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Etiquetas:   Política   Investidura   -   Sección:   Opinión

La Pasionaria y C.Marx se dan la mano en el discurso de Iglesias

“La demagogia es la hipocresía del progreso” P.J.Proudhon
Miguel Massanet
jueves, 3 de marzo de 2016, 08:43 h (CET)
Si hay algo que decir sobre este segundo día de la sesión de investidura –lo de ayer fue sólo un monólogo dirigido, presentado y organizado, con la ayuda del presidente del Congreso, señor Paxi López, en loor del señor Pedro Sánchez, presunto candidato a la presidencia del gobierno de España – sería darle el apelativo de singular, de atípico y de estar caracterizado por el hecho inusual de que, el aspirante, acude a la sesión de investidura sin tener asegurados los apoyos necesarios para salir elegido. Normalmente cuando un aspirante a gobernar la nación española acude al Parlamento para promocionarse en busca de la investidura, acude con un programa de gobierno lo suficientemente elaborado como para que la futura política que tiene prevista llevar a cabo el futuro ejecutivo resulte entendible, asimilable y lo suficientemente coherente como para que el votante se pueda sentir identificado con él.

En el caso del señor Sánchez se ha dado, de nuevo, la circunstancias de que el debate que ha preparado parecía ser más que una presentación de un programa serio, más que una serie de propuestas dirigidas a mejorar la situación de España y de sus habitantes o una lista de cambios que pudieran sacar a los sin trabajo de su situación, a las empresas de sus problemas de financiación o a las autonomías de sus posibles carencias de financiación; un monocorde estribillo, a modo de alegato sobre su adversario político, el PP o, todavía más hiriente, un ataque repetitivo, insolente y demostrativo de la inquina particular que, el señor Sánchez, alberga respecto a la figura de don Mariano Rajoy, al que no deja de injuriar, venga al caso o no. No se crean ustedes que esta postura sea simple casualidad, no señores, se trata de una sibilina estrategia consistente en dividir a los parlamentarios entre aquellos que voten su investidura y aquellos otros que, si no lo votan, es porque quieren favorecer a la “derecha” del señor Rajoy; a la que él, particularmente, ha querido convertir, no en su adversario político, sino en su irreconciliable enemigo, al que no basta con apartar del gobierno de España, sino al que hay que destruirlo, junto al PP, hasta que no quede traza de él.

Pero el señor Sánchez no es enemigo para un señor Rajoy en plena forma y seguro de sus argumentos, aderezado con esos toques de sorna y socarronería que le caracterizan y que él maneja como nadie y lo convierten, cuando se sube al atril, en un enemigo verdaderamente temible. Hoy, a pesar de lo que puedan argumentar los seguidores del líder socialista, el señor Sánchez ha salido vapuleado. Es cierto que, como ha dicho el actual presidente en funciones, “el señor cambio” ha vuelto a ser, el mil veces repetido eslogan esgrimido por el aspirante, en un intento inútil de arrastrar al resto de partidos a otorgarle su confianza. Lo que sucede es que, como le ha recordado el señor Rajoy, esta España, negra, empobrecida y, según él, precisada de una regeneración, sólo existe en la mente calenturienta de quienes quieren utilizar semejante barbaridad en su provecho, haciendo creer a los ciudadanos que, lo que ha llevado a cabo el PP desde el 20N del 2011, a favor de la recuperación del país, el haberlo salvado de tener que ser rescatado y encaminarlo hacia nuevos horizontes que nunca se hubieran imaginado quienes ahora, a tiro pasado, sacan pecho, infravalorando todo el trabajo que, el PP, ha llevado a cabo durante estos cuatro años a favor de España; no ha sido más que en beneficio de los “ricos” y de los “banqueros”, uno de los latiguillos de la izquierda usados para explotar los peores instintos del pueblo, cuando no tienen mejores argumentos en los que apoyarse.

Claro que, cuando ya creíamos que se había acabado el espectáculo y que la parte importante del debate había concluido, hemos tenido la sorpresa de poder escuchar al señor Pablo Iglesias, el descendiente directo de aquel Pablo Iglesias fundador del PSOE, como se ha encargado de recordarles el comunista a sus colegas socialistas; irrumpir con lo que podríamos clasificar como intento de “lección magistral”, propia de un profesor universitario, que ha tenido a bien ensalzar a sus predecesores de la II República, aquellos que él pretende convertir en héroes y que, por poco que se sepa de la reciente historia de nuestra nación ( si nos olvidamos de la impresentable bazofia de la Ley de Memoria Histórica) muchos calificaríamos de terroristas, asesinos de curas, torturadores de personas de bien y católicos y culpables de que, en aquellos tiempos que precedieron al Levantamiento del 18 de julio, las calles de ciudades como Madrid y Barcelona se hubieran convertido en lugares intransitables, en los que los pistoleros se encontraban a sus anchas, asesinando y robando a mansalva y, las milicias de la FAI y la CNT, se habían hecho dueñas de la situación, sin que el gobierno de la República fuera capaz de poner el menor orden si es que, realmente, hubiese estado interesado en ello.

Si alguien hubiera tenido la más mínima duda del jaez político del líder de Podemos, uno de los defensores de aquella movida del 15 de Mayo del 2011, apenas unos meses antes de que el señor Rodríguez Zapatero tirara la toalla y convocara elecciones; el mitin político ( el mismo ha reconocido que no tenía experiencia en hablar en lugares como el Parlamento) que, a modo de soflama, ha largado el señor Iglesias, donde se ha demostrado ser un airoso discípulo de José Stalin en la rotundidad de su discurso, un aplicado propagador del marxismo y un digno orador al estilo de la fogosa y peligrosa musa del comunismo español, doña Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, aquella de quien se dice que pronunció aquella fatídica frase “Este hombre ha hablado por última vez” , expresión profética porque el señor Calvo Sotelo, el destinatario de tal expresión, fue vilmente asesinado poco tiempo después.

Lo cierto es que, este líder del comunismo bolivariano, enviado a España y protegido, junto a sus compañeros de equipo, por el dictador venezolano, señor Maduro y que viene siendo financiado desde Irán a cambio de no se sabe bien de que servicios, ha aprovechado su presencia en la cámara baja para explayarse y dar una conferencia sobre las “maravillas” del sistema comunista, de actuar de espaldas a Europa y, de paso, presentarse como el único líder capaz de sacar al país de su ”grave situación” y de la absoluta “miseria” en la que se encuentra. Sólo le ha faltado aprovechar para exhibir unas proyecciones de la floreciente Venezuela, a la que ellos, los de Podemos, tanto han contribuido a que se convirtiera en lo que, en la actualidad se ha convertido; con imágenes de la situación en la que se hallan los presos políticos que la dictadura se niega a poner en libertad, con el apoyo, por supuesto, del ejército. Lástima que su alocución, evidentemente dirigida a un determinado sector de la sociedad, sólo haya convencido a aquellos que siguen dispuestos a convertir, de nuevo, a España en un terreno abonado para una nueva contienda, como la del año 1936.

El resto, incluidos los nacionalistas con su ínclito e infumable señor Tardá, no merecen que perdamos tiempo en comentar sus alocuciones que, por previsibles, redundantes y sectarias nunca aportan nada que pueda considerarse digno de mención. Excluyo a Ciudadanos que, por estar conchabados con los socialistas de Sánchez, han representado un papel de Don Tancredo centrado, especialmente, en las diversas expresiones, unas veces sonriente, otras moviendo la cabeza en forma afirmativa o negativa y las más pétreas, como corresponden a alguien que nada tiene que agregar a lo que considera axiomático, que no tiene discusión alguna.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, si pensábamos que España estaba en riesgo de caer en manos de personas irresponsable, si nos temíamos que, como reza una de las leyes de Murphy: “La democracia consiste en elegir a nuestros dictadores, una vez que ellos nos han contado lo que creemos que deseamos escuchar” o desesperábamos al ver como las votaciones del 20D habían creado una situación diabólica de la que se podía esperar de todo, menos algo bueno. Hoy, visto el resultado del debate que ha tenido lugar y después de escuchar a quienes se han otorgado la mayoría de forma espuria, ya no nos queda duda alguna: estamos abocados a un fracaso de dimensiones colosales y, esto, señores, no hay quien lo arregle como no sea un milagro del Señor.
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