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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   ETA   -   Sección:   Opinión

Hablamos de etarras y de las fugas de capitales

Sánchez, con toda probabilidad, se está despachando a gusto contra el anterior gobierno
Miguel Massanet
miércoles, 2 de marzo de 2016, 01:25 h (CET)
Corremos el peligro, seguramente a causa de la rapidez con la que vivimos en la actualidad y de la multitud de acontecimientos que se van acumulando en nuestras vivencias, de perder la referencia de hechos que tuvieron lugar no hace demasiados años y que, sin embargo, vuelven a tomar relieve cuando ya dábamos por amortizada la banda criminal ETA. Hoy, precisamente, ha salido de la cárcel de Logroño el etarra Arnaldo Otegui, después de haber permanecido en ella unos escasos 6 años. Una de las primeras cosas que ha dicho al verse en libertad, no ha sido pedir perdón a sus víctimas y expresar su arrepentimiento, sino todo lo contrario: "Ahora nos toca sacar a los presos de la cárcel y la independencia", ha recalcado sin el menor asomo de retractación y pesar por sus anteriores fechorías.

Si señores, lo que hoy nos parece una condena mínima es lo que tienen que cumplir señores que mantuvieron secuestrados a ciudadanos o asesinaron a mansalva, en nombre de no se sabe que pretendida causa nacionalista, personas que no eran culpables más que de querer vivir en paz; precisamente cuando los etarras decidieron hacer valer sus razones, si es que tenían alguna que esgrimir, secuestrando y asesinando a tiros o con bombas a ciudadanos españoles, policías, personalidades de la política, militares y a cualquiera que tuviera la desgracia de estar en el lugar equivocado cuando, la vesania terrorista, daba suelta a sus métodos criminales. ETA chantajeaba al pueblo español para que cediera ante su violencia y, como actualmente intentan los separatistas catalanes, para que España renunciara al País Vasco, sólo porque a un tal Sabino Arana le dio la locura de inventarse una imaginaria “patria vasca”.

Cuando Pablo Iglesias manifiesta que considera al etarra un activo político importante con el que, seguramente, no tendría ningún inconveniente en sentarse a negociar. "La libertad de Otegui es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas", al conocer la noticia de la excarcelación de Otegui; cuando la realidad es que el etarra no estaba recluido en ella por sus ideas, sino por su pertenencia a banda armada e intento de refundación de Batasuna. Hasta los separatistas catalanes han querido recibir al excarcelado., entre ellos en señor Luis Llach, el cantautor catalán, que se ha deshecho en elogios hacia él. Es evidente que, para todos ellos, los crímenes de ETA estaban justificados, por aquello de que, para los criminales y sus simpatizantes, sí es verdad que el fin justifica los medios, aunque luego se muestren muy sensibilizados en cuanto se trata de la defensa de los derechos humanos de aquellos de gatillo fácil, como son los presos de ETA, todavía en prisión.

Y muchos de estos señores que se han vestido de demócratas, de defensores del pueblo, de contrarios al gobierno del PP, de renovadores de la sociedad y de defensores de otro tipo de economías, seguramente estatalizadas y controladas desde el gobierno, son los que salen en defensa de estos criminales que se cargaron a casi mil ciudadanos españoles sin darles opción a defenderse. Los que los consideran merecedores de formar parte de la sociedad, de entrar en política y de ocupar puestos en las administraciones públicas al lado de funcionarios a cuyos compañeros su banda eliminó criminalmente, sin la menor compasión por sus vidas y el dolor de sus familias.

Esta tarde, en el Congreso de diputados, el señor Pedro Sánchez con toda probabilidad se está despachando a gusto contra el anterior gobierno, les recriminará sus casos de corrupción ( olvidándose de los 600 encausados que su partido tiene en Andalucía por haberse quedado con el dinero de los ERE de algunas empresas) e insistirá en la necesidad del famoso “cambio”, una palabra que han venido acuñando como comodín útil para todo sin que, en realidad, sepamos a ciencia cierta en lo que va a consistir y en si va a ser para bien o para mal. Aunque ya se vislumbren algunas de sus pretensiones como, por ejemplo, acabar con la reforma laboral del PP, una reforma que ha resultado de gran utilidad, que ha creado puestos de trabajo y que ha favorecido a los trabajadores, entre otros motivos, porque les ha quitado poder a los Sindicatos en la negociación colectiva, lo que ha facilitado en gran manera el entendimiento directo de las empresas con sus trabajadores y ha evitado que, en muchos casos, los trabajadores hayan tenido que pagar por los servicios, en ocasiones obligatorios, de las centrales sindicales. Se olvidan, incomprensiblemente, de que esta reforma nos fue exigida por Europa para evitar la amenaza de ser intervenidos cuando ya estábamos a las puertas de tener que pedir el “rescate” para nuestro país.

Cambio, por lo visto, es poner más impuestos, encarecer la producción con más tasas, es aumentar el impuesto de sociedades, meterse con las grandes fortunas lo que es una excusa para continuar machacando a la clase media que, en definitiva, es en la que recae todo el peso de estas grandes ideas innovadoras que la izquierda nos quiere imponer. Los ricos, si les importunan o los quieren gravar más, simplemente se irán de España y se instalarán en otro país donde no se les incordie. Las multinacionales, si se les grava con aumentos de costes salariales, se les aplican arbitrios o se intenta que paguen más por los beneficios obtenidos, cerrarán sus empresas en España, las reducirán de tamaño o se las llevarán a otra ubicación en la que su competitividad quede garantizada.

Pero lo más preocupante, de momento, son las noticias que nos llegan del Banco de España, en las que se habla de la paralización de las inversiones en bienes o sociedades ubicadas en nuestra nación; de la preocupación que existe en Europa respecto a la deriva que puede tomar el país si, como es posible que suceda, el nuevo gobierno que se constituya sea de izquierdas y, además, que tenga la misma tentación, de los griegos de Syriza, de comenzar a pedir aplazamientos del pago de la deuda o que se nos permita seguir superando la cifra de déficit público que se nos ha asignado. Si, durante el pasado 2015, los inversores sacaron de España la cifra de 70.200 millones de euros, a diferencia de los 5.600 millones de euros que invirtieron en el 2014 ( todo ello cifras dadas por el BE), puede deberse, en parte, por los problemas europeos pero, no nos engañemos, el tema del separatismo catalán habrá influido en ello y la inestabilidad política, con sus secuelas en las pasadas elecciones, tanto las autonómicas y municipales como las legislativas del 20D; sin duda han constituido un aviso para los inversores de que la seguridad jurídica de sus inversiones en nuestra nación pueda quedar condicionada por unos nuevos gobernante de clara tendencia hacia la extrema izquierda.

En sólo el mes de diciembre del pasado 2015, las salidas de capitales de España alcanzaron la significativa cifra de 19.000 millones de euros. Evidentemente se quiere intentar calamar la inquietud de los españoles ante tales noticias y se les quiere desvincular de la inseguridad política por la que está atravesando el país; sin embargo, los ciudadanos, los que estamos acostumbrados a que nos pretendan vender las malas noticias envueltas en el celofán de la caja de bombones, ya hemos llegado a olfatear cuando se nos quiere dar gato por liebre o cuando alguien tiene interés en meternos una morcilla. Si la prima de riesgo se ha encasillado por encima de los 140 puntos cuando hace unos meses llegó a estar por debajo de los 100; si las bolsas han llegado a bajar, en lo que va de año, un 10% y, todo ello lo sumamos a la reducción de la inversión y la correspondiente retirada masiva de capitales que está sufriendo el país, no es difícil llegar a la conclusión de que España ha dejado de tener la confianza del resto de Europa. ¿Los motivos? Echen ustedes un vistazo a lo que pasa en el Congreso y saquen las correspondientes conclusiones. ¿De verdad, en estos momentos en los que no sabemos en qué manos va a caer nuestra nación, se atreverían ustedes a tomar una decisión económica, tendrían valor par emprender un negocio o simplemente esperarían, con el corazón estrujado y asiendo firmemente su cartera, a que el panorama político español se despejara? Yo, al menos, voy a extremar la prudencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable sensación de que estamos en un buque, lleno de vías de agua, en el que las ratas ya hace tiempo que decidieron abandonarlo y sólo quedamos, forzosamente sujetos a permanecer en él, aquellos, lean ustedes clase media, a los que no nos queda más remedio que intentar taponar las vías de agua para mantenerlo a flote. ¿Hasta cuando? Vayan ustedes a saber.
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