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Etiquetas:   Buñuelos de viento  

Rajoy, eres su hombre

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 12 de febrero de 2009, 12:40 h (CET)
Últimamente empiezo a preocuparme cuando me descubro de acuerdo con determinados gurús de la izquierda. Hoy mucho me temo que Pepe Blanco puede tener razón. Que tenga que dar la razón al secretario general de un partido, sea el que sea, me supone un escalofrío de los pies a la cabeza. Nunca hubo personaje tan sectario y parcial como el secretario general, pónganle el titulillo oficial que sea, de cualquier partido político. Por definición todos estos altos cargos tienen la mente degenerada, la vista nublada y la opinión viciada. Sin todos estos atributos nunca habrían podido llegar al cargo. Pues aún así estoy de acuerdo con José Blanco, tendré que llamar a mi médico de cabecera.

Rajoy no puede ser verdad, Rajoy es un infiltrado del PSOE para estrellar al PP contra los acantilados. Y Rajoy es obra de Aznar, el de la guerra de Irak. Échenle las culpas a quien corresponda, pero es cierto que el PP se está viendo envuelto en vientos que literalmente le llevan a su aniquilación. El prolongado silencio de Rajoy -sólo muy a última hora se ha pronunciado- únicamente puede ser calificado de cómplice tras observar durante meses la guerra desatada dentro de su partido en Madrid. Que haya pasado tantos meses sin cortar cabezas en su partido parece suicida.

Tanto tiempo esperando a que los problemas se arreglaran por sí solos tiene un precio: la guerra de los espías. El problema se ha ido acrecentando ante el desconcierto de los implicados y observadores. La cosa ha llegado al punto de salpicar a la estructura del partido y complicar, otro poquito más, las esperanzas, nunca demasiado grandes, de victoria conservadora en las próximas consultas electorales.

Si uno echa la vista atrás, muchos años atrás, siempre encontrará gentes del PP metidos en la "harina" de la corrupción. ¿Por qué esa fijación? La corrupción ciertamente no tiene colores y hay corruptos en todos los partidos. No, por favor, no me hablen de Felipe González, no me hablen de los GAL, no me hablen de Filesa, no me hablen de Roldán, que no vale sacar ahora trapos sucios del siglo pasado. Estamos en el siglo XXI y también ha hay corrupción socialista sin remontarse tanto tiempo atrás, pero ¿por qué la corrupción asedia con tanta repetición, con tanta insistencia, con tanta frecuencia, a militantes selectos del PP? ¿Por qué tantas portadas, por qué tantas entradillas de informativos, encabezadas con gentes próximas al PP camino del juzgado?

Vuelven las fotos de las denuncias a mostrarnos gentes engominadas, endomingadas, engalanadas. Vuelven las fotos de las denuncias a mostrarnos gentes engranadas con lo más selecto del PP. Vuelven sus candidatos estrella a las islas Caimán, vuelven a demostrarnos que sus flaquezas de memoria son más frecuentes si hay declaración de Hacienda por el medio. El PP se ha convertido en una máquina de perder votos, algunos de sus militantes madrileños están obcecados en entregar, gratis et amore, las elecciones a los socialistas. Hay que dar una vuelta completa al partido, ventilar, airear, refrescar y sustituir. Pero Rajoy observa callado, anonadado y abochornado. Nunca tan mala orquesta tuvo tan mal director.

José Blanco aplaude con las orejas, sonríe y disfruta tapando con todo ello el bochorno de Touriño y su irritante, vergonzante e insultante prodigalidad en tiempos de crisis. Cierto, seguro que sí, que está en esa labor, que es la suya, pero la verdad es que los titulares de cada mañana se lo facilitan, los motivos los pone el PP sobre la mesa.

Rajoy, eres su hombre.

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