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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La infinita paciencia de los españoles mientras nos esquilman

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 11 de febrero de 2009, 11:19 h (CET)
Por lo visto lo de la “paciencia” se ha puesto de moda entre los socialistas. Para unos la paciencia se les está acabando, para otros la paciencia es inagotable y para unos terceros la paciencia es un bien innato, algo consustancial a su ser, tanto, que se puede llegar a confundir con una abulia endémica. Ya se habrán dado cuenta de que me he referido a los señores Sebastián, Blanco y al inefable y don tancredístico señor Solbes. Lo que sí es un misterio y, crean, que intento descifrarlo, utilizando para ello todas las neuronas de las escasas que me quedan todavía en esa masa encefálica que Dios me concedió; es averiguar ¿cómo es posible que la gran amalgama de ciudadanos españoles atesore un caudal tan inmenso de esta virtud, que le permita seguir asistiendo a ese denigrante espectáculo (doblemente denigrante si se tienen en cuenta los momentos de recesión por los que estamos pasando) protagonizado por los políticos de la llamada izquierda nacional?, los que, sin ningún esbozo, pudor ni reparo, se han dedicado a su placer favorito, su deporte partidista más extendido entre sus huestes que, lo que es gobernar, no saben; de economía no tienen ni idea y carecen en absoluto de fair play pero, señores, en cuanto se trata de gastar los dineros de los contribuyentes en beneficio propio o de los suyos, son unos verdaderos linces; capaces de las proezas más inimaginables y de los despilfarros más aparatosos. Es por ello que, cada día, los ciudadanos de a pie observamos, atónitos, como el nivel de vida del común de los mortales, en España, va descendiendo a pasos agigantados mientras ¡Oh milagro de los dioses!, toda la parafernalia de la élite socialista vive una edad de oro y ostentación digna del propio rey Midas.

Y es que, señores, por si a los ciudadanos no nos bastase tenernos que atemperar a los tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, por si no tuviéramos bastante con más de tres millones y medio de parados; por si no fuere suficiente humillación tener que renunciar a muchos bienes de los que antes podíamos gozar; vean ustedes que, aquellos que debieran ser ejemplo para los españoles de a pie, por su moderación, adustez, espartanismo y sobriedad, en los que pudiéramos mirarnos como si fueran un espejo de virtudes en el que sentirnos reflejados en nuestras vicisitudes cotidianas; para decepción de fanáticos y confirmación de detractores, nos hallamos ante el hecho de que, lejos de ahormarse a la situación de recesión, se rebelan contra ella y responden al aumento de las penurias para el pueblo llano, dando nefasto ejemplo de prodigalidad, despilfarro, exhibicionismo y falta de contención, como si pertenecieran al gremio de los protegidos por el dios Hermes, puesto que no se gastan sus propios caudales, sino que echan mano de los patrimonios públicos para dilapidarlos en vano, sin provecho para quienes andan escasos de recursos y para general escarnio de quienes se sienten ultrajados por semejantes comportamientos.

Si parece ser que, los del BNGA, han enchufado a sus protegidos en el funcionariado gallego, sin haber cumplido los requisitos legales para ocupar tales destinos; en la misma Galicia el señor Touriño, el manirroto presidente de la Xunta, no parece menos amigo de favorecerse a si mismo dilapidando los dineros de los contribuyentes en reformar las estancias del edificio de la Xunta, para lo cual parece que ha invertido la friolera de 4.000.000 de euros, como si se tratara de una simple futesa, cuando, para los que todavía contamos en pesetas, se trata de la escalofriante suma de 665.500.000 millones de la antigua moneda española. ¡Y esto, señores, cuando las cuentas del Estado se tambalean y ya tenemos a más de un millón de parados a los que se les ha agotado la prestación de desempleo! Pero no se acaban aquí las cuentas del Gran Capitán de este sujeto, un socialista cuyos principios debieran impulsarle a sacrificarse, incluso personalmente, para ayudar a los necesitados de su autonomía; así pues, por si no tuviera bastantes coches a su disposición ( parece que ya son cuatro) se ha comprado otro que le ha costado la bonita cifra de 480.000 euros, nada extraño dado el carácter absolutamente caciquista del sujeto quien, cuando fue interrogado al respecto por un periodista, creo que fue del diario ABC, se negó a contestar a todas las preguntas que se le hicieron y, cuando ya se hartó de que le importunaran, le dio todas las culpas al PP diciendo que todo era una campaña de desprestigio iniciada por ellos para perjudicarle ¡Señores, inaudito! ¡Un funcionario público que se niega a rendir cuentas de cómo gasta el dinero de los contribuyentes! Henos aquí ante un nuevo Calígula, déspota y tirano.

Pero no se crean ustedes que, en Catalunya, se queden atrás. En esta región, antiguamente perteneciente al reino de España, no se van con pequeñeces cuando se trata de gastarse el dinero de los ciudadanos, aún siendo una de las comunidades que más paro tienen registrado, unos 400.000 sin trabajo, de los cuales puede que, más de 80.000, correspondan a Barcelona. Pero esto no obsta a que se gasten miles de euros en pagar informes a aquellos a los que quieren favorecer, por los que pagan, en ocasiones, más de 100.000 euros, sin que los temas sobre los que se emiten tengan aparente trascendencia o utilidad ( uno fue sobre la gaviota corsa); lo que se queda corto cuando se trata de la famosa inmersión lingüística en el catalán, lo que se ha constituido en un saco sin fondo donde todos los euros que se echan parecen poco con tal de erradicar el castellano de toda la autonomía, labor en la que ya andan bastante avanzados. Pero quien ha conseguido el chollo mayor ha sido el radical nacionalista, señor Carod Rovira, quién, desde que el señor Puigcercós le arrebató la dirección del ERC, se ha convertido en el nuevo Simbad el Marino o, el renacido, Gulliver que, al frente de toda una cohorte de adláteres y paniaguados, no ceja de hacer viajes tanto a las naciones del resto de Europa como a los EE.UU; sus más odiados enemigos antaño porque, hogaño, parece ser que se encuentra a gusto inaugurando delegaciones y “consulados”, sin reparar en gastos que, como es natural, los pagamos entre todos los contribuyentes. Se dice que cada nueva delegación comporta un coste de unos dos millones de euros. Pero vean la singularidad del caso, cuando se le pregunta por ello al señor Montilla (contable de profesión), que dice estar al tanto de todo, pues se sale con que no lo sabe porque él no se ocupa de estas minucias. ¡Está visto que no se puede ser tan importante!

En todas las autonomías socialistas, y no se crean que en Andalucía es la que menos, se suceden estos escandalosos casos de malversación de caudales públicos y de despilfarro por parte de todos aquellos que han decidido hacerse ricos antes de que los echen, a patadas, de sus puestos por aprovechados e incompetentes. Pero si escuchan a ZP todo va bien y nunca nuestro país había estado en mejores manos. Pero la “paciencia infinita” del pueblo español lo aguanta todo y, miren lo que les digo, no se extrañen si, en las próximas elecciones, les vuelven a votar. Si ya lo digo yo: somos un país de sádicos y masoquistas. Qué le vamos a hacer.

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