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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El fantasma de la revolución social

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 10 de febrero de 2009, 11:40 h (CET)
El peligro mayor no es que el desempleo llegue a los 4.000.000 de parados, ni que los sobrepasemos como parece evidente que va a ocurrir, a la vista de los pronósticos que nos van llegando desde los distintos sectores industriales, de servicios y agrícolas nos van llegando. El peligro, señores, es el que ya veníamos anunciando desde hace meses, el gran riesgo de toda situación de recesión lo encontraremos en las situaciones de desesperación que se producen en aquellos sectores de la sociedad, especialmente afectados y sin recursos para hacerle frente que, pasado el periodo en el que gozan de las prestaciones pecuniarias de la Seguridad Social, se encuentran en una situación en la que no tienen ingreso alguno ni medios para procurárselos y, sin embargo, se ven enfrentados a los mismos compromisos que antes tenían, a las necesidades perentorias de alimentarse, vestirse y tener un lugar donde hospedarse. Este escenario es la más propicio para que se produzcan situaciones de desmoralización que llevan a personas pacíficas, de orden y poco dispuestas a meterse en líos, a dejarse llevar por sus instintos básicos y a renegar de las normas establecidas por la sociedad que, no obstante, no le sirven para que sean atendidas sus justas demandas.

Es, verdaderamente, alarmante que en Europa ya se empiecen a notar síntomas evidentes de que esta lava social, que se está moviendo lentamente por el subsuelo de las clases más desfavorecidas, esté dando muestras de querer rebosar el cráter de la revuelta. En Inglaterra ya se han producido conatos de xenofobia contra obreros comunitarios que están trabajando en su territorio, en virtud de los acuerdos de libre circulación de trabajadores en toda la Unión Europea. La Directiva de 1996 fue considerada una de las mayores conquistas en cuanto a los derechos de los trabajadores que les permitía trabajar en cualquier país de los pertenecientes a la Europa comunitaria, con los mismos derechos que los nacionales del país en el que se instalaban. Ahora, no obstante, la situación hace que los puestos de trabajo escaseen y los trabajadores autóctonos empiezan a preguntarse si es lógico que no puedan ocupar, con preferencia a los extranjeros, los puestos de trabajo de su propio país. Estos ramalazos ya se han producido en la cosmopolita Suiza y en nuestra vecina Francia, donde los primeros conatos, a cargo de universitarios, como siempre, ya se han dejado sentir para preocupación del señor Sarkozy, cuya popularidad empieza a cuartearse a la vista del escaso éxito de sus medidas contra la recesión.

En España, un país gobernado por socialistas, parece que la explosión social, quizá a causa de que los sindicatos mayoritarios contienen a sus afiliados y simpatizantes, se está retrasando pero corremos el mismo peligro; con la agravante de que, cuanto más tiempo pase peor va a ser y, los efectos de la erupción que en su momento se produzca, puede que sean peores que los de aquellos países en los que se tomen medidas para evitar, con tiempo, el que el descontento de los parados llegue a cuajar en algo más que en una simple protesta. Lo que ocurre en España es que tenemos un gobierno lleno de contradicciones, de “tics” partidistas y de falta de decisión que, a todas luces, está impotente ante una situación que le puede y no se atreve a mover pieza por miedo a que, los resultados de una decisión equivocada, puedan precipitar la protesta de los ciudadanos y se vea obligado, mal que le pese, a convocar elecciones legislativas, con el riesgo inherente de verse apartados del poder. Este “patriotismo” de nuestros gobernantes, entraña en sí el gran peligro de que, cuando quieran reaccionar, cuando pretendan parar los efectos de su pasividad para hacer frente a la crisis, se encuentren con que ya es demasiado tarde y los acontecimientos les puedan. Lo malo es que en los propios EE.UU el señor Obama no parece que tampoco esté muy seguro del camino a tomar y, a pesar de tener un plan diseñado, es evidente que teme que sus medidas, excesivamente populistas, tengan efectos poco favorables para conseguir impulsar al pueblo americano a superar la grave crisis por la que está pasando.

Sin embargo, el periódico La Vanguardia, el 4 de los corrientes, publicó un artículo muy interesante sobre el paro, en el cual se incluía un gráfico donde se dejaba constancia de los trabajadores que, en el 2008, dejaron , en un momento determinado, a tener derecho a las prestaciones de paro. Evidentemente, los primeros, los que tenían menos años acreditados de trabajo. Esto nos indica el motivo de que gran número de inmigrantes estén pasando a la situación de falta de trabajo, sin prestación alguna. Lo que sucede es que, a medida que van trascurriendo los meses, cada vez va aumentando el número de aquellos que se quedan sin subvención hasta que, en el mes de diciembre del 2008, la cifra de los carentes de apoyo económico alcanzada la impresionante cantidad de 1.082.007 l. El tener a un millón de personas desocupadas, sin dinero y con familias a las que atender, si, además, tenemos en cuenta el dato de las familias en las que todos los miembros se encuentran en paro ( 800.000), nos podemos hacer una idea de lo que podrá acontecer cuando esta cifra, a pesar del optimismo del señor Zapatero, llegue a los dos millones o aún más y, mientras tanto, la recesión se vaya cobrando más parados; lo que parece que puede suceder, al menos, hasta finales del año 2010. Creo que el PSOE hace mal en seguir empecinándose en no claudicar y no se decida a adoptar medidas de mayor entidad, más efectivas y, por supuesto, utilizando los sistemas propuestos por el PP, basados en los buenos resultados obtenidos por el señor Aznar cuando gobernaba España. En caso contrario me temo que puede que volvamos a situaciones, que los jóvenes no conocen, pero que los que acumulamos años en nuestras espaldas no quisiéramos que se volvieran a repetir, La famosa Memoria Histórica, la verdadera, la que relata las causas de la Guerra Civil, nos muestra lo que sucede cuando un Gobierno no afronta a tiempo la descomposición de la sociedad y la pérdida de autoridad.

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