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Sin goles, con puntos: la afición blanca vuelve a soñar…
Daniel Lázaro
Van pasando las jornadas y, cada vez más, me da la impresión de que Juande Ramos está llevando al Real Madrid a la época de Capello. Un equipo muy recogidito atrás, con dos o tres hombres con olfato y tres puntos para casa. Así ocurre partido tras partido, con contadas excepciones. Y ciertamente… no me disgusta.
Con Schuster, los blancos hicieron diana en 33 ocasiones, pero para obtener 26 míseros puntos en 14 encuentros. En la nueva era, son ya 21 los puntos sumados por el Real Madrid, y para ello han bastado solo 12 goles. Incluso, han sobrado, pues Casillas solo ha encajado 3 (2 en la única derrota de Juande en el Camp Nou y 1 ante Osasuna). Si no encajas, con meter la pelotita una sola vez es suficiente.
Qué sí, que ustedes me dirán que hay que jugar bien y estar arriba (como el Barcelona con Guardiola). Estoy de acuerdo, pero no siempre es posible ésto. Ni siquiera en un grande como el Real Madrid. Para eso hace falta la conjunción de muchos jugadores con talento, como le ha ocurrido al Barcelona con los Xavi, Iniesta, Messi, Eto'o… Y si algo no es posible, lo mejor es obtener los mejores resultados con lo que hay. Que eso es lo que vamos a recordar en los libros: los puntos.
Sería una utopía pensar que los del Chamartín pudieran, ni siquiera, acercarse a los blaugranas, pero Juande ha conseguido ya que le expidan un certificado por el subcampeonato de liga. Ni el Sevilla, que ya han visto que es capaz de perder con cualquier equipo, ni los irregulares Valencia, Villarreal y Atlético de Madrid son capaces de seguir el ritmo de puntos del Real Madrid. Quizá jueguen mejor, que no lo creo. Quizá lo hagan peor, aunque tampoco lo creo. Simplemente juegan a otro fútbol y no lo rentabilizan como lo hacen los de Juande.
Fíjense que ahora algunos ya le cuelgan el cartel de favorito incluso en la eliminatoria ante el Liverpool. ¡Qué de vueltas da la vida! Juande se encerrará y Benítez buscará la contra. ¿Habrá más de un gol en aquellos partidos? Lo dudo. Y la afición blanca que, con Juande, vuelve a soñar…
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