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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Otra vez el ‘gorila’

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 16 de febrero de 2009, 11:45 h (CET)
Sinceramente no nos ha pillado por sorpresa la expulsión de Luis Herrero por parte del ‘gorila rojo’. De tal esperpento de gobernante — si es que así se le puede calificar — se puede esperar cualquier cosa. Y si alguien lo duda, que se lo pregunten a nuestros compañeros, Martha Colmenares y Alexis Marrero. Ambos sufren a diario los excesos de la represión y la amenaza en Venezuela, lo que nos hace recordar la represión cubana contra los disidentes.

Luis Herrero ha dicho lo que debía; es más, estaba obligado a ello. La prudencia del periodista siempre le ha llevado a llamar a las cosas y a las situaciones por su nombre. Y ahora no ha sido una excepción.

Las autoridades consulares y diplomáticas de Venezuela han demostrado ser una ruina, además de haber sacado a relucir su baja catadura moral. Han recurrido a las disculpas más peregrinas para no amparar al periodista. Solo desde la maldad socialista (que es abundante y premeditada) se puede esperar algo así. No nos extraña que el derechista, Jorge Moragas, haya cogido un ‘rebote’ de padre y muy señor mío.

Ni sabe lo que es la democracia (mis amigos y compañeros, muchos de ellos periodistas, son perseguidos a diario en Venezuela, les cierran sus Webs y sus blogs, incluso les amenazan), tampoco sabe qué es la igualdad quien censura y menosprecia a las mujeres. Ni siquiera conoce la solidaridad. Estamos ante un gobernante despreciable, con tintes y maneras dictatoriales que le llevan a pretender perpetuarse en el poder.

De cobardes habría que tachar a quienes consienten semejante brutalidad por parte del ‘gorila rojo’. Chávez debe ser apartado del poder por la vía democrática o a patadas, antes de que se asiente en el poder y perpetúe sus ‘goriladas’. El ‘gorila’ merece todo el desprecio político y social de los venezolanos y todo cuanto podamos enviarles desde el exterior.

A ver qué zanganadas se le ocurren al embajador de Venezuela en Madrid, Alfredo Toro Hardy, ante el director general de Iberoamérica. No faltará aleccionamiento del ‘rojerío’ español o del propio ‘gorila rojo’. Ni siquiera han respetado a Luis Herrero como observador internacional; saben de su ilustre dicción y de su pensamiento directo. Se puede hacer más daño con la palabra que con la espada.

Habrá que escuchar en los próximos días a Carlos Iturgaiz y a Mayor Oreja. La izquierda suele repetir su discurso y sus atropellos. Pasa por la historia de forma vulgar, pero la historia no les cambia. Volvemos al eterno parricidio del socialismo, al que aludía Balzac, y a la mayor de las venganzas cuando asoma las orejas el socialismo de pedal y castaña envejecida.

Es preciso pedir de inmediato la dimisión de Dámaso de Lario, embajador en Venezuela, que se ha desentendido de la delegación del Partido Popular europeo, hasta el punto de comunicar “que no podía acompañarles al aeropuerto porque no tenía disponible su coche blindado y no quería desplazarse sin coche blindado”. Pero no solo la embajada se ha desentendido, sino que el consulado no aparece por ningún lado.

Hay que investigar si embajador y cónsul estaban en orgía alguna o ‘volados’ de otra forma, pues de otra forma no se entienden los atropellos y barbaridades cometidos contra la delegación de observadores. Ambos personajes se han hecho merecedores del desprecio democrático de quienes sí creemos en los valores de la persona y del sistema. Por mucho menos soltaron un zapato a quienes ustedes saben. Suelto mi simbólico zapato a ambos.

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