida lograr sus objetivos comerciales y mantener sus opciones a ser competitivas con el resto de las industrias de la competencia.

El revuelo que se ha levantado en el PSOE cuando el señor Ordónez ha dicho que es preciso flexibilizar las plantillas y rebajar los costes del despido, para con ello dar posibilidades a las empresas de adecuarse a las exigencias de la oferta y la demanda de cada momento, en beneficio de los puestos de trabajo restantes; no se puede interpretar más que como una muestra de los habituales latiguillos de la izquierda, amarrada a sus tópicos de siempre y negándose a admitir que la única manera de que se produzcan nuevos puestos de trabajo es que, las empresas, gocen de buena salud económica; lo que supone que sean competitivas en este mercado globalizado, y cada vez más, que hace que la emulación ya no se reduzca a la de las empresas del resto de la nación, sino que se extiende a las del resto de las de todo el Mundo. Por propia experiencia conozco los obstáculos que, tanto por parte de los representantes de los trabajadores en las empresas, como de los propios sindicatos nacionales, siempre se han puesto a que se mejore la productividad en las empresas, cuando esta mejora se base en un mayor esfuerzo y rendimiento de sus trabajadores. La consecuencia la tenemos ahora, cuando resulta que España está a la cola de los países de la CE en cuanto a la productividad de su mano de obra. Y esto, por supuesto, no es una afirmación gratuita mía, sino que son datos de la propia UE según los cuales se desprende que la producción industrial española es una de las que “lidera” el desplome de la de la eurozona. Así, en diciembre del 2008, resulta que se observaron retrocesos, en la producción industrial de la eurozona, con respecto al mismo mes del año anterior que, en el caso de España, llegaron a un descenso del 19’6%, sólo superada por Estonia (-20’7%) y seguida por Suecia (-18’4%).

Una caída de la producción industrial no tiene otra explicación que una falta de demanda y ello se ha de atribuir a dos causas: la recesión económica y nuestra falta de competitividad con respecto a las industrias con las que hemos de compartir el mercado internacional. Pretender que podremos conservar todos los puestos de trabajo, en estas circunstancias, es algo que está rayando la estupidez y si, el señor Zapatero, fía toda la recuperación de nuestro mercado en lo que el llama “sostenibilidad ambiental” es que no vive en este mundo y está en otra galaxía que seguramente se puede denominar “Utopía”. Parece que no se ha enterado todavía de que con ayudas deslavazadas, sin orden ni concierto y olvidándose de las reglas elementales de la economía no se consigue nada y, si no, veamos lo que ha ocurrido con el dirigismo estatal en los antiguos países de detrás del Telón de Acero y lo que, en la actualidad, está sucediendo con las economías de Venezuela, Bolivia, Argentina y toda esta serie de repúblicas bananeras del Cono Sur, tiranizadas por “ salvadores de la patria” y, sin embargo martirizadas por la miseria y el hambre.

Las contradicciones de ZP son tan evidentes como son decir: “que lo que crea empleo es la actividad económica” para añadir que: “los derechos sociales y el bienestar es lo que queda riqueza” sin tener n cuenta que no hay bienestar social si las industrias, los comercios y los servicios no funcionan adecuadamente y aceptando las reglas del mercado. Si las empresas no son viables no habrá bienestar ni se generará riqueza y, las conquistas sociales, deberán ceder ante la realidad de una Seguridad Social descapitalizada (cada día hay menos cotizantes y más desempleados) y unas arcas del Estado exprimidas y endeudadas, precisamente, por haber encauzado mal las ayudas que se han proyectado, por falta de recaudación de los impuestos a causa de la disminución de la actividad económica con la consecuente mengua de beneficios, unido a las suspensiones de pagos y quiebras de los miles de empresas que cierran sus puertas por no poder sobrevivir a los avatares de la crisis. Parece que, el señor ZP y sus huestes, no se percatan de que si, a las empresas, no se les dan facilidades para adecuarse al tamaño adecuado, no consiguen créditos para su circulante y no se descargan de gastos superfluos; no les va a quedar otro recurso que acudir a los ERE’s con lo cual se llega a los mismo efectos que si se pudiera despedir al personal sobrante, pero con otra dimensión mucho más gravosa para los trabajadores y es que, cuando se cierra una empresa todos los trabajadores pierden sus puestos de trabajo y si, sólo se desprende del sobrante de peronal, se mantienen una parte de los puestos, se agiliza su actividad y mejora su productividad, lo que le puede permitir seguir compitiendo en mejores condiciones contribuyendo a disminuir el efecto de la crisis en otras entidades

(proveedores), cuya propia existencia depende de que aquella siga funcionando.

Si no se quieren entender estos planteamientos, si se desprecian soluciones inteligentes y que, a la larga, resultan menos traumáticas y ayudan a la reactivación de la economía de la nación; es que nuestros gobernantes están ciegos o su obcecación en mantener sus planteamientos arcaicos y desprestigiados de un socialismo trasnochado, les impulsan a preferir consentir que el país se dirija a una situación irreversible, con los peligros que ello conlleva en el orden social ( que ya los empezamos a advertir en nuestra vida cotidiana con el aumento de actos criminales y delitos contra la propiedad) y a la misma estabilidad de toda España. Mal vamos si, después de tantos errores políticos y tanta falta de visión económica, por si fuera poco, nos negamos a admitir las equivocacione en las que se han incurrido. Si es así, ¡apaga y vámonos!

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