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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Eluana

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 11 de febrero de 2009, 11:19 h (CET)
En todo este lamentable caso de Eluana Englaro, la mujer italiana que lleva 17 años en estado vegetativo, la única persona que ha dicho algo digno de respeto ha sido su padre, Beppino Englaro, al manifestar que se está sometiendo a su hija a una “tortura inhumana”. La actitud del Gobierno italiano presidido por Berlusconi y la actitud del Vaticano al intentar evitar que a Eluana se le retire la alimentación asistida, añadida a que desde el Gobierno de Berlusconi, se utilice el pobre y ridículo argumento que esta desdichada mujer puede hasta tener hijos, es algo que entra dentro de la falta de consideración y de las más elementales reglas del respeto hacia el sufrimiento humano.

Desde el Vaticano y por el propio Benedicto XVI, nos llegan frases tales como que la Iglesia proclama que “la vida humana es bella y ya vivida en su totalidad también cuando es débil y está envuelta en el misterio del sufrimiento”. En el sufrimiento no hay misterio alguno, cuando se sufre se sabe por que se sufre ya sea moral o físicamente. No hay belleza en el sufrimiento. Esto es igual que cuando un soldado muere en combate, se suele decir, por parte de sus jefes, de los que están en la retaguardia, que “ha tenido una muerte gloriosa”. La muerte en una guerra nunca es gloriosa. Es innecesaria, inútil y trágica. Solo un masoquista puede hallar belleza en el sufrimiento y gloria en la muerte violenta.

Pero Benedicto XVI va a más y recuerda que su antecesor Juan Pablo II fue “un ejemplo de la aceptación paciente del sufrimiento y ofreció un ejemplo especialmente luminoso en el ocaso de su vida”. Mira por donde nos hemos enterado que Juan Pablo II sufrió lo mismo y en el mismo espacio de tiempo, 17 años, que Eulana Englaro y su familia. De lo que se entera uno cuando le quieren hacer creer lo que no es cierto.

Lamentablemente a la familia Englaro le ha tocado en “suerte” el vivir dentro de una sociedad donde los descerebrados y los sectarios tienen poder. A todos nosotros también.

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