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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Seguridad en las relaciones pesonales

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 12 de febrero de 2009, 12:40 h (CET)
Por casualidad he visto en un programa de televisión de la tarde que había llegado a un centro educativo un autobús de la Consejería de Educación con la campaña “Sexo con seso” para informar a los alumnos de cuanto quisieran saber acerca de las relaciones sexuales y la utilización del preservativo. La cámara enfocó a un grupo de adolescentes que mostraban los condones que habían recibido y que algunos inflaban, como si se tratara de globos, en un jolgorio de risas.

El presentador recalcó que era necesario que se ofreciera desde los colegios una buena educación sexual para conseguir unas relaciones personales seguras entre los alumnos. Es decir, lo importante no es formar a los adolescentes y jóvenes en la honestidad y en el respeto mutuo, que para nuestras “progresistas” autoridades educativas deben ser valores en desuso, sino proporcionarle seguridad en el ejercicio irresponsable de una precoz actividad sexual.

Hay un decidido propósito de incitar a los adolescentes a que copulen sin limitación (pueden sustituir copulen por otra palabra más vulgar). Los condones van a formar parte del material escolar obligatorio de nuestros hijos.

En una tertulia televisiva, tuve que escuchar a una “opinadora” que defendía que el aumento de abortos se producía por la falta de formación sexual de los jóvenes españoles, inferior a otros países, por culpa de la oposición que en su día se desencadenó contra la campaña del “Póntelo, pónselo” que puso en marcha la ministra socialista Matilde Fernández. Bastaría observar la evolución del aborto en España para comprobar que es justamente lo contrario. La promoción del condón no evita los abortos, los facilita, ya que incita a una actividad sexual promiscua e irresponsable, a una tendencia al desenfreno y a la juerga en la que copular con o sin preservativo es lo de menos.

Si unimos esta aberrante sexualización de la juventud con el consumo de alcohol y otros estimulantes, los embarazos no deseados por las adolescentes y jóvenes tienen que ir necesariamente en aumento. Los varones además no tienen ningún problema y después de gozar a unas y otras se queda tan tranquilos. Es curioso que las feministas no digan nada ante esta radical desigualdad: la mujer queda embarazada y tendrá que ver lo que hace con la criatura que concibió y el que la embarazó queda exento de cualquier responsabilidad.

También es curiosa la fuerte imposición gubernamental de trabas al consumo de tabaco, frente a la aceptación pasiva del consumo de alcohol y otros estimulantes desde edades cada vez más tempranas.

El valor de la seguridad de que habla la Declaración de Derechos Humanos no tiene nada que ver con la seguridad en las relaciones personales que promueve la campaña “Sexo con seso”, ni con la seguridad jurídica de las mujeres que abortan y de los profesionales aborteros y sus nauseabundas clínicas, que quiere ofrecernos el gobierno con un plazo para abortar sin limitación.

La idea misma de plazo implica la gran hipocresía de sus defensores. Cómo puede decirse que antes de un determinado plazo no existe ninguna persona inocente a quien defender y después sí. Cuando se realicen abortos después del plazo tendrían que considerar que se ha cometido un delito e imponer la pena correspondiente a los implicados. Nunca se ha enviado a la cárcel a ninguna mujer por abortar aunque haya sido fuera de los tres supuestos de despenalización de la ley actual ni tampoco a los médicos abortistas que perpetraron las ilegalidades. ¿La próxima ley qué hará?

La educación en los valores de respeto, honestidad, domino de sí mismo, compromiso y fidelidad, tienen que aprenderse en la familia o irán desapareciendo de la sociedad. Lo que se ofrece desde el gobierno es una logomaquia, un eufemismo para cada cosa que quieren colocarnos como valores pero que no lo son. La seguridad en las relaciones personales no tiene nada que ver con los condones. Naturalmente, una sociedad sin valores es más fácil de embaucar por lo detentadores del poder.

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