Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   La linterna de diógenes  

Eluana

Luis del Palacio
Luis del Palacio
miércoles, 11 de febrero de 2009, 11:19 h (CET)
Las fotografías nos muestran la cara fresca, de rasgos muy latinos; la sonrisa de alguien complacido con la vida: la juventud de Eluana. De no ser porque el mundo se ha convertido en una suerte de corrala, de aldea o triste posada (“Una mala noche, en una mala posada”) donde todos sabemos, o creemos saber, todo de todos, y nos pensamos con derecho a opinar sobre cómo vive o actúa el prójimo, jamás habríamos visto el rostro joven de Eluana, ni habríamos oído de su triste destino.

La tragedia se nos cuela demasiado a menudo, como el viento invernal, por las rendijas de la conciencia. A veces a uno le gustaría no saber, no enterarse, no tener que hacerse una idea de situaciones que están fuera de nuestro alcance, para no tener que opinar…

¿Pero es que opinar es inevitable, sobre todo cuando se nos presenta una historia urdida de medias verdades, sutiles manipulaciones que procuran condicionar lo que sentimos?

Opinar es acaso inevitable; dar veredicto, no.

Desde hace diecisiete años ese rostro no sonríe. Eluana yace muerta en vida, sin que el tictac de su corazón decida detenerse. Ya no es aquella mujer joven, guapa y risueña que se comía el mundo. Es –y por eso sus padres han invitado a Berlusconi y al Presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, a que la visiten en la clínica- una masa inerte de huesos, piel y órganos que se alimentan por el bombeo de un excelente corazón. Todo lo demás de Eluana pertenece al recuerdo, a la memoria de sus padres, de sus amigos, de cuantos la quisieron.

No parece que ese Hugo Chávez a la europea llamado Berlusconi tenga derecho a inmiscuirse en la vida –y la muerte- de Eluana. Tampoco el Papa…; ni usted…; ni yo…

Los avances de la medicina son maravillosos si sirven para curar o paliar el dolor. Cuando son empleados para prolongarlo, no tienen sentido.

Eluana habría muerto plácidamente hace menos de cien años; cuando no existían la respiración asistida, ni la alimentación nasogástrica, ni los antibióticos. Esos métodos, que han salvado millones de vidas humanas, ¿de qué le han servido a Eluana?

Me había propuesto no juzgar una situación que me excede por completo y ante la cual me quedo sin palabras. Y ,sin embargo, no puedo evitar que me asalte una que para mí define la actitud de Berlusconi y de quienes se rasgan las vestiduras, ante la opción de que la Naturaleza –no el Hombre- ponga punto final a una agonía que dura casi veinte años: impiedad.

Noticias relacionadas

El protocolo del juramento de cargo público

La fórmula de juramento para la posesión del cargo público ha ido sufriendo modificaciones al hilo de los cambios del régimen político en España, desde el año 1958 hasta 1979

Sentido positivo de las enfermedades

La enfermedad compartida con Jesús por la fe es una fuente de consuelo y de crecimiento espiritual

Tan solo unas horas antes (I)

La sanidad, es un bien universal, al que todos tenemos derecho. Pero, ¿vamos a recibir una sanidad de calidad, en la que se prime la medicina rural?

Ucrania eligió como su gobernante a un cómico a quien tomó en serio

Zelensky ha ganado con más del 70% de los votos a su rival, el actual presidente Petro Poroshenko

Carta abierta a Gloria Serra, columnista de La Vanguardia

“El primer paso de la ignorancia es presumir de saber” Baltasar de Gracián
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris