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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

¡También el diluvio fue universal!

Domingo Delgado
Domingo Delgado
miércoles, 11 de febrero de 2009, 11:19 h (CET)
La crisis económica se ha hecho trágicamente patente con sus resultados de incremento del paro, cierre de empresas, y multiplicación de impagados, con la consiguiente recesión.

Una crisis que viene de importación de la ingeniería financiera de los codiciosos, que ha hecho tambalear a la mismísima banca, a la que han tenido que socorrer los gobiernos occidentales para evitar el derrumbamiento del sistema financiero, que en España está haciendo estragos, por las deficiencias estructurales de la economía nacional, el grado de desconfianza comercial de los banqueros y la atonía del gobierno al que le está viniendo grande el problema, por su falta de reflejos en acotar con soluciones eficaces el problema.

Realmente esta tragedia tiene cierto parangón con los trágicos incendios forestales, que por sus dimensiones y envergadura son muy complicados de dominar y sofocar por la mano humana. Pero a los que el hombre ha aprendido a hacer frente con cortafuegos, y empleo de todos los medios disponibles, para evitar que se magnifiquen las consecuencias del desastre; pues de otro modo, lo único que cabe es esperar que se apague el incendio por combustión de toda la masa forestal afectada. Y esto mismo, es lo que nos tememos que acabe sucediendo con la gestión de la crisis en el caso español, puesto que si no se ponen los cortafuegos, si el gobierno no articula los mecanismos de encuentro y toma de posición en acuerdos de Estado entre los interlocutores sociales, a semejanza de los famosos “pactos de la Moncloa”, que salvaron la economía española durante la transición, acabaremos por asistir al fin de un desastre de consecuencias más dramáticas y dañosas que si se acota el alcance del mal.

No vale con tomar medidas esporádicas, cuando no erráticas, como las que está tomando el gobierno, y de echar la culpa a la banca –tras de haberle dado un dinero para “apuntalar el sistema financiero español”-. Pues ya se les dijo, incluso por parte de la oposición que no había garantías de que ese dinero llegara a las empresas y a las familias, como así está sucediendo. No debe engañarse más a la ciudadanía, si como parece se otorgó para salvar a la banca primordialmente. Y en todo caso, si el gobierno pretendía darle otro alcance, tiempo tuvo de haberlo hecho. Así se les advirtió a diestra y siniestra. Podía incluso haber puesto condiciones: haberse compensado con acciones, haber impuesto la reducción de los grandes sueldos de los banqueros, haber limitado sus productividades personales, y haber socializado los beneficios bancarios durante el tiempo de la crisis.

Pero no, como se acostumbra en este país, se hizo una cosa y se dijo otra. De forma que aún, ahora se reparten los papeles en la escenografía de la divergencia, entre Miguel Sebastián y José Blanco, diciendo una cosa y la contraria, para consumo de todos, y ninguno. De forma que el banquero Botín ha contestado a la pregunta de un periodista sobre su parecer sobre las declaraciones de Miguel Sebastián, que se trata de las declaraciones de un ministro… ¡Ahí es nada….!.

Entre tanto, el daño de la crisis se sigue extendiendo, y así tenemos noticias que en algunas entidades bancarias los impagados rondan el 50% (pese a que se publican otras cifras muy inferiores, porque se renegocian créditos impagados sin esperanza de cobro, pero oficialmente no se reconoce el mal momento), la caída de negocio anda por un bajón de un 80% en el descuento comercial (lo que refleja el parón del comercio); y en algunos casos de impago de hipotecas, se ha optado por dejar en suspenso los pagos parciales, demorando a la conclusión de la misma la devolución del capital e intereses pendientes, en un “lanzamiento adelante” para no afrontar un problema que les supera, esperando que el tiempo traiga soluciones.

Por todo lo cual, urge ese “pacto de Estado” para salir de este trance de forma más airosa, y menos trágica, que si dejamos discurrir los acontecimientos a su suerte. Pues la crisis concluirá, pero cual incendio, dejará “tierra quemada” con mayor dificultad de recuperar.

Desde el “diluvio universal”, la humanidad ha capeado infinidad de desastres, por lo que la esperanza de superación no ha obviarse, pero eso no quita el daño de la tragedia, que siempre afecta como mayor virulencia a los más humildes, a los que ha de prestarse especial atención en estos momentos. Siendo hora de más soluciones, y menos escenificaciones.

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