Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Zapatero teme la huelga general y ¡hace bien!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 13 de febrero de 2009, 10:56 h (CET)
Zapatero sigue subido a la higuera buscando higos donde ya no hay, porque la temporada de estas sabrosas frutas ya ha pasado. Lo malo del caso es que, mientras nuestro Presidente se dedica a labores contemplativas, ajeno a lo que está ocurriendo en este país, pensando, seguramente, en la forma de embadurnar de detritus al partido de la oposición y desesperándose de ver como el partido de Rosa Diez va arañando, de un lado y de otro, buenos puñados de votos, sin más que valerse de la herramienta de un discurso claro, entendible, nada sofisticado y, por supuesto, lleno de sentido común; vean ustedes como, esa vieja España, va de tropiezo en tropiezo, sin que toda la oratoria del señor ZP y toda la demagogia de la que tanto uso hace en sus discursos ante la complacencia de sus fans de siempre – los que le votarían aunque se estuvieran muriendo de hambre –, sirva sólo como una artimaña para encubrir sus carencias, su incapacidad para gobernar adecuadamente y la utilización de su influencia ante la izquierda para ganarse hacia su causa a aquellos que no consienten en otorgarle un voto de confianza a la derecha, a esta derecha que, en la legislatura del señor Aznar, fue capaz de sacar al país del marasmo económico y moral en el que lo había dejado el señor Felipe González; para elevarla a la categoría de una nación de primer orden, digna de figurar entre las más importantes e influyentes de toda Europa y una de las mejor consideradas en todo el Mundo.

No se ha apercibido, el señor ZP, de que con cuatro cosidos y unos pocos remiendos no se puede sacar a nuestra nación del lodazal económico en el que la ha metido, con la inestimable ayuda de su equipo de gobierno. Si ha fracasado estrepitosamente con el modelo de ayudas que puso en práctica, empezando por las ayudas a los bancos; ahora sigue emperrado en mantenerse en sus trece fiando, como quien se agarra a un clavo ardiente, en que los 8.000 millones que les ha entregado a los ayuntamientos para que contraten personal para obras pública, obras menores por supuesto, y de efecto transitorio que, en modo alguno, tendrán un efecto decisivo en cuanto a detener el torrente imparable del desempleo que, la caída de la construcción, en primer lugar, y la subsiguiente propagación el resto de la industria y los servicios, más tarde, han creado. La muestra del grado de preocupación que afecta a ZP la tenemos en el temor cervino a que los trabajadores le hagan enfrentarse a una huelga general por lo que se ha apresurado a llamar a los líderes de CC.OO y de UGT, señores Toxo y Méndez, para pedirles que se esmeren en controlar a los suyos, porque una movilización general de los obreros en contra del Gobierno socialista podría traer, sin duda, serios descalabros a la izquierda nacional. Lo que les ha prometido a cambio no lo sabremos aunque, por lo que ha ido anunciando en sus mítines electorales, parece ser que les ha garantizado que no se va a abaratar el despido y que no se van a recortar ninguna de las conquistas sociales actualmente vigentes.

No obstante, a la que parece que no tiene tan controlada es al empresariado que, últimamente, da la sensación de que se va quitando la venda que cubría su visión de la realidad y ya ha empezado a quejarse del deterioro en el que va cayendo la economía; circunstancia que les está poniendo ante la más difícil situación que han conocido en muchos años. No es una tontería lo de abaratar el despido si es que, con ello, se puede hacer que empresas agobiadas por sus costes, con una exigua cartera de pedidos y con un importante porcentaje de morosidad, puedan sobrevivir conservando parte de sus puestos de trabajo. La alternativa no garantiza, en manera alguna, que los trabajadores sigan en activo; puesto que el destino de una empresa sin viabilidad alguna y debiendo soportar unos costes laborales insoportables, no es otro que el del concurso de acreedores, en el mejor caso o la quiebra, si no se llega a tiempo de acudir al primer supuesto.

Es evidente que el señor ZP intenta, a toda costa, ganar tiempo, algo que, al parecer ya se le ha acabado. Si es que no se atreve a tomar medidas impopulares, por miedo a tener problemas laborales, es posible que, a no tardar, se vaya a encontrar con situaciones de más difícil solución cuando la retahíla de empresas que, en estos momentos están, cada vez más, tirando la toalla y cerrando sus puertas –en ocasiones sin que sus trabajadores puedan percibir otra indemnización que el pasar a percibir el subsidio de desempleo – le pongan en la calle un par de millones más de parados. No debemos perder de vista, como ya he comentado en otras ocasiones, que los subsidios a los desempleados tienen un tope en función del tiempo que lleven cotizando y que, el millón largo que ya no cobran ninguna clase de ayudas no es más que el principio de una masa a la que se le irán añadiendo, cada día, más elementos. Puede que la huelga general que ahora pretende evitar la tenga que soportar con más virulencia, cuando llegue un momento en que estalle el descontento de todos estos millones de personas. Esto puede ocurrir si, en lugar de procurar ayudar a las empresas de una forma racional y efectiva, para que se mantengan a flote y conserven sus puestos de trabajo, al menos una parte de ellos; prefiere persistir en esta política de engaños, cambalaches y parches que no conducen a ningún otro resultado que a la catástrofe económica y social.

Por si nos faltaran más desgracias, hemos sabido que, la deuda de las autonomías va creciendo de una manera incontrolada. En efecto, si a los españoles no nos bastara con el enorme déficit del Estado, que nos ha situado al borde de la banca rota y que ha provocado el rechace de la Deuda Pública española por los inversores extranjeros; ahora, hemos conocido que, también las autonomías, para financiarse (ya que las ayudas estatales no llegan), han tenido que espabilarse emitiendo su propia deuda pública. Al parecer en el año 2008 emitieron 5.800 millones de euros más, alcanzando la cifra más alta de su historia al sumar la cantidad de 63.500 millones de euros, según cifras del Banco de España. Claro, a más competencias más gasto, esto era previsible. Cada vez los trucos empleados para maquillar deudas, como pudiera ser, el crear empresas de titularidad pública, resultan insuficientes y, lo peor, es que parece que en este 2009 se anuncian incrementos de deuda de otros 12.000 millones de euros. La bola de nieve cada vez rueda más rápida y la nieve se va acumulando de tal manera que, cuando nos queramos dar cuenta, esta inmensa deuda que vamos acumulando, junto a los abultados intereses que genera, va a ser tan inasumible para España y los españoles, que no habrá medio de afrontarla. Dos graves peligros: la inestabilidad social y el “crack” económico. ¿Es que todavía queda alguien que confíe en José Luis Rodríguez Zapatero? Yo no, por supuesto.

Noticias relacionadas

Trampantojos esperpénticos

Quiero una democracia como la sueca, no una dictadura de izquierdas demagógicamente mal llamada democracia como la que tenemos en España

Ministra de Justicia, Garzón, un comisario, Sánchez e Iglesias

¿Pero qué pasa aquí?

¿Son útiles las religiones?

El sincretismo religioso conduce a no creer en nada

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris