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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un ejército en retroceso

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 12 de febrero de 2009, 12:40 h (CET)
Que el ejército español ya no es sombra de lo que fue no es ninguna novedad. Que un ejército, en el que cada día se enrolan más inmigrantes y menos oriundos, es algo que a nadie puede tranquilizar es evidente porque, si algo tenía de bueno nuestra milicia era el demostrado valor de la tropa y su innegable sacrificio y patriotismo que, en situaciones delicadas, sacaba fuerzas de flaqueza para, salir airoso de empresas que superaban en mucho la exigencia que se le podía pedir a la tropa en cuanto a sacrificio y heroicidad. Ejemplos como la gesta de los últimos de Filipinas, la defensa del Alcázar de Toledo o la resistencia numantina de Oviedo en la pasada Guerra Civil, no son más que repetición de lo que fueron la defensa de Zaragoza contra las huestes de Murat o el levantamiento del pueblo en Madrid que provocó la represalia de los mamelucos inmortalizada en el lienzo que representa los fusilamientos del dos de mayo, obra de nuestro insigne pintor, Goya.

Sea por la laxitud de un prolongado periodo de paz, fuere por los cambios de costumbres motivo de un tiempo extenso de bonanza económica o, acaso, por el cambio de mentalidad de las nuevas generaciones, que ha ido evolucionando hacia un egoísmo congénito que los ha llevado a prescindir de ciertos idealismos, del sentimiento íntimo del orgullo patriótico y del mismo concepto de compromiso moral con relación a España y el resto de españoles; lo cierto es que se ha ido implantando en la juventud la idea de que, servir en el ejército, era el equivalente a perder el tiempo y que mejor se pasaba drogándose, yendo de discotecas o entregándose al frenesí sexual de la práctica indiscriminada del sexo, sin importar con quien y ni de que modo, obviando la diferencia de sexos y primando la libertad y el libertinaje. ante sus opuestos: la moral y las buenas costumbres. El caso evidente es que, la derogación del Servicio Militar y su sustitución por la implantación en España de lo que se ha dado por llamar “Ejército profesional”, ha llevado a que la milicia se haya convertido en un recurso para aquellos desocupados, un banderín de enganche para los inmigrantes sin ocupación y un refugio para quienes desean aprender un oficio, aunque su amor por la patria sea inexistente y su vocación militar una mera inventiva para vivir a costa del Estado.

El hecho de que la “marcial” y “laureada” ministra de Defensa esté pretendiendo convertir a nuestros soldados en misioneros de la paz, que quiera sustituir en ellos su espíritu de amor a la patria y de defensores de su integridad y unidad, para convertirlos en algo parecido a una suerte de clérigos enviados a predicar la doctrina del socialismo a todos aquellos que los quieran escuchar, no por inédito es menos cierto. Soldados armados, deficientemente utillados y enfrentados a situaciones de peligro que tienen órdenes de no disparar o, en último caso, solo hacerlo en casos extremos y en legítima defensa; difícilmente van a poder cumplir con su misión de erradicar el terrorismo en Afganistán, con el peligro añadido de convertirse en los chivos expiatorios de los talibanes. Pero, como no podía ser de otra manera, al haber otorgado un cargo de tanta responsabilidad y dificultad a una señora pacifista, socialista y antimilitarista, como es la señora Chacón; ha permitido que la señora ministra no se haya conformado con pretender adornar con lazos de colores los carros blindados e inundar de perfume de Chanel las axilas de nuestras mujeres alistadas en el ejército, sino que ha querido cambiar las ordenanzas para adaptarlas a su estilo femenino, a su modo particular de entender cómo debe ser un ejército “de la señorita Pepis” o sea, un ejército al gusto de nuestro ZP, manejable, sumiso, poco beligerante y, al estilo de aquel del tiempo de la decadencia romana, más entregado a los placeres mundanos, al ocio, a la estulticia que a cumplir con sus deberes para con la patria.

El caso que aquí tenemos a la ministra que, ni corta ni perezosa, se ha puesto manos a la obra para pergeñar un nuevo código ético de las fuerzas amadas. Las Ordenanzas Reales de 1978 le han parecido obsoletas a la señora Chacón y ha querido cambiarlas para darles su especial toque femenino, con ramalazos, como no, de sus ideales socialistas que para esto la nombró don José Luis Zapatero, aunque en aquellos momentos, por estar embarazada, sólo pudo ser a “bombo” pero sin platillos. Y es que esta señora pretende que, como decía Gila, la guerra sea algo civilizado, donde se hable con el “enemigo” para pedirle que no ataque porque el general está con gripe o que nos devuelva las balas porque se nos han acabado. Pretender distinguir, en una guerra moderna, entre beligerantes y civiles; cuando los beligerantes, como en el caso de Hamas, utilizan como escudos a los civiles para disparar amparándose en ellos, es no tener ni idea de lo que está ocurriendo en el Mundo en el que nos ha tocado vivir. Si la señora ministra se cree que va a poder poner coto a los desastres inherentes a las guerras, no hace más que demostrar que no sirve para el cargo y que mejor estaría en otro puesto enseñando a hacer calceta a las viejas jubiladas. Lo que quiere la señora ministra es hacer un código ético de cómo ella quisiera que fueran los conflictos bélicos, sin darse cuenta de que, si los contendientes estuvieran dispuestos a portarse correctamente, a tener contemplaciones con sus adversarios, a no tirar bombas de racimo o a no poner minas ( por mucho que se hayan comprometido a ello en tratados internacionales) y a ser generosos con sus adversarios; entonces, señora mía, lo que sucedería es que no habría guerra, porque las personas civilizadas, sensatas y con el suficiente discernimiento para aceptar tales limitaciones no desean hacer la guerra.

Pero no terminan aquí los desmanes que está cometiendo esta señora porque, la última de sus hazañas, ha sido darles una alegría a los de la ETA y al resto de separatistas vascos cuando ha decidido reducir a la mitad el número de tropas acuarteladas en el País Vasco. No creo que la idea haya sido suya solamente y es muy probable que las instrucciones le hayan llegado de más arriba, lo que, a los que somos de natural desconfiado y no nos fiamos un pelo del señor Zapatero, nos podría inducir a pensar que algo se traen en el Gobierno y la cúpula de los separatistas para que, una medida tan extraña, tan poco oportuna y tan cargada de simbolismo se haya puesto en práctica apenas un mes y medio antes de las elecciones vascas. ¿Estrategia electoral?, ¿ganas de acercarse a los extremistas vascos o acuerdos bajo mano con el PNV para gobernar juntos? El todo vale al que nos tienen acostumbrados los socialistas, su inagotable capacidad para rociar de suciedad, ignominia y desprestigio a sus adversarios políticos y su innegable sentido del momento en el que descargar su veneno para beneficiarse del daño que produce en sus rivales, son proverbiales en las filas del PSOE; que nunca deja de sorprendernos y de conseguir, de paso, desestabilizar a los incompetentes e inocentes dirigentes del PP. ¡Cosas veredes Sancho…!

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