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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Las amistades peligrosas del Partido Popular

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 9 de febrero de 2009, 00:39 h (CET)
Desde el mismo día en el que magnánimo dedo de José María Aznar le designó como su sucesor al frente de las tropas de la gaviota Mariano Rajoy vive en vilo y en perpetuo duermevela ante el acoso de muchos de sus conmilitones que no vieron con buenos ojos aquella nominación digital pero que tampoco se atrevieron a oponerse a ella ante el todopoderoso dedo índice de José Mari constituido en Rey Sol de la planta noble de Génova. La perdida del poder a manos de Zapatero fue el disparo de salida para que las mesnadas populares comenzaran a afilar tanto las dagas florentinas como las facas albaceteñas convenientemente achuchadas por los voceros de una parte de la prensa escrita y esa emisora episcopal que vomita bilis cada día no sólo contra rojos, masones y maricones sino también contra Mariano, el “maricomplejines” de ese dechado de oratoria barata y vocinglera que es Jiménez Losantos.

Rajoy, del que como buen gallego nunca sabemos si sube o baja la escalera, comenzó a hacer limpieza y a ir apartando de su vera al anterior equipo aznarista, a unos les dio boleta como a Acebes y otros abandonaron el barco antes de su hundimiento como Zaplana camino de mejores, más mullidos y remunerados sillones como los de la Telefónica, al fin y al cabo este cartagenero moreno entró en política, como él mismo dijo, para “forrarse” y a fe que lo ha conseguido, hasta una desértica avenida tiene con su nombre en los carteles en el erial de Terra Mítica, una de sus grandes y megalómanas creaciones algunos de cuyos papeles y facturas todavía andan de juzgado en juzgado.

Hace unas semanas en la Comunidad de Madrid explotó el tema protagonizado por esos chapuceros aprendices de espía- se nota que la novela negra no es su fuerte- con intercambio de dosieres entre los dos contendiente populares al borde del Kilómetro cero de las Españas. Esperanza Aguirre y el alcalde Ruiz Gallardón llevan tiempo enzarzados en una lucha por el poder en la que la prima del poeta Gil de Biedma ganó el primer “round” en su lucha por alcanzar el sillón de La Moncloa. Espías, documentos, al parecer comprometedores, que Rajoy tiene en su cajón de Génova desde hace tiempo y que, según afirma, no ha leído todavía y cómo transfondo de todo esto la lucha por el poder y el dinero, éste último disfrazado de posibles concesiones de obras y servicios. Aquel “tamayazo” que llevó a Aguirre a gobernar la Comunidad ha terminado en una guerra entre gaviotas luchando por detentar la posesión de las carroñas del poder.

Ahora, y después de más de un año de investigaciones, el juez Garzón ha ordenado la detención de varias personas vinculadas, de algún modo, al Partido Popular por medio de las empresas Orange Marcket y Special Events principales organizadoras de eventos en los que brillaban las azules gaviotas voladoras. La cabeza visible parece ser Francisco Correa, principal organizador de actos del Partido Popular durante la época aznarista y al que Rajoy mandó a las tinieblas de la periferia y que desde entonces viene prestando su especial saber de muñidor de los centros de poder al PP valenciano, entre otros, donde organiza eventos, congresos y campañas electorales. Este tal Correa acudió junto con su esposa, también detenida y ex jefa de gabinete de un alcalde del PP en Majadahonda, a la “real” boda de Ana Botella, y no sólo acudió sino que fue uno de los testigos firmantes del acontecimiento pero ahora el que fuera su amigo Alejando Agag hace como hizo San Pedro con Jesús, le niega por tres veces y dice que ya no son amigos, son las casualidades de la vida, ahora el “conseguidor” Agag prefiere como amigos a los “amos” de la Fórmula 1 a los que pasea por Valencia mientras encandilan a Rita Barberá y a Francisco Camps que, supuestamente, algún dinero de los impuestos de los valencianos dejarán en manos de todos ellos ya que es gente acostumbrada a no dar puntada sin hilo.

Y Mariano, como siempre, calla mientras medita en la soledad de su despacho pensando si un buen chaleco antibalas le librará de todas las puñaladas traperas que sus “amigos” conmilitones le están lanzando desde que se sentó en el sillón más alto de Génova. A estas horas el jefe de la oposición ya debe andar preparando las maletas para volver a su plaza de Registrador de la Propiedad en Santa Pola. Al menos allí estará más tranquilo y podrá degustar sin riesgo alguno los estupendos langostinos de la zona para después echar una buena cabezadita mientras admira el azul de las tranquilas aguas mediterráneas, mucho más tranquilas que las que bajan por las escaleras madrileñas de la calle Génova y que acabarán por ahogarle.

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