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Etiquetas:   Sociedad   Valores   -   Sección:   Opinión

La pérdida de valores en nuestra sociedad occidental

La inoperancia del llamado Primer Mundo va a ser la causa de su ruina
Manuel Villegas
lunes, 29 de febrero de 2016, 08:36 h (CET)
Nuestra milenaria civilización está asistiendo impávida y sin oponer resistencia a una revulsión perjudicial que, de forma acelerada, quiere destruir todo lo conseguido en estos más de dos mil años transcurridos en los que ha durado, más menos, el encuentro y entendimiento entre los distintos países que integran lo que se ha dado en llamar la Civilización de Occidente.

Aunque no podemos negar las innumerables guerras y conflictos habidos durante este largo periodo de tiempo que han desangrado a Europa casi hasta la extenuación, a pesar de ellos y los inmensos destrozos así como pérdidas de vidas causados, consideramos que sí estamos en condiciones de poder afirmar que siempre se han respetado unos principios y valores que han sido lo que podríamos llamar los pilares de nuestra civilización.: El honor, el respeto a los demás, la tolerancia, el esfuerzo, el sacrificio, y un largo etc. que han sido consideradas virtudes supremas que no se podían destruir. Hoy día son la diana contra la que todos disparan a fin de que nuestra sociedad quede hecha añicos, a poder ser, lo más pronto posible.

Podemos equiparar la situación en la que nos encontramos con la precedente a la caída y destrucción del Imperio romano, con la diferencia de que, por aquellos tiempos, los invasores eran foráneos y hoy día, aunque ciertamente estamos padeciendo lenta e inexorablemente infiltraciones de pueblos y culturas diferentes a la nuestra a la que no respetan y quieren subyugar imponiendo su cultura y su forma de vida, el verdadero ánimo de eliminación de nuestra milenaria forma de vida se encuentra entre los mismos europeos.

El enemigo, además de, como decimos, está llegando de fuera, también se encuentra a nuestro lado, viviendo junto a nosotros, compartiendo nuestras mismas actividades y trabajos.

Somos conscientes de que Europa ha estado impregnada de unos valores que le han ido aportando, desde los tiempos más remotos, las sucesivas oleadas de pueblos migratorios que se ha asentado en la misma y que cuajaron en la civilización grecorromana, así como en los principios cristianos y los que aportó la Ilustración y que, todos juntos, han empapado nuestra sociedad de un antropocentrismo, que respalda, avala y salvaguarda los derechos inalienables del hombre que deben de ser amparados por la Ley.

Precisamente sobre la Revolución francesa inspirada en los pensamientos de la Ilustración deseamos hacer algunas puntualizaciones.

Diríamos que el grito de guerra del mencionado movimiento fue: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Pues aunque parezca mentira esos conceptos que parecían novedosos y de nuevo cuño, ya hacía dieciocho siglos que los había enunciado, posiblemente el pensador que más huella ha dejado en la Historia, o sea, Jesucristo. No construyó ningún sistema filosófico, pero si dejo a la Humanidad el mejor legado de comprensión, tolerancia, amor hacia los demás y búsqueda de valores sublimes que jamás ésta haya podido recibir

Repetía con cierta asiduidad que la Verdad haría a los hombres libres. La Libertad de los revolucionarios franceses no sabemos si se basaba en la Verdad.

Al decir que todos los hombres somos hijos de Dios e iguales para Él, ya preconizaba la Igualdad universal, y con el mandamiento que nos dejo de que nos amásemos los unos a los otros como Él lo había hecho, o lo que es lo mismo, hasta morir por la persona amada, es el mayor grado de Fraternidad que se puede pedir, y esto lo están haciendo diariamente los misioneros y misioneras, avanzadilla del cristianismo, y todo aquél que diariamente se entrega a los demás en los centros sanitarios, comedores y lugares de acogimiento para los que no poseen nada, dirigidos por instituciones cristianas.

Como contrapartida tenemos lo que nos dice Francisco J. Contreras Peláez en su trabajo “¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo?”, sobre la nula evocación que se hace del cristianismo así en la Abortada Constitución Europea, como en el Tratado de Lisboa en los que se evita toda referencia al mismo.

Francisco Varo en su artículo “Constitución europea y raíces cristianas”, manifiesta que, según algunos la religión genera fundamentalismo. Esto es confundir la religión con el fanatismo, el primero lo podemos definir como la defensa de los fundamentos de una doctrina en toda su integridad o pureza, que viene a ser lo mismo que el fanatismo que sí es pernicioso en cualquier doctrina religiosa o corrientes de otro tipo.

Reconocer que uno de los pilares en los que se cimenta le civilización europea nada tiene que ver con el fundamentalismo ni el fanatismo, es simplemente darle el valor que se merece la aportación cristiana a nuestra cultura.

Negarlo es no admitir que las mayores manifestaciones del arte, expresadas en Miguel Ángel, Bach, y tantos otros artistas a lo largo de los siglos no han sido motivadas por el sentimiento cristiano, así como las grandes e inigualables obras de las catedrales y otros monumentos no han tenido su razón de ser en esta doctrina.

Quien reniega de su pasado, será abominado por los que le sucedan.

¿Acaso queremos que los nuevos valores que imperen en Europa sean la zoofilia que está extendida de tal manera en Noruega y Suecia y Dinamarca donde su ministro de Agricultura Dan Jorgensen ha dicho “He decidido que es el momento de prohibir el sexo con los animales”?

Los que defienden este movimiento posiblemente piensen que si el hombre, al fin y al cabo es un animal, que vuelva sus orígenes posiblemente no tiene tanta importancia.

También podría imponerse como nuevo pilar de la cultura europea la necrofilia o el incesto practicado entre hermanos, a partir de los 15 años que proponen las juventudes liberales noruegas.

El lodazal en el que se va hundiendo cada día más Europa también tiene su representación en España con la procesión del Santísimo Coño Insumiso que hizo escarnio de la Semana Santa, recorriendo las calles de Sevilla durante 2015 y están dispuestos sus organizadores a volverlo a llevar a cabo en 2016.

¡Pobre Europa! ¿A qué desastre te van a llevar?
Comentarios
Francisco Varo 29/feb/16    17:50 h.
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