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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Las verdades del banquero. Las verdades del barquero‏

Mario López
Mario López
sábado, 7 de febrero de 2009, 23:35 h (CET)
Hay que agradecer a Emilio Botín su sinceridad y lamentar que, gracias a ella, no nos quede más remedio que admitir que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha cometido un error histórico al haber apoyado a la banca. El presidente del Santander ha dejado clarísimo que la compra de activos, a cuenta del erario público, no va a hacer cambiar la mezquina política crediticia de la banca. Que las empresas y familias que carezcamos de la suficiente solvencia nos podemos olvidar de acceder a un crédito. El nivel de solvencia exigido por la banca en la actualidad es infinitamente más elevado que en ningún tiempo pasado. Este hecho, en momentos tan sumamente difíciles para el conjunto de nuestra sociedad, resulta de una obscenidad insoportable ¿Habrá que recordar a la banca que la parte más importante de sus activos se nutren de las cuentas de los impositores que ellos consideran insolventes? ¿Qué ocurriría si las empresas y los particulares dejáramos de ingresar nuestras nóminas en los bancos? ¿Qué pasaría si dejáramos de domiciliar nuestros recibos? La banca debe ajustar sus beneficios a un hecho incontrovertible: cualquier empresa o ciudadano ha de tener acceso al crédito, en tanto en cuanto son el principal activo del sistema financiero. La situación a la que nos quiere llevar la banca no es otra que a la de su nacionalización. El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha de estar a la altura de las circunstancias y obrar en consecuencia.

Caronte, según la mitología, era el barquero del Hades, encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte, siempre que tuvieran un óbolo para pagar el viaje. Por esta razón, en la Antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, hasta que Caronte accedía a portearlos sin cobrar. Los españoles no estamos por la labor de esperar cien años a que Botín acceda a darnos lo que, en rigor, es nuestro.

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