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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La fortaleza y el honor de Dios

Piedad Sánchez (Málaga)
Redacción
viernes, 13 de febrero de 2009, 11:58 h (CET)
Ayer, 6 de febrero la Iglesia relata en el evangelio de la Misa el martirio de Juan el Bautista que fue fiel hasta dar la vida a la misión decidida por Dios.

Si se hubiera callado ante lo que veían sus ojos no hubiera muerto degollado en la cárcel de Herodes. Fue modelo de coherencia hasta el final por los principios que daban sentido a su vida.

Cuando un hombre o una mujer es cristiano y se toma esa condición en serio, sabe que su desenvolverse en la vida está regido por unas creencias y una moral que libremente hace suyas. Por lo tanto no va a tener una vida fácil ni cómoda, ir contra corriente no lo es y, como ejemplo de esta situación tenemos a los mártires que dieron con su vida un testimonio de fe en Jesucristo y de amor

Sin embargo el Señor no pide a la mayoría de los cristianos que derramen su sangre en testimonio de la fe. Pero nos pide a todos una firmeza heroica para vivir como cristianos en ambiente hostiles a las enseñanzas. Por eso, el cristiano de hoy, necesita de modo especial de la virtud de la fortaleza como contrapunto a lo que hay alrededor. Esta virtud es como una moneda de oro fino, con dos caras muy distintas entre sí pero complementarias. Por una dibuja la imagen de la valentía, de acometer el bien sin pensar en los peligros y dificultades que va a encontrar. La otra cara es la capacidad de resistir esos peligros y dificultades.

La primer cara nos ayuda a ser valientes y audaces. La segunda nos lleva por el camino de la paciencia de resistir los males, a ser perseverantes en el bien.

Los cristianos tenemos que ser fuertes porque nunca fue un camino cómodo seguir a Cristo. A Cristo, no se le sigue de una vez para siempre, a Cristo después de ver con claridad una primera vez que es el Camino, la Verdad y la Vida, están las decisiones del día a día. Fuertes tenemos que ser los cristianos, para ser fieles en lo grande y en lo pequeño de cada día. Y hay que demostrarlo no sólo con el pensamiento sino haciéndolo realidad en el trabajo, en la vida familiar, en la vida política y social, ante el dolor, la enfermedad y la muerte. Siempre y en todo lugar.

"Muchos cristianos parecen haber olvidado que Cristo es verdaderamente el tesoro escondido y la perla preciosa, por cuya posesión vale vender cuanto tenemos" (Fdez. Carvajal).

Hay que cumplir el deber pacientemente con fortaleza y amor y no solo viviendo en nuestro foro interno. Falsa fe, seria aquella que careciera de manifestaciones externas, por eso, no podemos refugiarnos en las sacristías, hay que salir al mundo, a la calle, a todos los caminos y dar testimonio de ella sin cosas raras, con sencillez.

El honor de Dios está por encima de las conveniencias personales. No podemos estar pasivos cuando se quiere poner a Dios en la vida pública o arrinconado en el fondo de las conciencias. Los cristianos somos ciudadanos de primera clase, pagamos impuestos, pagamos multas, esperamos en las mismas colas que hay en la Seguridad Social para la intervención que necesitamos, por eso y por muchas cosas más, tenemos el mismo derecho que el ateo más recalcitrante y lo vamos a defender, eso sí, siempre con serenidad, sin intemperancias, ni odios, a nada ni a nadie, pero con firmeza.

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