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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Así es la vida

Mario López
Mario López
jueves, 12 de febrero de 2009, 12:40 h (CET)
Desde que nació no hay un solo día que me lo pueda quitar de la cabeza. Con este único dato sé perfectamente que cualquiera sabe a quién me refiero. A mi hijo, claro está. Mi heredero universal. Mi ternura. Es como si se hubiera hecho un vivac en mi cerebro y hubiera convertido mis neuronas en un campo de amapolas.

Es cursi, pero cierto. Da igual que llueva, truene, me quede en el paro o me caiga un palomino en la calva. Estar con él es siempre una felicidad. Algo así como pasar la vida de veraneo en Waikiki, cazando gamusinos. Ya sé que esas criaturas no existen y precisamente por eso lo digo. Pero –como diría un cura en púlpito- en verdad en verdad os digo que los niños nacen mal. Nacen incompletos. Deberían venir con un manual del usuario para los padres y un certificado de trascendencia para dejar en el paro a los curas. En el manual te deberían de explicar, al menos, cómo no hay que educarlos y en el certificado decirte que irán al cielo si les das cincuenta euros cada finde para que se vayan de marcha y al infierno si les sustraes dinero de la hucha para pagar el butano. Todo esto que cuento viene a colación por la vaina que se traen con la religión. Que si la inmensa mayoría de nosotros somos católicos. Nos ha jodido mayo con las flores. Es como cuando a Roma le dio por convertirse y cerrar los muchos templos que por entonces proliferaban. Media hora antes de aquello la inmensa mayoría de los romanos eran politeístas. Pero luego no. Los judíos lanzaron una OPA hostil contra todos los demás templos y la cosa quedó reducida a un único dios verdadero. Claro que aquello ocurrió porque Roma no contaba, como cuenta Estados Unidos, con una ley antimonopolio. Verdaderamente la institución ha durado muchos años. Demasiados, diría yo. Pero todo tiene su fin y, poco a poco, el templo de nadie va ganando adeptos. Porque ya la gente va estando por otras cosas. Hay que reconocer que la religión ha tenido sus logros: la torre de la iglesia, que se ve desde la más remota distancia, pasando por las fiestas de guardar y acabando por las expresiones insustituibles como “vaya por dios”, “bendito sea el señor”, “que venga dios y vea”, “dios mediante” o “a dios gracias”. Pero el hombre es ingenioso y festivo como pocos y no tardará medio mes en sustituir unas cosas por otras. Nunca nos habíamos acercado más a nuestra propia naturaleza como el día que inventamos la electricidad. El ingenio más maravilloso del mundo, desenchufado es un trasto. El ser más bello del mundo, desprovisto del hálito vital, un cadáver. Así es la vida.

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