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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Amor de sólidos troncos, en tineo

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 11 de febrero de 2009, 11:19 h (CET)
No me hagas fotos, no es el mejor momento. El luto corre por mi interior y ya no deseo ser mostrado al mundo. Las fotos hechas a un espíritu triste, forzosamente han de resultar tristes. Respeta a un viejo gladiador, al que le cortaron la principal arteria y déjame morir en paz. No tienes derecho a invadir mi intimidad.

El visitante se sentó frente a él y asintió. Pasada una hora, en la que el silencio y la observación mutua reinaron, el anciano abrió su alma:

Solo soy un viejo roble y se que mi historia y la de mi bella haya, no han de importar ni traspasar fronteras, pero necesito contárselo a alguien.

Los expertos dicen que mi edad es de 800 años. Hay quien se plantea como meta una vida larga, pero la mía ya lo es en demasía. He de decir que he visto cientos de miles de amaneceres y puestas de sol.

O lo que es lo mismo, demasiados nacimientos y demasiadas muertes.

Créeme, que dada nuestra lógica inmovilización por ser árboles, a veces desearíamos que los ciclos fueran mas humanos, o al menos que durante nuestra existencia, nos acompañaran especies afines en nuestro caminar (lo de caminar, es un decir).

En fin, ahora vuelvo a estar solo. Antes que ella naciera, lo estuve durante siglos. Repito que hay escritos que confirman mi existencia antes del descubrimiento de América, pero nunca presté atención a fechas que poco me importaban, mas que nada, por la escasa repercusión sobre mi calidad de vida o autoestima.

Presumir de viejo o de muy, muy viejo. no deja de ser, mofarse de los ciclos establecidos, esa es mi opinión.

Cierto es que conocí a los abuelos de tus abuelos, a los de todos vosotros, pero... ¿de que me sirve, si casi nadie me escucha cuando hablo?

Estáis demasiado ocupados generando y amontonando riquezas, en una carrera absurda, en la que os creéis los dioses del universo.

Se me murió “la fayona”, mi enamorada. (largo silencio)...

Yo solo quería una esposa. Notaba como crecía en la distancia, no muy lejos de aquí. Nos hablábamos, aunque no lo creas. Nuestro noviazgo fue largo, pero al fin ella aceptó. Podría narrarte minuto a minuto el cortejo , pero seguramente tu tiempo ha de ser destinado a generar para tu familia.

Vete, vete pues y déjame con mis recuerdos.

El visitante, permaneció sentado y esperando de nuevo la ronca voz.

Un mal día, aun cercano, el 19 de enero, un huracanado viento, la arrancó del suelo. Sus brazos bajo tierra estaban débiles y enfermos, ya que como femina, siempre prefirió ser estilizada, subida en sus altos tacones, sacrificando su agarre.

Yo sin embargo, nací chaparro, pero soy aun mayor bajo mi tronco que sobre el.

Es por eso, que los vientos me rodean sin dañarme, gracias a la sabia poda que mis cuidadores me infringieron durante cientos de años..

Ojala ella hubiera estado tras de mi tronco, protegida, en vez de aislada.

De esa forma, nuestros alientos se habrían mezclado cada mañana y el abrazo de nuestras raíces, habría sido tan sólido que habríamos muerto juntos o aguantado fundidos, o ¿acaso no es el fundirse en uno el sueño de todo enamorado?

Ya no me importa nada. Ella era el motivo para seguir vivo.

Nos bautizaron los astures como “la fayona de Eiros y el Carbayon de Valentín”, pero su obituario, ha sido ya escrito en prensa y mil arrugas mas, han aparecido en mi tronco.

Aquí, solo, junto a la capilla que nació a mi sombra, somos dos inservibles reclamos, que registramos visitantes muy de tarde en tarde.

Algunas gentes se acercaron a mi estos días y sus abrazos me dieron algo de vida, pero no puedo dejar de pensar, que mi fayona, se me ha muerto y que ya nada es igual.... ya no me habla, ya el viento no me trae su olor y nuestros planes en común, han sido seccionados de raíz.

Al menos, podían habérmela traído, aun herida, e intentar plantarla de nuevo en mi pequeño valle. Si yo tuviera piernas...

A los robles nos pasa como a algunos humanos: las raíces son tan profundas que no nos sentimos capaces de movernos de nuestro lugar de nacimiento. Que pena siento por ellos ...

Yo, solo hubiera querido desplazarme una decena escasa de kilómetros, para estar junto a ella y presidir juntos el Armañan, o a solo 13 de mi valle, pasear la plaza de Tineo, subir a San Roque en Agosto a las fiestas... en fin, cosas imposibles para un vegetal ramificado. Pero soñar fue mi principal ocupación en estos años.

Se me murió la fayona, mi enamorada...

Nos enviábamos mensajes que el viento transportaba cual telegrama, planes de futuro, suaves caricias en tardes veraniegas, furtivos besos, sinceras sonrisas, suspiros profundos, incluso caídas de párpados insinuantes, me tiene entregadas Eolo.

Ahora, que recientemente me dieron un premio en Madrid, dicen que utilizaran mis bellotas para intentar hacerme padre de numerosos y sólidos robles y YO PIDO, que esto sea intentado, en el mismo lugar que ocupaba la madre que debió engendrarlos... en su parcela, donde arraigó y perduró doscientos años, dando sombra y compañía a los lugareños.

Allí mismo quiero tener mi descendencia pues algo sin duda, de su madre succionaran, aunque solo sea el alimento y cobijo de aquella misma tierra que a ella la hizo crecer y permanecer.

No hay, ni habrá un sitio mejor donde depositar mi esperma. que en aquel útero sagrado.

Ahora ve y cuéntaselo a aquel que ocupa el sillón de mando de este mi concejo , dile que esa es mi voluntad. El sabrá respetar mi decisión. He oído que nos valora.

¡Astures!, mi pueblo, mi gente: desde este mi rincón y ya muy anciano, os pido hagáis posible, este mi ultimo deseo. Si me apreciáis, no lo olvidéis.

Este es mi testamento, por si un mal viento, decide llevarme con ella....

Se me murió la fayona, mi enamorada...

Ahora, marcha y se mi voz, humano de escasos cabellos y “escuchador” paciente, pero antes dime: ¿quién eres?

Solo soy un “sin raíces”...

Pues siéntete afortunado, porque al menos tu, puedes desplazarte allí donde decidas vivir tus días, junto a tu esposa e hijos. Yo, nunca tuve esa opción.

El sol se puso un día mas, la oscuridad dejó caer su manto y aunque ese día no llovió, la base del árbol estaba encharcada.

El visitante, percibió que nada es tan inanimado como en principio pudiera parecer y que los árboles...¡también lloran!

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