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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El PSOE sabe que los animales no le votan

Julio Ortega Fraile
Redacción
jueves, 5 de febrero de 2009, 11:36 h (CET)
Y como lo sabe actúa en consecuencia. Si hablásemos de Ciudadanos el Partido Socialista es consciente de que aunque en determinadas elecciones unos cuantos no le apoyen, siempre cabe la posibilidad de convencerles por méritos propios o por desengaño con los otros Grupos y, que en futuros comicios, tal vez les otorguen el voto que en esa ocasión les negaron. Por eso y porque las personas pueden expresarse, protestar y denunciar, los políticos son ciertamente cautos a la hora de cometer desmanes que puedan afectar a seres humanos – bien es verdad que de éstos también son autores un día sí y otro también aunque nos los envuelvan en papel de regalo – pero muestran más prudencia, probablemente no tanto por su empatía con los problemas, sufrimientos o necesidades de la Sociedad, como por preparar el terreno para cosechar en el futuro el número de papeletas necesario para seguir en el Poder.

Pero nada de lo anterior es aplicable a los animales, me refiero a los no racionales. Estas criaturas son nuestros compañeros en este maltratado Planeta, con muchos de ellos nos cruzamos todos los días, los humanizamos e inventamos tiernas historias en las que son los protagonistas para contárselas a los niños y en no pocos casos, conviven con nosotros, son uno más en nuestro hogar. Son comunes, cercanos, son importantes pero... no son votantes. Esta circunstancia de cara a los gestores de la alta política los convierte en elementos inútiles, desechables, sin el menor peso y por supuesto, quedan excluidos de sus decisiones o mejor dicho, de su protección, porque en cuestiones de subvenciones a asuntos como la tauromaquia o festejos locales con maltrato animal incluido sí que los tienen muy en cuenta.

El PSOE hizo campaña en su momento y durante un breve periodo de alharacas, engatusamientos, promesas vacías y golpes de efecto los animales tuvieron su momento de gloria cuando, desde el Grupo Socialista, se incluyó en el Programa Electoral el siguiente compromiso: “Se elaborará una Ley Marco de Protección Animal. Asímismo se modificarán los artículos de Código Penal referidos al maltrato de los animales con el objetivo de facilitar la ejecución de las sentencias y el cumplimiento de las condenas”, que por supuesto, sería cumplido en el caso de resultar elegidos. Conviene recordar también cuando antes de las elecciones, Mona, una perra abandonada de El Refugio, se entrevistó con Cristina Narbona y ésta prometio la reforma que acabamos de citar; tal vez la ex Ministra sí estaba convencida de llevarla a cabo y quizás por eso también fue destituida de su cargo; bueno, por eso y por los ataques que sufrió por parte del colectivo de cazadores y del mundo de la tauromaquia; vamos, de aquellos para los que el respeto a los animales es un concepto que no entra en su acervo intelectual o moral y ante los que el Gobierno mostró miedo y/o complicidad.

Llegó el triunfo para el Sr. Zapatero y su Equipo y con él, también hizo acto de presencia el olvido, aunque tal vez debería de decir que se hicieron patentes el engaño, la hipocresía y porqué no, la cobardía. Esa Ley, tan necesaria y exigida por una buena parte de la Sociedad - la FAPAM (Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid), entrego al Gobierno el pasado Noviembre un millón trescientas mil firmas solicitando su creación – no sólo no se dictó, sino que ahora y una vez colgados en el perchero el pantalón vaquero, la chaqueta de pana y la careta del cartel electoral con la sonrisa de oreja a oreja, reconocen que no tienen intención de realizarla. Esta decisión la apoyan en el siguiente argumento: “los juristas no pueden dar el visto bueno a ese proyecto porque las competencias en esta materia son de las Comunidades Autónomas”. Llegados a este punto hasta el más cenutrio se hace la siguiente pregunta: “Y ese “detalle”, ¿lo desconocían cuando realizaron la promesa durante la campaña electoral?”. Mas allá de cuestiones formales la respuesta es una mezcla de cinismo y apatía hacia este problema; qué cara se nos quedaría si nos dicen que la violencia de género, el abuso de menores o los crímenes racistas, por poner algunos ejemplos, no pueden ser castigados como se merecen por la Ley porque es una atribución que escapa al Gobierno Central y depende de cada Región. Pues eso exactamente es lo que está ocurriendo con los animales: son abandonados, apaleados, quemados, mutilados, acuchillados, ahorcados, acribillados a balazos y hasta violados; son asesinados pero lo único que podemos hacer es resignarnos porque los mismos políticos que reforman la Ley cuando les conviene, dicen tener las manos atadas en este tema. Cada día comprendo mejor porqué el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, no hace mucho llamó tontos a los que estaban en contra de las corridas de toros; lo hizo porque realmente están convencidos de que lo somos.

La política es un negocio, sobre todo en lo que se refiere a las dos grandes formaciones que se turnan escaños azules y prebendas cada cierto tiempo; lo tienen perfectamente organizado para que así sea y que ningún otro pueda entrar en esa partida de dos. Pocos dudan que compran el Poder a base de ofrecer un futuro espléndido y con ello, embaucan sobre todo a los más desfavorecidos; pero una vez logrado su objetivo, los miserables continúan presos de su condición y los realmente beneficiados son los de siempre: los propietarios de las herramientas que permiten a los políticos afianzar su poltrona y asegurarse un futuro suntuoso cuando ya no ostenten un cargo público. Dentro de este comercio siniestro, falso e injusto no tienen la menor cabida los animales. Un perro golpeado con una barra de acero hasta morir, un zorro atrapado en un lazo puesto por un cazador, un visón de la industria peletera con un electrodo en su ano o un toro ahogándose en su propia sangre, no son estampas que conmuevan a estos “mitineros”; saben que por más que legislen para impedir que todos esos seres sean víctimas de atrocidades todavía legales, o aunque castiguen como se merece al que les cause daño o la muerte incurriendo en delito, nada de eso va a contribuir a que se perpetúen en el Poder o a incrementar su patrimonio. Son conscientes de que un animal, por mucho que le hayan salvado la vida, no va a acudir el día de las elecciones con la papeleta de su Partido para depositarla en la urna. Iba a decir que ni tan siquiera se lo iba a agradecer pero estaría mintiendo; creo que muchos sabemos hasta qué punto puede llegar la gratitud de un can rescatado de una perrera o de las manos de algún salvaje, hay que vivirlo para comprenderlo porque con palabras no es fácil expresar lo que transmiten sus ojos cuando se ve protegido, a salvo en un hogar donde le respetan y cuidan después de haber conocido el sufrimiento día tras día y esperar tan solo su ejecución más o menos dolorosa.

Señores del Partido Socialista, yo también me lo creí cuando prometieron elaborar esa Ley de Protección Animal; me sentí satisfecho y esperanzado y aunque sabía que quedaba mucho por hacer, lo consideraba un punto de partida fundamental para equipararnos al respeto y amparo legal del que disfrutan en otros países. Pensé que un Gobierno con la sensibilidad, valentía y dignidad para dar tal paso sería capaz de seguir trabajando en ese sentido y que sólo era cuestión de tiempo que brutalidades como las corridas de toros, el Toro de Coria, el Alanceado de Tordesillas, las granjas peleteras, la caza, los circos con animales o las explotaciones intensivas de gallinas, por citar algunas, acabarían desapareciendo y con ellas, la tortura espantosa y prolongada de tanto ser vivo con capacidad para sentir. Me equivoqué, fui un iluso, me dejé engañar y hoy, consciente de la aspereza y de la doblez de su conducta, me siento asqueado y avergonzado de vivir en un País en el que el maltrato a los animales es una simple falta y no siempre, porque a menudo forma parte de actividades permitidas y subvencionadas, con amplia difusión en los medios, para las que hay escuelas, que organizan conferencias, que practican o a las que son aficionados incondicionales ciertos personajes muy “ilustres” y cuyos autores forman parte de lo más granado de la Sociedad, son fenómenos de masas e incluso, en algún caso, reciben la Medalla al Mérito en las Bellas Artes.

No me extraña que todos los días, todos, nos lleguen noticias de perros martirizados o de gatos torturados; así es y así seguirá siendo, porque los que cometen tales actos están seguros de que nada les va a pasar, a lo sumo una multa de unos pocos euros si son detenidos, juzgados y condenados, algo que no suele ocurrir. Ellos, los maltratadores, saben que a Vds. les trae sin cuidado el padecimiento o la muerte de un animal y por eso casi siempre reinciden. Pero no se preocupen, que aunque diariamente cientos de criaturas sean asesinadas Ustedes no van a perder apoyo electoral por su parte, porque los animales no pueden votar. Por la de las personas a las que nos repugnan esos crímenes – da igual que a veces no tengan tal consideración, lo siguen siendo – van restando votos poco a poco porque no se puede depositar la confianza en quien demuestra ser un mentiroso consciente; parece que esta disminución no la consideran importante, pero les invito a que echen un vistazo a la suma de papeletas que reúnen Formaciones Animalistas y Ecologistas que se presentan a las elecciones, para que reflexionen sobre las consecuencias de su desprecio hacia las formas de vida no humanas.

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