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¿En manos de quienes estamos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 14 de febrero de 2009, 23:31 h (CET)
No sé si ustedes experimentarán la misma sensación, no sé si se trata sólo de apreciaciones mías o es que, realmente, hemos entrado en una fase en que parece que se ha desatado una locura colectiva, una transmutación de valores o una verdadera inmersión en la insensatez, el desconcierto y la ruina moral, en un experimento desesperado de la humanidad de deshacerse de la civilización, de las religiones, de cualquier adelanto de los que hasta ahora se han concebido como signos de progreso o conquistas culturales, científicas y sociales; para hacer tabla rasa de todo, en un intento involucionista de retornar al estado primitivo de la barbarie, tal y como la entendían los ciudadanos romanos. Parece que el pasotismo de las actuales generaciones, su falta de estímulos, su entrega a sus más primitivos instintos y su desprecio por todo lo que pueda significar progresar en el conocimiento, esfuerzo en el trabajo o excelencia en las artes y la cultura; nos conduce a un futuro incierto, en el que es posible que la humanidad prefiera entregarse a un estado de indolencia y conformismo que la conduzca a amoldarse a la comodidad que le pueda proporcionar la tiranía de un Estado absolutista, en el que todos fueran funcionarios y le correspondiera al propio gobierno la tarea de ser quien asumiese todas las responsabilidades de la producción, la economía, la justicia, la promulgación de leyes, la defensa, las artes, la cultura y, en definitiva, del funcionamiento de toda la nación de forma que, todos los ciudadanos, sin distinción de clases, origen, sexo, preparación o estado, se verían sometidos a un adoctrinamiento que los convertiría en meros clones intelectuales de sus semejantes, con la única función de trabajar, practicar el sexo y reproducirse, siempre bajo la tutela del “Estado protector” que sería quien dictaría la normas y, por supuesto, el que marcaría las pautas de conducta bajo las que deberían desenvolverse.

Como ya habrán adivinado lo que he expuesto no es más que un facsímile del modelo comunista tantos años practicado en la antigua Unión Soviética. Lo que ocurre es que, las experiencias de los que vivieron bajo su dictadura se han ido diluyendo a medida que, quienes las experimentaron, han desaparecido o ya son muy mayores y los que les han sucedido o ignoran las advertencias de sus mayores o lo consideran todo exageraciones; como ocurre en España cuando intentamos explicarles, a los más jóvenes, la situación extrema de descomposición social, de falta de autoridad y de anarquía absoluta por la que pasaba la II República de febrero de 1936, lo que dio lugar al levantamiento del ejército de Marruecos. No obstante, vean ustedes las vueltas que da el Mundo, estamos empezando a vislumbrar una serie de señales, de signos preocupantes que nos llevan a rememorar situaciones parecidas, movimientos semejantes, errores idénticos y, lo que todavía asusta más, personajes calcados a aquellos que fueron los culpables de que España se viera envuelta en un caos de sangre y fuego.

No somos sólo nosotros quienes lo hemos advertido, ni tampoco los únicos que sentimos preocupación por ello; porque el aumento desmedido del paro ( hoy hemos sabido que en EEUU ha aumentado en 600.000 personas) está llegando a cifras en las que nunca nos habríamos atrevido a pensar y, lo peor de todo ello es que, ni a nivel de nuestro país ni, por lo que vemos, del resto de países de la UE ni del continente americano; las medidas que se han adoptado han conseguido paliar los efectos de la recesión. Esto nos lleva a la conclusión de que estamos en manos de gobernantes que son incapaces de actuar de forma eficiente y acertada para establecer las medidas adecuadas destinadas a zanjar el peligro de que entremos en la banca rota y que, el efecto del paro, pueda llegar a constituir un problema de orden pública y la semilla de una revolución cuyas consecuencias serían difíciles de prever. Parece que el señor Sarkozy, de Francia, por fin y a regañadientes, está dispuesto a rebajar los impuestos una medida que, por raro que pueda parecer, parece que levanta ampollas en todos los países, que han preferido dar dinero a manos llenas a los bancos, establecer ayudas puntuales a determinados sectores de la producción y poner paños calientes en forma de ayudas sociales, aplazamientos de pagos de hipotecas y fomento de obras públicas en lugar de empezar por lo más fácil, aquello que afecta a todos los ciudadanos y les priva de poder disponer de dinero para gastar, el que sirve para aumentar la demanda y a su vez para reactivar la producción, es decir, bajar la carga impositiva.

Estamos ante un conjunto de gobernantes que está claro que van a la deriva, sin ideas para superar la situación en la que estamos, dando palos a ciegas y, por si fuera poco, más empeñados en las cuestiones electorales que en tomar el toro por los cuernos y enfrentarse de verdad con el grave problema al que estamos encarados. Cuatro millones de parados es una bomba de relojería; dos millones de parados sin cobrar el subsidio por agotamiento de las prestaciones, es un volcán a punto de reventar; pero, si añadimos 800.000 familias en las que todos los que las forman están en paro y, por añadidura, dejan de cobrar el subsidio; entonces, señores, ya no hablamos de presunciones o de utopías, ¡entonces tenemos un problema grave! Y que no nos hable Zapatero de otras subvenciones o de más ayudas, porque todos sabemos que España no puede endeudarse más, que nadie se fía de nosotros y que los bancos españoles están hasta las narices de Deuda Pública española y ¡todo tiene un límite!. No les va a quedar más remedio que, a diferencia de lo que en su momento debieron haber hecho, o sea, bajarlos, ahora, cuando el tiempo y las circunstancias aprietan, se verán en la necesidad de aumentar los impuestos. ¡En plena recesión y con las familias agobiadas por los problemas derivados de la crisis, van a tener que aumentarnos los impuestos!, y lo van a tener que hacer debido a que todas las otras alternativas que tenía el Gobierno se le están agotando.

¡Ah!, y por si a alguno se le ha olvidado, les recuerdo los 3.000.000 de inmigrantes que tan alegremente han ayudado a aumentar la población española. Pero, no se queda aquí todo, porque ya tenemos en puertas a unos 150.000 “españoles”, que van a venir en los próximos años, que son los “descendientes” de los expatriados de la República. Pronto los que vengan de fuera nos van a sacar de casa pero, mientras tanto, han ayudado a que vayamos dando tumbos y cada día de mal en peor.

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