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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

De cómo hacer que una consulta a la militancia sea siempre favorable

“La demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con la palabras mayores.” Abraham Lincoln
Miguel Massanet
lunes, 29 de febrero de 2016, 08:33 h (CET)
No es un invento exclusivo del señor Pedro Sánchez del PSOE, porque es un truco ya utilizado en numerosas ocasiones, cuando se le quiere dar un barniz de democracia a algo que puede que no esconda más que la expresión del interés personal de una persona ambiciosa, que precisa justificarse ante el resto de la sociedad y, en especial, de sus propios seguidores, para acometer una ventura política que se sale de lo razonable, de los dictados del sentido común o de lo verdaderamente ético y moral, para perderse en el laberinto del egoísmo, la afrenta personal, el interés partidista o lo que, generalmente, motiva los grandes errores de los políticos: el afán incontrolable de hacerse con los resortes del poder, aunque ello, en la mayoría de ocasiones, pueda significar ir en contra de los intereses de los ciudadanos o del progreso de un país.

¿Recuerdan ustedes lo que sucedió cuando los separatistas catalanes quisieron darle un cariz de plebiscito a las pasadas elecciones autonómicas del 27S del pasado 2015? Se prepararon a fondo, buscaron coaligarse entre sí para presentar una lista unitaria de todos aquellos partidos que tenían por fin conseguir la independencia de Cataluña de España y presentaron dichos comicios, no cómo lo que eran, unas simples elecciones autonómicas y municipales, sino como un truco para darle al pueblo catalán la oportunidad que les fue negada, en su simulacro de consulta del 9N del 2014, anulada por el TC; esperando que, utilizando la “astucia” del señor Mas, conseguirían por un método legal demostrar que, en Cataluña, una mayoría de sus habitantes deseaban separarse de España para constituir una nación independiente. Fracasaron en su intento, porque la suma de partidos nacionalistas sólo obtuvo un 47,8% mientras que los que votaron a formaciones constitucionalistas, defensores de la unidad de España, obtuvieron un 52,2%.

No obstante, los perdedores del grupo capitaneado por Mas y Junqueras no se dieron por vencidos y apelaron al recurso de los que no saben aceptar la derrota. Entonces se desdijeron y se refugiaron en el argumento de que habían sido los que más escaños habían conseguido en el Parlament catalán. Era cierto, pero tampoco consiguieron la mayoría absoluta, lo que les obligó a pasar por las Horcas caudinas de tener que someterse a las exigencias de la CUP para poder gozar de mayoría en el Parlamento. Sin embargo, lo que se había vendido a los ciudadanos era que aquellas elecciones ventilarían, por el número de votos y no el de escaños (sometidos a otros métodos de cálculo), algo que, sin duda alguna, arrojó un resultado evidentemente adverso a las pretensiones nacionalistas.

Nuevamente, los socialistas y el señor P.Sánchez, han recurrido a la martingala de intentar engañar a los españoles con la consulta que han llevado a cabo entre su gente, sin garantía legal alguna y a través de medios fácilmente alterables; cuando el resultado obtenido, entre los 189.167 militantes de su formación política, ha sido que sólo han acudido a votar un 51,7%, alrededor de unos 95.000, de los cuales han avalado la pregunta a la que fueron sometidos, un 78,97 de los votantes.; lo que supone que ni siquiera han apoyado el pacto con ciudadanos un 40% de todo el censo sometido a consulta. Por si fuera poco, incluso los que votaron lo hicieron respecto a una pregunta, absolutamente carente de la más mínima concreción, como es la que reproducimos seguidamente: ¿Respaldas el pacto para un gobierno progresista y reformista? ¿Si o no? Ni tan siquiera hicieron mención con quiénes pensaban llegar a dicho pacto ni en qué consistía verdaderamente el compromiso que adquirían los socialistas con su desconocido partenaire. ¿Un pacto para la investidura? O ¿Un pacto de gobierno? O ¿un pacto de dos partidos, de tres o de cuatro? Según la pregunta formulada, el apoyo que se les pedía a los militantes era polivalente, de modo que, su sí o su no, tanto servían para un acuerdo con diez partidos como con uno, siendo la única condición de fuera de carácter progresista y reformista. Queda por averiguar lo que significa progresista para cada votante y lo que se entiende por reformista y las posibilidades de que estas reformas pudieran llegar a materializarse si, en verdad, presuponían una modificación de la vigente Constitución de 1978.

Tanto el señor Rivera como el señor Sánchez dan por descontado que el PP acabará por ceder y les facilitará, tanto en el Parlamento como en el Senado, la posibilidad de que lleven a cabo una reforma constitucional inspirada en los programas de izquierdas sustentados por el PSOE o C,s. Se olvidan de una pequeña cuestión que deberían haber antepuesto a todos estos proyectos, que pueden acabar como el cuento de la lechera si, el PP, y no parece muy dispuesto a hacer lo contrario, decide, como ya han dicho, no apoyar en absoluto cualquier proyecto presentado en las Cortes, que pueda necesitar de la modificación de alguna parte de la Carta Magna. Y es que, la precisión de un apoyo de la mayoría absoluta del Senado, actualmente en su poder, para que pueda alterarse ni una sola coma de la Constitución, les impide a cualquiera de los partidos de la posible coalición, juntos o por separado, llevar a cabo las enmiendas necesarias para llevar a cabo la mayoría de las promesas que, con tanto desparpajo y falta de contención, se han permitido otorgarse, en su convencimiento de que son ellos los que tienen la sartén por el mango.

Resulta pueril, de una incoherencia supina y de una falta de sentido común rayana en la estupidez; ir de sobrados, despreciar al PP, un partido con el que los socialistas se han negado, una y otra vez, a tratar con él, mostrándose contrarios a cualquier clase de contacto o cesión con el partido de Rajoy, que les ganó casi de dos millones de votos y que obtuvo mas de 40 escaños de ventaja sobre el PSOE en las pasadas elecciones del 20D; y ahora pedirle, como intenta el señor Rivera con sus 40 escaños, que ceda, se humille delante de aquellos que han intrigado en su contra cuando, según las normas vigentes en todos los anteriores gobiernos, el que sacaba la mayoría era el partido que gobernaba. Lo cierto es que, sin la ayuda del PP o Podemos tanto el PSOE como C,s no suman los escaños precisos para tener la mayoría que les permitiría obtener la investidura. ¿Buscarán el apoyo de Podemos?, ¿les pedirán que se abstengan una vez que les han dado el esquinazo, cuando ya se estaba negociando un acuerdo?, ¿van a ceder el señor Iglesias y sus compañeros de partido, para que el señor Sánchez se salga con la suya, dejándolos a ellos en la cuneta? Todo es posible en política y no sería yo quien pusiera la mano al fuego para afirmar que esta posibilidad no vaya a ocurrir nunca. Pero no parece probable.

Claro que, tanto Podemos como Ciudadanos, se mostraron inflexibles cuando se trataba de la posibilidad de concurrir juntos para apoyar tanto al PP o como al PSOE. Si alguno lo hace es evidente que va a quedar por mentiroso y poco de fiar. Quedaría la posibilidad de que, si el PSOE renunciara al pacto con Ciudadanos y se inclinara por Podemos y los separatistas renunciaran a votar exigiendo el famoso derecho a decidir. Pero, ¡qué pasaría entonces con los barones del PSOE que fijaron las líneas rojas, precisamente basadas en la imposibilidad de que esto ocurriera?. Conclusión: una nuevas elecciones para junio de este 2016.

Si esto es así, ¿qué es lo que viene buscando el señor P.Sánchez con todo este entramado de actuaciones? Simplemente: promocionarse. El sabe que necesita hacerse conocer por los miembros de su partido, que tiene dentro de la directiva a personas que, en cualquier momento, aprovecharían un fallo suyo para buscar sustituirle y que, si ahora le apoyan, es porque saben que quedaría mal visto entre los votantes del partido que ahora, frente a la opción de que pudiera volver a gobernar el PP, obstaculizaran las posibilidades del secretario general de ir a la Moncloa. Pero, todo este juego de sinrazones tiene un precio, un alto precio que vamos a pagar los españoles y también España. En el plan del acuerdo obtenido entre Ciudadanos y el partido socialistas, existen propuestas que, evidentemente, no van a ser bien vistas desde Europa si es que se llegan a poner en marcha. Luego es falso que el pacto Ciudadanos PSOE sea bueno para España.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con honda preocupación como va corriendo el tiempo sin que se avance hacia el camino correcto, aquel que sería razonable y que permitiría que nuestras relaciones con inversores, con los bancos europeos y con el resto de la CE, se mantuvieran como en la actualidad, sin que, un brusco cambio de orientación de nuestra política hacia posiciones extremas, nos llevara a un, más que previsible, cataclismo económico y social.
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