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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   Coaching   -   Sección:   Opinión

La primera vez que tomé un hot pot y lo que aprendí

El método no era el adecuado. El problema era de raiz
César Piqueras
@cesarpiqueras
miércoles, 2 de marzo de 2016, 01:24 h (CET)
En un viaje con Belén por el Norte de Tailandia (Chiang Rai), una noche se nos ocurrió entrar a un lugar, quizás el único que se veía por la zona abierto a esas horas. Aunque Chiang Rai todavía no es zona rural, sí que es la ciudad con algo de turismo más al Norte, justo al lado de Myanmar y Laos. El lugar se llamaba Hot Pot, y era algo así como una cadena de restaurantes en los que el método era muy sencillo. Con el tiempo nos dimos cuenta de que es muy típico en muchos países del sureste asiático.

Lo primero que veías era muchos cuencos con comida cruda cortada, verduras, algo de carne, algunos rebozados típicos orientales, parecía todo muy natural. Así que pensamos “¡Guau, esto es la leche!, como un buffet libre, seguro nos va a encantar” Nuestra mentalidad era positiva al 100%. La cuestión es que entramos en el sitio y nos sentamos en el primer lugar que vimos, pues todos estaban vacíos.

La camarera nos atendió amablemente, pese a que no nos entendíamos ni en inglés (y el tailandés no es lo nuestro). La cuestión es que nos preguntó algo así como ¿pollo, verduras o pescado?. Ante esa pregunta, los dos dijimos con cara de tontos “…um…pollo”.

Lo siguiente que plantó frente a nuestras narices fue lo que se conoce como “hot pot”, una olla caliente, llena de caldo. En este caso de…. pollo. Lo bueno de la olla es que era enchufable, es decir que se conectaba cuando estaba en tu mesa para así poder tener el caldito siempre caliente. A mi, que soy un poco delicado para las comidas, lo del caldo, ya no me conquistó del todo.

La idea que Belén y yo teníamos de buffet libre, empezaba a desvanecer ante nuestros ojos al ver la olla con varios litros de aquel caldo de pollo. Y además, esa misma tarde habíamos visto una escena sobre los pollos en un mercado de calle, sobre sus patas y sus cabezas. En fin, que ya te puedes imaginar…

¿En qué consistía el hot pot? Pues en que ibas a tomar de aquellos cientos de cuencos todo aquello que te apetecía y lo metías en tu olla. Verduras, carnes, rebozados, etc… Luego, cuando se había cocinado un poco, te lo zampabas.

Pero nos dimos cuenta de una cosa al poco tiempo, ¡Todo tenía el mismo sabor! Daba igual si lo que habías cocinado era una zanahoria, un poco de tofu o un trozo de carne, todo sabía igual. A caldo de… algo parecido al pollo…

Ese día yo aprendí que en ocasiones no sirve con meter cosas diferentes en la olla, lo que tienes que hacer es cambiar de olla, de lugar, de persona, de empresa, de país…

Si la olla es la misma el sabor es el mismo. Si el método es el mismo el resultado es el mismo. Lo quieras o no.

Me encuentro con esta paradoja casi todos los días:

Directivos que quieren que su equipo alcance resultados extraordinarios. Pero en su equipo hay muy poco talento.
Parejas que quieren que su pareja cambie. Pero su pareja no va a cambiar, en la vida.
Personas que quieren perder peso…comiendo el mismo tipo de alimentos pobres en nutrientes y altos en calorías.
Personas que quieren tener más control sobre su empresa con las clásicas hojas de Excel… …

La cuestión es que en demasiadas ocasiones no nos damos cuenta de que tenemos el mismo problema que tenía yo en el Hot Pot de Chiang Rai, el problema no eran las verduras ni los trocitos de comida que metíamos dentro de la olla. El problema, para nosotros, era el hot pot en sí mismo (con todos los respetos).

El método no era el adecuado. El problema era de raiz.

Para mi era algo así como meter la cuchara en el cocido cuando todavía está hirviendo y echarte a la boca lo primero que encuentras flotando en el agua, da igual si es un troco de patata, el hueso del jamón o una zanahoria.

Aprendí que en más de una ocasión hay que cambiar el sistema. No tratar de modificarlo, sino cambiarlo entero.
Aprendí que si quieres limones tienes que plantar un limonero, no un naranjo…
Aprendí que en nuestras vidas hay muchas ollas calientes como esta que no nos atrevemos a cambiar…
Con todos mis respetos y admiración hacia la cultura Tailandesa y oriental.

Que tengas un gran día.
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