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La espiral del nerviosismo

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
viernes, 13 de febrero de 2009, 10:56 h (CET)
No por decirlo Zapatero gritando más se desconfiará menos de él. No por descalificarlo Rajoy con la frase más ocurrente dejará de ser menos creíble. Los dos están demasiado nerviosos. Y el nerviosismo se contagia a la sociedad.

Ante las situaciones graves, como la actual, la sociedad necesita, precisamente, políticos serenos. Como también medios de comunicación ecuánimes. Y,en general, no tenemos ni una cosa ni otra. Esto nos conduce a todos por la espiral del nerviosismo.

El cuerpo social queda así bajo de defensas, menos inmune y con una menor capacidad de reaccionar ante los problemas. Ni asimila las recetas que se le proponen, ni engendra energías propias. Es un cuerpo seriamente debilitado ante la necesidad de tirar adelante.

Es lógico que los dirigentes políticos estén seriamente preocupados en estos momentos. Los que gobiernan y los de la oposición. Pero si en lugar de política se dedican a hacer electoralismo, llevarán al país a la crispación y a las reacciones más inesperadas; a la catástrofe.

Las medidas más acertadas, en un ambiente generalizado de desconfianza y desasosiego, no surtirán efectos favorables. En un clima más sereno y de confianza, medidas mediocres pueden ser vitalizantes. Esto supone abandonar electoralismos y demagogias y sumar esfuerzos para acertar en el diagnóstico y en la terapia y su aplicación.

¿De qué sirve que un presidente Zapatero, ahora con cara desencajada de tigre ardiéndole la cola, proclame a grito pelado que “no dejará a nadie tirado en la cuneta”, cuando cada día se destruyen mil empleos? Es un lenguaje y un tono que infunden miedo.

¿De qué sirve que Rajoy,el jefe de la oposición, le descalifique como “el más desastroso vendaval de la ineficacia y la incompetencia”, cuando en sus filas partidistas hay desmadre y cainismo? No sirve mucho para hacer oposición constructiva, más bien para debilitar a todos.

Y los medios de comunicación, que deben reflejar la realidad y valorarla ecuánimemente, ¿por qué gritan también en los primeros planos, la misma palabrería vacía, partidista y demagógica –con frecuencia aumentando su radicalidad y volumen- de unos políticos desorientados, desbordados y en ataque de nervios, en lugar de dedicarse al análisis sereno, independiente -de auténticos expertos y no charlatanes- de la realidad y de las medidas adecuadas?

Si unos gritan desesperados, en lugar de gobernar o hacer oposición constructiva, y otros les ponen a todo volumen el micro delante, la espiral del nerviosismo colectivo será imparable. Y nadie sabe dónde nos conducirá.

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